Perspectiva Global

Clase media aspiracionista, ¿egoísta?

Los clasemedieros saben que no viven en un país de primer mundo y que hay que ver de qué manera apoyan a las clases más vulnerables, mucho más allá de una limosna.

La semana pasada, en la conferencia matutina del viernes, el presidente López Obrador dijo: “…pero un integrante de clase media media, media alta, incluso, con licenciatura, con maestría, con doctorado, no, está muy difícil de convencer, es el lector del Reforma, ese es para decirle: Siga usted su camino, va a usted muy bien, porque es una actitud aspiracionista, es triunfar a toda costa, salir adelante, muy egoísta. Ah, eso sí, van a la iglesia todos los domingos, o a los templos, y confiesan y comulgan para dejar el marcador en cero y luego el domingo, de nuevo lo mismo”. Desafortunadamente, en la conferencia matutina de ayer arremetió comentando que esa clase “aspiracionista, individualista y sin escrúpulos morales que son partidarios de ‘el que no transa no avanza’”.

Yo respeto la investidura presidencial como mexicano que ama la democracia y que sabe que la mayoría de los mexicanos votaron por él. No obstante lo anterior, yo espero de un presidente que no gobierne solo para los que votaron por él, sino para todos los mexicanos. En lo personal, me sentí aludido por ese comentario tan despectivo, deleznable y desafortunado. La gran mayoría de los considerados o autoconsiderados ‘clasemedieros’ en México son empleados que pagan impuestos y que en su mayoría son cautivos fiscalmente hablando. Son personas ‘modelo’ en cuanto a ciudadanía, civilidad, cumplimiento de las leyes, pago de impuestos, trabajo duro y servicio a la comunidad. Justo por lo que estoy comentando, considero que son los que menos están de acuerdo con la frase “el que no transa, no avanza”.

He escrito anteriormente sobre las características de la clase media en nuestro país (“La clase media en México”, Parte 1: 17 de noviembre, 2015; y Parte 2: 24 de noviembre, 2015). No voy a hablar de la importancia de la clase media en la economía de un país, ni de ‘la mano invisible’ de Adam Smith, en donde si todos los individuos buscan su bien personal −respetando las leyes y sin pasar encima de los demás−, logran el bien común. Tampoco voy a hablar de los cientos de frases que relacionan la satisfacción personal con el trabajo, como la de Zig Ziglar: “Ser productivo da a la gente una sensación de satisfacción y plenitud que la holgazanería nunca puede”. En México, los clasemedieros saben que no viven en un país de primer mundo y que hay que ver de qué manera apoyan a las clases más vulnerables, mucho más allá de una limosna. En muchas ocasiones solo pueden apoyar a las personas vulnerables con hacerles pasar un momento menos desagradable del que están viviendo. Sin embargo, veo que la mayoría de los clasemedieros ejercen su derecho de voto de manera informada, analizando los diferentes candidatos a puestos de elección popular con el fin de lograr lo mejor para México, como nación, no solo para ellos. De hecho, considero que Andrés Manuel López Obrador no hubiera podido ganar la elección presidencial −máxime con las mayorías que obtuvo Morena en ambas cámaras legislativas−, si no hubiera habido un ferviente deseo de cambio en nuestro país de parte de la clase media, para mitigar la terrible desigualdad, pobreza, corrupción e impunidad en la que vivimos.

Asimismo, veo clasemedieros que no solo se conforman con trabajar y ejercer su voto de manera informada o con deseo de cambio. Veo muchos mexicanos de todas las clases sociales y en todos los niveles económicos que se organizan para ayudar y apoyar a otros mexicanos cuando lo necesitan y en donde la clase media participa activamente. Yo veo personas que han tenido algún accidente grave, alguna enfermedad terminal o que han sufrido las consecuencias de un terremoto, huracán o inundación, que piden ayuda y la gente de clase media coopera de manera significativa. Veo muchas personas de clase media que dedican parte de sus vacaciones a ir a alguna comunidad vulnerable a construir una casa para una familia que no tiene. Veo clasemedieros que dedican algunos fines de semana de manera desinteresada a visitar asilos de personas de la tercera edad u orfanatorios, dedicando tiempo para cuidarlos y llevan algunos artículos que necesitan, como juguetes para los niños.

Veo muchos clasemedieros que dan una donación mensual para becar a estudiantes de bajos recursos. Veo familias que compran una gran cantidad de cobijas para regalarlas a los más necesitados en vísperas de la Navidad. Veo una gran cantidad de familias de clase media que compran año con año tarjetas navideñas de ‘Pintores Sin Manos’ que además de ser verdaderas obras de arte, apoyan a que una comunidad vea su utilidad en la sociedad, a pesar de sus discapacidades. Veo muchos empleados del gobierno −en sus diferentes instancias−, que justo forman parte muy importante de la clase media, que han estudiado, trabajan muy duro y que son excelentes funcionarios públicos. Veo muchas personas que son ejemplo de que se puede salir adelante a pesar de todo, si uno estudia, trabaja, busca oportunidades y ayuda al prójimo.

¿Es suficiente? Claro que no. Nuestro país necesita mucho más. Pero yo no veo ese egoísmo del que habla el Presidente, en donde una mayoría ‘se cura en salud’ los domingos visitando los templos religiosos. Para ser sincero, no sé a qué tipo de personas se refiere. Tal vez existan, pero en mi experiencia son los menos.

* El autor es director general adjunto de Análisis Económico, Relación con Inversionistas y Sustentabilidad de Grupo Financiero Banorte, presidente del Comité Nacional de Estudios Económicos del IMEF y miembro del Comité de Fechado de Ciclos de la Economía Mexicana.

* Las opiniones que se expresan en esta columna son a título personal.

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