Francisco Javier Acuña

Vacunación y la salud republicana

La república puede tener ‘buen semblante’, pero con transparencia se podría constatar si a pesar de la buena cara sufre de mala circulación o arritmia o males respiratorios.

La salud republicana no ocurre por decreto constitucional, resulta de la permanente ecuación democrática y se confirma por sus indicadores: el pulso de la legalidad que avisa el ritmo cardiaco de la autoridad en cuanto al ejercicio del mandato público y la combinación de factores con la respiración y los niveles de oxígeno de la población (las libertades públicas).

La república puede tener ‘buen semblante’, pero con transparencia se podría constatar si a pesar de la buena cara sufre de mala circulación o arritmia o males respiratorios.

Las anomalías que interrumpen o interfieren en la salud de una democracia (entendida como fórmula de convivencia efectiva) pueden equipararse con los cuadros clínicos que aquejan a los seres humanos. En saludable metáfora cabe hablar de la salud republicana y eso es mucho más que la salubridad pública. Así las cosas, para que haya democracia el Estado debe garantizar condiciones óptimas de salud pública y para eso requiere poner en función al sector salud integral del país, naturalmente, al sector público: los médicos y hospitales del gobierno; pero, dado que el Estado es incapaz de garantizar la cobertura integral de la salubridad, desde hace mucho involucra a particulares mediante la habilitación (autorización o concesión ) y les convoca a coincidir para resolver la salubridad general en tiempo ordinario.

A partir del 31 de marzo de 2020 fue decretada la emergencia sanitaria y continúa la tragedia nacional por el Covid-19, cifras escalofriantes de defunciones e interrogantes a la estrategia desde la Secretaría de Salud.

Imposible omitir el enorme esfuerzo que han hecho los médicos y los servidores públicos adscritos a la salud pública durante un año aciago. Con valor, entrega y estoicismo del cuerpo médico, los servicios de enfermería y laboratorios; camilleros y asistentes administrativos, y además los servidores de limpieza y crematorios del gobierno federal. Nadie puede desconocer el ánimo solidario de los directivos del IMSS, ISSSTE y tantas otras instituciones científicas como el Instituto Nacional de Medicina Genómica.

Como parte de la emergencia sanitaria hubo que requerir mayor auxilio a la causa común contra el Covid-19 de parte de los servicios privados de salud. Cuando hablamos del sector privado de la salud aparecen los más afamados hospitales y el elenco de sus especialistas mundialmente reconocidos. Sin embargo, ‘la familia de la bata blanca’ se compone también por los miles y miles de médicos privados y sus asistentes y los médicos que atienden en los consultorios económicos en los que han prescrito y salvado la vida a millones de mexicanos y han sido uno de los gremios más castigados por el Covid-19. México es de los países con más pérdidas humanas del personal sanitario.

Desde hace unas semanas y en medio de no poca expectación por la ansiada aplicación de las vacunas a población abierta, se ha ido desarrollando la atención a grupos prioritarios como los adultos mayores. También los médicos del sector salud han recibido la primera fase de inmunización, pero no así los del sector privado y eso reclama una rectificación. Espero que la sensibilidad política responda a una urgencia que va más allá del humanismo, es un deber público respaldar a los agentes del sector privado, ellos han evitado el colapso de nosocomios públicos y privados. Todos ellos están en la primera línea de riesgo y también padecen comorbilidades.

El autor es comisionado del INAI.

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