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Los símbolos y la fuerza

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Los símbolos y la fuerza

26/10/2020
Actualización 26/10/2020 - 16:10

Podemos pensar que todo va a salir bien: que se controlará la pandemia y la economía comenzará a crecer, que la inseguridad disminuirá por fin, que Pemex dejará de perder dinero y que los medios reconocerán las virtudes del gobierno.

También podemos prever el peor de los casos imaginables. La pandemia por Covid-19 se agrava con la influenza, lo que hará necesario un nuevo y más riguroso encierro; la economía –sostenida por alfileres– se desfondará ante la mirada indiferente del gobierno; la inseguridad se disparará, a la violencia de los cárteles se le sumarán asaltos y secuestros de desempleados. Pemex perderá por fin su grado de inversión y se desplomará la deuda soberana del país. Comenzará la censura en la prensa y el cierre de medios. El presidente interpretará el sentir del pueblo y decidirá, por encima de la Constitución, que necesita otros seis años para recoger “el cochinero que le dejaron los neoliberales”.

Sol y sombra. La mayoría del país apoya al presidente dos años después de haberlo elegido. La pandemia va mal pero en Estados Unidos y en Europa no lo están haciendo mucho mejor. La economía registra una fuerte caída pero no se ha resentido el consumo ni tampoco se advierten signos de crispasión social como en las crisis económicas de 1995 y 2008. La seguridad pública es un desastre pero ya se va Alfonso Durazo y el que lo sustituya difícilmente podrá ser peor. En cuanto a Pemex, le van a invertir tal cantidad de dinero –en detrimento de muchas áreas importantes para la sociedad– que quizá logre sobrevivir otros años y con ello México conserve su grado de inversión.

Lo que no va a suceder: la transformación histórica que anunció López Obrador (a la que ostentosamente llamó cuarta transformación) no se va a cumplir en este sexenio. Sus dos ejes: corrupción y combate a la pobreza se quedarán en (otra, una nueva, una más) promesa incumplida de político en campaña. Indicadores nacionales e internacionales muestran una sociedad y un gobierno ascendiendo en los niveles de corrupción. Los símbolos que eligieron para mostrar el despilfarro (Los Pinos, el avión presidencial, las escoltas ostentosas) quedaron en ridículo. Bartlett, el hermano incómodo, la cuñada incómoda, la secretaria Sandoval, son símbolos de que la corrupción sigue impune, a los máximos niveles de gobierno. El juicio de Lozoya quedó varado en las arenas sucias de Pío López Obrador y no parece que vaya a moverse de ahí. El juicio a los expresidentes es sólo una mala broma avalada por la Suprema Corte. Lo más probable es que los casos de corrupción continúen aflorando.

La pobreza seguirá aumentando sin remedio. Este año se agregarán por lo menos diez millones de nuevos pobres. El presidente prometió la creación de dos millones de empleos antes de finalizar el año. No lleva ni el 20 por ciento y falta poco para terminar el aciago 2020. La pobreza se agravará y no habrá dinero para ampliar el manto protector de los apoyos directos a la gente. Se aumentó el salario mínimo: victoria pírrica ante los millones de personas que quedaron sin empleo. “Si tienen que quebrar, que quiebren”, dijo el presidente en mayo, sin considerar que si las empresas quiebran las personas se quedan sin trabajo.

De la cuatro té quedará sólo el gesto y la fuerza. El uso descarado de la historia y los símbolos. Las fiestas patrioteras, las estampas nacionalistas, los desfiles que se puedan, el águila y la serpiente a todo lo que da. El viaje desesperado por Europa para que nos presten reliquias mayas y aztecas. Sigue el presidente en esto (previsiblemente) el guion de los liberales del siglo XIX. Ante una situación compleja, se critica a los españoles y se traza un puente imaginario con el mundo prehispánico. Ante la falta de dinero, los símbolos y la propaganda, el intento de apelar a básicos sentimientos nacionalistas y populares. Se trata de una apuesta de alto riesgo: conocemos qué sangrientos finales tuvieron los gobiernos de exaltación nacionalista. ¿Y el cardenismo? Cárdenas comprendió las limitaciones de su modelo, hizo fraude a gran escala y entregó el poder a alguien de visión ideológicamente opuesta.

Queda la fuerza. En abril pasado la Secretaría de la Defensa Nacional habría hecho una gran compra de materiales antimotines, como balas de goma y gas lacrimógeno, según informó Latinus. El gobierno sigue insistiendo en empalmar la consulta con las elecciones, lo que sin duda incrementará la tensión en torno a los comicios. López Obrador cree que la polarización es positiva, él le llama politización.

Economía sin signos sólidos de recuperación, un ambiente político crispado, una nueva administración estadounidense, una pandemia agravada, la reelección de diputados y la tensión que esto provocará en los aspirantes, son sin duda elementos de preocupación. La historia no tiene guion. El azar juega un papel no menos importante que los factores que he nombrado. La rueda de la fortuna seguirá su curso y lo que está arriba bien puede comenzar su descenso.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.