Leer es poder

Complot mundial

Todos aliados para impedir que los buenos sigan ayudando al pueblo. Un vasto complot mundial de los ‘malos de malolandia’ contra el pobre de López Obrador y su candidata.

El poderoso atractivo de las teorías de la conspiración radica en que reducen la compleja maquinaria del mundo a una solución simple y brutal.

Las teorías de la conspiración seducen porque evitan pensar. La culpa es de un gran malvado. O de un pequeño grupo de malvados. O de los miembros de una religión malvada.

La complejidad multifactorial de los problemas queda resuelta al señalar a un solo responsable del mal. La culpa es de Carlos Salinas de Gortari. O bien, “la mafia del poder”. Ellos representan el Mal que quiere oponerse al Bien. Esta dicotomía reduce la enorme paleta del mundo a dos colores, blanco o negro, donde unos representan lo bueno, representan al Pueblo y los otros al Mal. De esta forma los buenos intentan disculpar sus grandes errores.

Las explicaciones, entre más simples, más seducen a millones. En nuestros días la culpa de todo la tiene Claudio X. González. O Enrique Krauze, que comanda un grupo de intelectuales al servicio del Mal. Entre más elemental, la explicación más resulta atractiva. “Te ahorro la tarea de pensar: se trata de un complot”. Las explicaciones más infantiles cobran en nuestros días carta de naturalidad. “Hay malos de malolandia, eso sí, pero no es así la mayoría de nuestro pueblo, es bueno, no tiene malas entrañas”, dice López Obrador para justificar que su gobierno no pueda surtir las recetas de los niños con cáncer (Infobae, 15.Oct.20).

La teoría del complot ha sido un recurso muy socorrido en la política mexicana. Recurrió a él Gustavo Díaz Ordaz para explicar las manifestaciones de estudiantes en 1968: se trataba de una conjura internacional contra su gobierno. Los componentes esenciales del complot son el narcisismo (“todo lo hago bien, si las cosas salen mal es culpa de Ellos”), la paranoia (“todos unidos contra mí, contra mi gobierno”) y el miedo (que acepta las explicaciones más delirantes para tratar de entender la realidad, siempre compleja).

Desde muy temprano López Obrador usó y comprobó la eficacia política del complot. Cuando era jefe de Gobierno de la Ciudad de México, sorprendieron a sus principales operadores políticos (René Bejarano, Ramón Sosamontes, Carlos Ímaz) recibiendo enormes sumas de dinero. Para López Obrador no se trató de un acto flagrante de corrupción sino de un complot. El problema no era que su gobierno fuera corrupto, sino las acciones perversas del Gran Corruptor —Salinas de Gortari— que hizo tropezar a sus muchachos. (Nota al paso: Claudia Sheinbaum, esposa entonces de Ímaz, fue beneficiaria de esa corrupción, viajó con su familia a Europa con ese dinero, sin que hasta la fecha haya podido explicarlo).

¿El intento de desaforarlo por violar repetidamente la ley? Un complot. ¿Las protestas de algunos generales derivadas de su decisión de liberar a Ovidio Guzmán en 2020? Un complot de militares que fraguaban un golpe de Estado, a los que apaciguó no con cañonazos de 50 mil pesos, como Álvaro Obregón, sino con jugosos contratos de obras públicas. ¿El cierre de filas de los partidos de oposición de cara a las elecciones? Un complot de la derecha para debilitar a su gobierno y revocar su mandato en 2022. ¿Un choque de dos vagones del Metro, por falta de mantenimiento del gobierno de Sheinbaum, que provocó la muerte de un joven y numerosos heridos? Un sabotaje. Ridícula explicación que condujo a López Obrador a la vigilancia militar del Metro y que solo arrojó la detención de una señora a la que se le cayeron unas aspas de lavadora en las vías del Metro. Cualquier cosa cabe dentro del esquema del complot, por más delirante que sea.

En estos días se ha vuelto a recurrir a este recurso. La desmesura no conoce límites. Ahora resulta que Claudio X González, como cabeza del Eje del Mal, es capaz de influir en los medios más prestigiosos del mundo (The New York Times, The Economist, The Financial Times, The Washington Post) para atacar a su gobierno. En este nuevo complot estarían participando los gobiernos de Estados Unidos y Canadá. Todos Unidos contra AMLO. El complot abarca ahora al mundo entero.

Sabina Berman, haciéndose eco del complot, para explicar que más de cien mil personas corearan en el Zócalo “narcopresidente”, afirma que todo apunta “a un comité pequeño, 3 o 4 personas, que coordinan las acciones de desinformación y disponen de abundante $ y conexiones”. ¿No aprendió nada de los efectos perversos de Los protocolos de los sabios de Sion y sus nefastas consecuencias?

Si la distancia entre la candidata oficial y Xóchitl Gálvez se acorta, el delirio, me temo, alcanzará niveles nunca vistos. El complot involucrará a la DEA, a la CIA, al M16 británico, el Mossad, a los chinos y a los rusos.

Todos aliados para impedir que los Buenos sigan ayudando al Pueblo. Un vasto complot mundial de los “malos de malolandia” contra el pobre de AMLO y su candidata. No debemos olvidar que el delirio conspiracionista condujo a los nazis al exterminio de millones de personas. Los actos públicos tienen siempre consecuencias. La locura del complot no es graciosa. Ese delirio entraña riesgos. La irracionalidad es peligrosa.

COLUMNAS ANTERIORES

Las virtudes de la alternancia
Popularidad espuria

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.