Leer es poder

Alto a la intervención extranjera

Según se desprende de la actuación de López Obrador, él tiene derecho de intervenir en los procesos electorales de EU, pero ese país no puede hacerlo en los asuntos de México.

El presidente ha dicho, luego de que algunos medios publicaron que el gobierno de Estados Unidos lo investigó por recibir dinero del narcotráfico para sus campañas de 2006 y 2018, que se trata de un acto indebido de injerencia extranjera.

Ningún gobierno de un país tiene derecho de intervenir en los asuntos de otra nación, menos aún en tiempos electorales.

En 2016, en la campaña por la presidencia de Estados Unidos, el gobierno ruso intervino en el proceso electoral: difundió calumnias sobre Hillary Clinton, hackeó su computadora, para apoyar la candidatura de Donald Trump.

En nuestro país, luego de que se difundió que agencias norteamericanas lo investigaron, el presidente afirmó: “Nosotros no permitimos la injerencia de ningún gobierno extranjero en nuestro país, México es un país independiente, libre, soberano”.

La hipocresía caracteriza la actuación del presidente López Obrador.

En 2020, en plena campaña electoral norteamericana, López Obrador viajó a Washington para firmar la conclusión de las negociaciones del T-MEC y aplaudir en la Casa Blanca a Donald Trump. Justin Trudeau, que también estaba invitado a ese acto, rechazó asistir por tratarse de un evidente acto de apoyo a la reelección de Trump. Los aplausos de López Obrador tenían el fin de influir en los votantes de origen mexicano en los Estados Unidos.

En las últimas semanas, López Obrador ha pedido a los mexicanos en Estados Unidos que no voten por políticos que estén “en contra de México” después de que el gobernador de Florida, Ron DeSantis, anunció el envío de elementos de la Guardia Nacional a Texas. Un acto de abierto injerencismo en las elecciones de aquel país.

Brian Nichols, subsecretario de Estado para Asuntos Hemisféricos, comentó las declaraciones del presidente mexicano: “así como respetamos la soberanía de México, pedimos que el presidente López Obrador respete la soberanía estadounidense”.

Según se desprende de la actuación de López Obrador, él tiene derecho de intervenir en los procesos electorales de Estados Unidos, pero ese país no tiene derecho de intervenir en los asuntos de México. ¿Con qué cara López Obrador exige lo que él mismo no cumple?

El gobierno de López Obrador permite que actúen desde México un grupo numeroso de agentes rusos (el mayor número de agentes rusos en cualquier país del mundo) para espiar desde aquí al gobierno de Estados Unidos. Esa forma de injerencia le parece correcta a López Obrador. Pero a él no le gusta que lo investiguen y que revelen los vínculos de sus allegados y de sus familiares con grupos del narcotráfico. Eso sí es inaceptable.

Esa conducta tiene nombre: hipocresía.

“Si yo lo hago es correcto, si otros me lo hacen está mal.” Esta es la lógica presidencial. Como candidato protestó en contra de que Vicente Fox interviniera en el proceso electoral. Ya como presidente ha intervenido en el proceso electoral de una forma más artera y directa que la de Fox, que pedía “cambiar de jinete pero no de caballo”. “¡Cállate, chachalaca!”, le exigió López Obrador a Fox. “¡Cállate, chachalaca!”, se le debe decir a López Obrador, ahora que decidió expresar por fin lo que todo el mundo sabía: que él está por encima de las leyes. Porque él tiene “autoridad moral”. Todo aquel que deseé conocer en qué basa esa supuesta autoridad moral puede leer con provecho El rey del cash, de Elena Chávez.

El modus operandi de López Obrador está expuesto en este libro. Él no se involucra en la negociación ni en la recepción de dinero sucio. Manda a gente muy cercana a él (que incluye a sus hermanos y a sus hijos) a que reciban las maletas de dinero, los sobres amarillos, los fajos de billetes atados con ligas. No se trata de una sospecha: todos hemos visto los videos. Por eso resultan creíbles las investigaciones de las agencias norteamericanas sobre el dinero del narco en sus campañas. Porque sabemos cómo opera. Sabemos también qué sigue luego de que estas operaciones son puestas en evidencia: la negación, el rollo de la superioridad moral, las acusaciones de que es indebido que hagan con él lo mismo que él hace a los otros.

Antes, los gobiernos del PRI utilizaban la carta cubana para presionar y chantajear a Estados Unidos. Peña Nieto intentó abrirse a China como una forma de tener un elemento de presión ante los Estados Unidos, lo intentó y así le fue. Durante todo su gobierno López ha presionado y chantajeado al gobierno norteamericano con el tema migratorio. Utiliza ahora mismo ese factor para presionar al gobierno de Biden, que busca su reelección. Estados Unidos ha sido muy claro: las investigaciones sobre López Obrador están cerradas. Lo que no significa que no puedan abrirse más adelante.

El presidente sueña con que desde ‘La chingada’ continuará gobernando a través de Claudia Sheinbaum, pero quizá su destino sea otro: una cárcel en Nueva York o un refugio en La Habana.

COLUMNAS ANTERIORES

Las virtudes de la alternancia
Popularidad espuria

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.