Fernando Curiel

Pasado (in)mediato

El disparo de salida de las elecciones 2021, me empujó a la relectura, entre curiosa y morbosa de mi ‘Diario taxqueño’, dice Fernando Curiel.

Uno. El disparo de salida de las elecciones 2021, me empujó a la relectura, entre curiosa y morbosa de mi Diario taxqueño (18 a 31 de diciembre de 2017), dedicado a tres figuras a mis inicios fundamentales, mi madre y su segundo esposo, y una amiga norteamericana que heredaré.  En perspectiva, por más que nos esforzáramos en malos augurios, el bandidaje marca Peña Nieto, impedía imaginar el reino de la Peste que nos tiene hoy por hoy acogotados. Tampoco el papasal comicial que se nos vendría encima. Me detengo en las primicias del diario. Que rezan.

Dos. “En la Ciudad de México, queda definido el dramatis personae de la farsa electoral del 2018. Juego de máscaras que hubiera hecho las delicias del antropólogo político Octavio Paz Lozano”.

Tres. “El PRI, el personaje más viejo si nos remontamos a su abuelo, con la máscara de un Sin partido. El PAN, lo que queda (nada) del arrebato místico de 1939, con la máscara del PRD. Este último, desdoblamiento, del PCM legalizado, de la Corriente Democrática del PRI y del PSUM, con la máscara del PAN.Y el bisoño MORENA, por su parte, con una máscara Jano, vaya, dos caras, la del PRI y la del PRD (y, a última hora, ornada la cabeza con un aura evangélica, “Resplandor”). No soy lo que parezco, ni siquiera soy”.

Cinco. “Uno o dos actores de relleno, disque independientes, se unirán a la obra. Toque ‘ciudadano’ en medio del fracaso del Sistema de Representación sacado de la chistera de don Jesús Reyes Heroles en 1977 (léase LOPPE)”.

Seis. “Acto de prestidigitación al que no tardaron en aplaudir a rabiar numerosos académicos, cuyos posgrados hacían suponer malicia, perspicacia, sobre lo que escondía el “regalazo” del Poder. Ni que fuéramos España ‘petateado’ ya el Generalísimo Franco, clase política peninsular que apuesta de corazón a la Alternancia y a la Transición (no que aquí…). Y, tantos fueron los incautos, que acabaron por agruparse como Intelectuales Orgánicos de la Reforma Política. Luego vendría el asco, el desencanto, la composición de réquiems. ‘Fuchi’ ‘¿Quién iba imaginarse?’ ‘¡Ay, qué horror!’”.

Siete. “De la voz Farsa (seguí anotando), me quedo con las acepciones. 2. Compañía de farsantes. 3. Obra dramática desarreglada, chabacana y grotesca. 4. Enredo, trama o tramoya para aparentar entretener. Bien. A la electoral ‘espotización idiota’ que ya nos llueve, le viene lo de ‘desarreglada’, ‘chabacana’, ‘grotesca’. Dígame usted si miento a sabiendas. Nomás escúchela/vélala. Ni a cuál escoger”.

Ocho. Y, en vista de que, en vez de paliarse, crecía la muina contra el tecnócrata salinismo (en los extremos De la Madrid y Zedillo), los primitivos doce años del panismo, y la desvergüenza bandolera del régimen saliente; de que las preferencias se inclinaban del lado de MORENA; sugerí la conveniencia de una candidatura única de todos los partidos, para ahorrar el desenfrenado gasto electoral.

Nueve. Ni por aquí me pasó, aquel final de 2017, las machincuepas, que se darían en el circo del Legislativo; ni que, a Porfirio Muñoz Ledo, aún nimbado con el aura de progresista disidente, lo arrojarían por la borda como se arroja el lastre.

Diez. En la página 75 doy con esta entrada: “Yo estaba en Taxco, distante media hora de Iguala, aquel 26/VIII/2014. Me asombró, en los paliques del día siguiente, la precisión vox populi sobre personajes y circunstancias que desembocaron en la desaparición en masa de 43 normalistas”. 11 preguntas saltaron como saltan las liebres. Me limito a traer a cuento, la primera.

Once. “¿Más que el affaire Casa Blanca, más aún que la impunidad alrededor del Crimen del Paso Exprés de Cuernavaca, los hechos atroces del 26 de septiembre de 2014, tanto como el calculado laberinto en que se inscribe su ‘investigación’, marcarán en el futuro el legado tenebroso de Peña Nieto?”. La respuesta, fue, regalada, sí.

Doce. No obstante, la obviedad, proseguí con el examen. Un conjunto de apartados, cuatro, encuentro además en el diario de marras. Uno, dedicado al fracaso urbanístico, turístico, legendario, de Taxco, Guerrero Mártir, mi pueblo de adopción; mirada inocente, al cotejársele con la actual situación pandémica: lutos, turismo en grado cero, calles fantasmales.

Trece. Otro, ocupado en el estamento, vanguardia de la clase media al que, aunque retobe, pertenezco: el intelectual. Mirada no menos inocente a la luz de las arremetidas de que es blanco desde el máximo poder. Sin que quede en pie frente alguno: “kaput” al FONCA y al CONACULTA; desmantelamiento de la Secretaría de Cultura; CONACYT-Partido.

Catorce. Y mientras el tercer apartado la toma con las posibilidades e imposibilidades de mi propio pasado, en el postrero ajusto cuentas con uno de mis ídolos prehistóricos, Elvis “Pelvis” Presley (“El cerdo de Menphis”, llámase el texto).

Quince. Falto de imaginación me vi, en 2017, respecto a lo que prometía 2021. Una Peste, imparable, que ya lleva cobradas más de 200,000 vidas mexicanas. Una Presidencia de la República que no pierde, así se sulfure el INE, y se complazca el TRIFE, el vuelo electorero. Un partido mayoritario en trance caníbal. Una oposición junta y revuelta, pero sin brújula. Un electorado que cede su lugar al Pueblo, y éste, a bots y trolls. Dios no agarre confesados.

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