La Comisión Federal de Competencia Económica, el Consejo Nacional para la Evaluación de la Política Social y muchos otros organismos autónomos han desaparecido en México recientemente. Sus funciones han sido trasladadas al gobierno federal o a nuevas instituciones con menos autonomía. Esto ha afectado la credibilidad relacionada con dichas funciones. Podríamos preocuparnos de que instituciones con mayor importancia para la economía como Banco de México pudieran, también, perder su autonomía. Desgraciadamente, el banco central mexicano no ha necesitado perder su autonomía para que su credibilidad esté en entredicho; su propia Junta de Gobierno se ha encargado de eso.
Los cuestionamientos acerca de la credibilidad de Banco de México son cada vez más comunes. Recientemente, economistas muy destacados en el análisis económico de coyuntura han criticado al banco central, poniendo en duda su control de la inflación. Entre quienes cuestionan la credibilidad de la autoridad monetaria están los departamentos de análisis económico de Moody´s Analytics, Bank of America y Citigroup.
La misma encuesta que hace el banco central a los especialistas en economía del sector privado evidencia su falta de credibilidad. La encuesta de diciembre espera una inflación mayor para el cierre de 2026 (3.9%) que la que se registró al cierre de 2025 (3.7%). Además, los especialistas encuestados no esperan que la inflación llegue a la meta del banco central del 3% en el mediano plazo; en su lugar pronostican una inflación de 3.7% para el año 2027.
Lo anterior contrasta con los pronósticos de inflación de Banco de México que esperan una inflación de 3% en el tercer trimestre de 2026. Las proyecciones del banco central mienten siempre de la misma manera: Se pueden revisar los pronósticos en cualquier momento y consistentemente se encontrará que se espera una inflación del 3% en un plazo máximo de dos años. Esto nunca se cumple, pero se repite el pronóstico. ¿Cómo confiar en esa institución? Peor aún, esos pronósticos deberían dirigir las expectativas del mercado, pero nadie los puede considerar con seriedad.
El problema de fondo es que la Junta de Gobierno no se toma en serio su propio objetivo de inflación. El mejor indicador que se tiene de la tendencia de la inflación es el subíndice subyacente. Este alcanzó un mínimo en noviembre de 2024 de 3.6% y desde entonces ha mostrado una tendencia alcista (4.3% en diciembre de 2025). Esto indica claramente que la inflación general tenderá a subir. Sin embargo, la Junta de Gobierno ha decidido relajar su política monetaria. Al bajar la tasa de interés cuando la inflación sube, el banco central muestra claramente que no le interesa la inflación. No es sorpresa que pierda credibilidad.
Desgraciadamente, lo más grave es que la credibilidad es un elemento particularmente importante para la política monetaria porque de ella depende la capacidad y el costo de reducir la inflación. En el extremo más positivo, si un banco central tuviera perfecta credibilidad, lograría su objetivo de inflación sin costo. Al anunciar que espera una inflación de 2%, por ejemplo, los participantes de mercado lo creen y establecen sus precios 2% por encima del año anterior y se cumple la inflación esperada por el banco central y el mercado. Esta es la razón por la que los bancos centrales deben cuidar su credibilidad.
Tristemente, quienes pagamos los costos de la erosión en la credibilidad de Banco de México somos todos los mexicanos. La inflación no se dirige al objetivo de 3% y el banco central cada vez tiene menos capacidad de encauzarla en esa dirección. Sin credibilidad, bajar la inflación implica aumentar la tasa de interés hasta que frene a la demanda agregada y a la economía. La Junta de Gobierno de Banxico nos ha condenado a perder el poder adquisitivo de nuestra moneda año tras año.