Después de siete años de crecimiento anémico - endémico, y tras un 2025 caracterizado por la incertidumbre política y la destrucción del marco institucional, el primer bimestre de 2026 arroja cifras que han encendido las alarmas en los mercados financieros, en las áreas de análisis, en las calificadoras y en la academia: Una contracción de la actividad económica y de la inversión productiva. Este desplome no es un evento aislado, sino la culminación de una parálisis en la ejecución del gasto público y una retracción estratégica del capital privado ante un entorno de gran incertidumbre jurídica.
La caída del 44.9% anual en la inversión productiva durante enero y febrero de 2026 representa la mayor contracción para un periodo similar en más de tres décadas. El componente público ha sido el más afectado, con una reducción anual superior al 30%. La Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP), atribuye este bache a la transición operativa hacia la Ley para el Fomento de la Inversión en Infraestructura para el Bienestar. Según el Ejecutivo, las dependencias pausaron licitaciones para adecuarse a los nuevos lineamientos de “infraestructura social”, lo que generó un vacío de ejecución en los primeros 60 días del año. Pero la participación de la inversión pública es minúscula.
Desde la perspectiva privada, la situación es más grave, el panorama es de extrema cautela. La inversión fija bruta en maquinaria y equipo muestra retrocesos, afectada por la interrupción en proyectos de nearshoring que aguardan definiciones claras sobre la revisión del T-MEC y la estabilidad de las reglas del juego en el sector energético y logístico. También estamos viendo contracción en la construcción, no solo construcción pesada, sino en edificación.
El impacto de esta crisis de la inversión en el PIB ha sido inmediato. En enero de 2026, el Indicador Global de la Actividad Económica (IGAE) registró una caída del 0.9%, arrastrado principalmente por el sector de la construcción y la manufactura pesada. Con nuestros indicadores anticipados de la economía mexicana (IGAE e IBEM) Bursamétrica pronostica una contracción adicional del 0.5% en el IGAE de febrero, y una contracción del PIB al primer trimestre del 0.3% anual.
Para el cierre de 2026, la brecha entre las proyecciones oficiales y las del mercado es amplia. Mientras los Pre-Criterios de Política Económica 2027 mantienen un rango de crecimiento de 1.8% a 2.8% para este año (2.3% puntual), el consenso de analistas privados y organismos como el FMI han ajustado sus expectativas a un rango de 1.1% a 1.5% y es previsible que próximamente veamos revisiones a la baja. El riesgo de una “recesión técnica” en la primera mitad del año es real si la reactivación del gasto público, prometida para el segundo trimestre, no se materializa con la celeridad necesaria.
El desplome de la inversión ocurre en un momento de vulnerabilidad para las finanzas públicas. El Gobierno Federal enfrenta el desafío de reducir el déficit fiscal, que se estima cerrará 2026 en un 4.1% del PIB, y seguir saneando las finanzas de Pemex. La estrategia delineada en los Pre-Criterios 2027 apunta a una “consolidación fiscal” que llevaría al déficit al 3.0% del PIB para el próximo año.
Esta meta se percibe ambiciosa. La caída en la inversión reduce el potencial de crecimiento a largo plazo y, por ende, la capacidad de recaudación futura. Además, el costo financiero de la deuda, pudiera verse afectado por el efecto de mayor inflación importada derivada de la guerra en Irán, lo que no está considerado en los Pre-Criterios que proyectan una inflación del 3.3% al cierre de 2026, De tener que subir Banxico las tasas o el mercado, se tendría un menor margen para la inversión física, tanto pública como privada.
El riesgo radica en que un deterioro mayor de la confianza inversionista y la amenaza de perder el grado de inversión, provoque una salida de capitales de portafolio, lo que presionaría al peso hacia los niveles de 19.50 o 20.00 unidades si la percepción de riesgo soberano aumenta.
El documento de Pre-Criterios 2027 enviado al Congreso el 1 de abril de 2026 dibuja un escenario de optimismo moderado, pero con ajustes necesarios en las variables críticas.
México se encuentra en una encrucijada. La caída estrepitosa de la inversión en el primer bimestre de 2026 es un síntoma de una economía que ha agotado su inercia y requiere de nuevos motores. Si bien el marco macroeconómico planteado en los Pre-Criterios busca proyectar orden y responsabilidad fiscal, la realidad de la economía de calle y de los proyectos industriales sugiere que la recuperación será lenta.
Para que 2027 no sea otro año de estancamiento, el Estado mexicano debe transitar de una política de “ajustes transitorios” a una de certidumbre estructural.