Un reporte de Bloomberg afirma que, en privado, la Dra. Sheinbaum está preocupada porque la economía está estancada, y porque el Plan México no está dando resultados. Por otra parte recientemente se hicieron anuncios espectaculares de proyectos de infraestructura por un total de 5.6 billones de pesos para el sexenio. Por su parte, el secretario de Economía Marcelo Ebrard habló de tener verificados proyectos de inversión privados por más de 400 mil millones de dólares en todo el país. Ante estos anuncios, todo mundo se pregunta; ¿y cómo se va a financiar todo esto?
Sin embargo la economía creció 0.7% anual el año pasado, acumulando un crecimiento promedio del 0.9% anual en los últimos 7 años, muy lejos del mediocre 2.3% de crecimiento anual promedio del periodo de 30 años previos a la administración de Morena. México padece de un crecimiento anémico endémico crónico.
Más desconcierto generan estos ínfimos resultados, si vemos los datos de la balanza comercial con Estados Unidos del año pasado, en donde tenemos un volumen de comercio de 872.8 mil millones de dólares, apuntalado por un incremento del 5.8% anual en las exportaciones, por lo que somos indiscutiblemente el socio comercial número uno de la economía más grande del mundo, muy por arriba de Canadá que logró un volumen de comercio de 719.5 mil millones de dólares, o de China cuyo intercambio ha descendido hasta los 414.7 miles de millones de dólares.
¿Por qué México no crece? Seguramente que en la mente de todos nosotros están las respuestas: por la desconfianza que se ha generado por las reformas constitucionales, por la inseguridad y la carencia de un Estado de derecho, por la corrupción, más las amenazas del presidente Trump sobre el T- MEC. Hay otro factor estructural muy grave.
Los autores Gurley y Shaw plantearon en los setentas la “Teoría de la Intermediación Financiera”, en donde establecieron que un país es más desarrollado, mientras más desarrollado esté su sistema financiero. En mi opinión, este es otro de los factores estructurales que inciden en nuestro magro crecimiento; tenemos un sistema financiero subdesarrollado. No nada más la banca comercial, sino también los intermediarios financieros no bancarios; el mercado de valores que todavía existe, la industria de seguros; la industria del capital privado; los fondos de pensiones y particularmente la banca de desarrollo que fue abandonada durante varios sexenios.
En esta convención bancaria seguramente volveremos a escuchar que la banca mexicana está más fuerte y sana que nunca, y que se cubren en exceso los índices de capitalización y los parámetros de Basilea III. No nos extrañaría pronunciamientos de que la banca ofrece miles de millones de pesos de financiamiento para el desarrollo del país y que es parte de la solución. La realidad es que el financiamiento de la banca comercial a la economía es impresionantemente reducido, 26.6% del PIB. Por eso están tan bien capitalizados los bancos, porque no prestan. Pero aún así son sumamente rentables.
En cualquier país, la banca de desarrollo es un segmento estratégico del sistema financiero conformado por bancos públicos o semipúblicos que facilitan crédito de largo plazo y financiamiento preferencial para proyectos que fomenten el crecimiento económico, mejoren infraestructura, impulsen innovación, aumenten la inclusión financiera o contribuyan al desarrollo regional y social. Estos bancos aceptan un horizonte de financiamiento más largo y condiciones de mercado más favorables para estimular inversiones productivas en sectores estratégicos. En México, los bancos de desarrollo están subutilizados y carecen de capital. Al tener una base de capital muy reducida, su capacidad de financiamiento es también muy limitada, y por lo tanto su impacto en la economía es ínfimo.
Dimensionemos su tamaño. Aún cuando no existen cifras recientes oficiales, con información extraoficial del 2024 y principios del 2025 se llegó a estas cifras: el capital contable de Nafinsa anda en cerca de 35 mil millones de pesos, el de Bancomext se ubica en cerca de 40 mil millones de pesos, el de Banobras, que es el mejor capitalizado, anda en cerca de 111 mil millones de pesos. Hay otros bancos de “desarrollo” que por su tamaño los omitimos aquí.
Comparemos estas cifras con el capital de BBVA México, el banco comercial más grande del sistema financiero de nuestro país; al cierre del 2024 era de 431 mil millones de pesos.
Si queremos que México crezca, es fundamental que contemos con una banca de desarrollo bien capitalizada. Las aportaciones de capital del Gobierno a la banca de desarrollo cuentan como déficit fiscal. Por lo tanto, son indispensables fórmulas que modifiquen el régimen de capital y estructuras alternativas que capitalicen a los bancos de desarrollo para que puedan dotar de mayor financiamiento a la economía.