Perspectiva Bursamétrica

La economía de Estados Unidos transita por carriles contrasentido

EU tiene a la gran mayoría de las empresas tecnológicas transnacionales que liderean la nueva economía. Pero aún está lejos de tener el liderazgo en la industria de los microchips y en la producción de tierras raras.

La economía más grande del mundo está transitando por dos vías contradictorias y opuestas entre sí. Por una parte, se tiene la avenida forzada por las políticas públicas impulsadas por la Administración del presidente Trump, en donde se pretende regresar a Estados Unidos a ser un actor principal en la producción manufacturera y en la industria petrolera, negando la tendencia natural hacia los servicios, la evolución de la tecnología y el deterioro ambiental, en un esquema artificial de endeudamiento insostenible, y de ruptura con el Estado de derecho.

Por la otra, Estados Unidos tiene a la gran mayoría de las empresas tecnológicas transnacionales que liderean la nueva economía y que compiten por el desarrollo y dominio de la alta tecnología y la inteligencia artificial en el mundo. Pero aún está lejos de tener el liderazgo en la industria de los microchips y en la producción de tierras raras.

Los resultados de esta mescolanza no son muy favorables. Si volteamos a ver lo que dicen los mercados, la lectura que podemos obtener es en resumen negativa.

Empecemos con el desempeño de la moneda americana, eje del sistema monetario global vigente (patrón dólar – dólar). El dólar estadounidense ha caído alrededor de un 9% frente a las principales divisas del mundo. Es evidente que los bancos centrales y otros inversionistas institucionales oficiales se están diversificando alejándose de la deuda gubernamental norteamericana, con las tenencias “oficiales” de bonos del Tesoro estadounidense disminuyendo, lo que también ha propiciado burbujas en los bonos gubernamentales de algunos países o en los metales preciosos, en las criptomonedas y en las acciones.

En el mercado de Bonos del Tesoro, la rentabilidad de los bonos estadounidenses se ubicó por debajo de la del resto del mundo. Aún y cuando la Reserva Federal ha recortado los tipos de interés de referencia en tres ocasiones desde mediados de septiembre, los inversores tomaron la inusual decisión de vender sus tenencias, impulsando al alza los rendimientos a largo plazo que ofrecen estos bonos ante el nerviosismo por el excesivo déficit fiscal crónico y creciente del gobierno estadounidense y ante una posible reaceleración de la inflación como resultado de los aranceles.

Si volteamos a ver los indicadores de la actividad económica y sus expectativas, tenemos también resultados decepcionantes. Al recibir la Administración el presidente Trump, la economía estaba creciendo al 2.8% anual, y la tasa de desempleo se ubicaba en un 3.8% lo que se consideraba pleno empleo.

Los últimos datos de empleo de octubre y noviembre nos muestran contracción de puestos en octubre y ligera creación de plazas en noviembre, con lo que la tasa de desempleo ya se encuentra en 4.6%. El déficit fiscal aprobado por el Congreso de 6% del PIB y creciente hacia el 10% en cinco años, es totalmente insostenible. La promesa de que los ingresos por aranceles iban a equilibrar el déficit fiscal resulta ser otra falacia.

En el 2024 de cara a 2025, la OCDE predijo que la economía estadounidense crecería un 2.4% anual, superando el 1.9% del resto de los países integrante de la Organización. Hoy en día, la OCDE prevé un 2.0% para el año que terminó. Para este nuevo año pronostica una nueva desaceleración al crecer en 1.7%, igualando el crecimiento general de la OCDE.

En relación a la inflación, la situación es similar. Al finalizar 2024 bajo la administración Biden, la OCDE estimó que el aumento de precios estaba bajo control, proyectando una tasa de incremento del 2.1% anual en 2025. Ahora, calcula que los precios al consumidor probablemente aumentaron un 2.7%.

En otras palabras, la ventaja económica de Estados Unidos ha desaparecido. No es difícil entender por qué. Ya sean por los aranceles, por las disrupciones en la política exterior, por los recortes en los programas de Salud, por la torpe política de inmigración, por el retroceso hacia la energía de hidrocarburos, por las afectaciones a los sistemas e instituciones de educación e investigación, por las deficiencias en la Seguridad Nacional, y la falta de respeto al Estado de derecho y a la autonomía de las instituciones, la administración Trump ha propiciado el caos. Lo más triste es que en México estemos perdiendo el tiempo en hacerle el juego al presidente Trump en el comercio, en migración y en narcóticos, con una cara imponiendo aranceles a China, mandándole capos ya capturados, y cooperando con la migra, mientras que con la otra cara estamos subsidiando y defendiendo dictaduras criminales y opresoras impresentables.

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