El recurso retórico al que alude la expresión “los cuatro jinetes del Apocalipsis” se usa para agrupar cuatro amenazas graves, simultáneas y potencialmente destructivas sobre un mismo fenómeno. La referencia viene del libro del Apocalipsis, donde aparecen cuatro jinetes asociados tradicionalmente con calamidades como la guerra, el hambre, la peste y la muerte. En el lenguaje moderno, la frase se usa de manera metafórica para decir: “estos son los cuatro grandes males que explican o amenazan una situación”.
Aplicado al mercado laboral mexicano, hemos sostenido en diversos foros que los cuatro jinetes del Apocalipsis en el mercado laboral mexicano son: la informalidad, la pobreza laboral, la subocupación y la población disponible para trabajar. Hablando de la informalidad, recientemente la Comisión Nacional de los Salarios Mínimos (CONASAMI) dentro de su octava sesión ordinaria del Consejo de Representantes presentó un interesante trabajo denominado: “Análisis del comportamiento reciente de la informalidad; estudio e investigaciones”, en cuyas conclusiones afirma lo siguiente:
Primera. No se puede decir que el crecimiento reciente de la tasa de informalidad se deba a cambios estructurales del mercado laboral; mucho menos que el empleo formal esté migrando al informal más de los flujos usuales.
Segunda. Lo que parece pasar es un efecto aritmético donde la población con un empleo formal pasa a la PNEA, reduciendo el total de la población ocupada y, el empleo informal, al crecer en proporción, eleva la tasa de informalidad.
Tercera. Dicho paso a la PNEA se debe a pensiones, jubilaciones y atención de quehaceres domésticos, y no tanto al contexto del mercado laboral.
Cuarta. En el pasado se ha sugerido que la decisión de salir del mercado laboral podría deberse a que, ante los incrementos recientes en los salarios reales, personas que antes trabajaban por necesidad podrían estar saliendo del mercado laboral al ya no necesitar de manera tan apremiante de ese ingreso.
CONASAMI aporta evidencia interesante para descartar una estampida de trabajadores formales hacia la informalidad, pero no aporta todavía la descomposición estadística necesaria para concluir que el repunte de la tasa sea simplemente un efecto aritmético. La propia información oficial revela que desde el segundo trimestre de 2025 también creció el número absoluto de informales. Y con casi 30% de las trayectorias laborales sin origen o destino identificable, la evidencia aconseja hablar de hipótesis, no de conclusiones estructurales.
La tasa de informalidad conforme a la metodología de INEGI es un cociente donde el numerador son los ocupados informales y el denominador es la población ocupada total; bajo esta premisa, la conclusión sobre el “efecto aritmético” es interesante… y entre los cuestionamientos válidos está que la presentación no calcula cuánto del incremento de la tasa proviene del numerador y cuánto del denominador. La gráfica utiliza además índices base 2023=100, no niveles de personas, por lo que visualmente puede sugerirse una explicación, pero no cuantificarse.
Con la misma información de CONASAMI e INEGI hemos comparado la tasa de crecimiento de empleos en el mercado formal y el informal; aquí algunos hallazgos:
Primero. En términos absolutos, el empleo formal ha generado muchas más plazas que las que ha ganado el empleo informal: por cada persona que se sumó a la informalidad desde 2019, el mercado formal generó varias altas netas. Es decir, que el empleo informal casi no se movió en seis años, mientras que la creación de empleo formal fue mucho más dinámica. (Gráfica 1).

Segundo. La tasa de crecimiento del empleo formal es mayor que la del informal (gráfica 2). La única excepción clara es el colapso de 2020, cuando el formal se desplomó a -500 mil (peor que el informal en ese momento). Fuera de esa crisis puntual, el formal crece a mayor ritmo que el informal.

Tercero. La variación porcentual interanual es más estable en el informal que en el formal (Gráfica 3).

Estadísticas aparte, el hecho es que la informalidad, como la obesidad, es multifactorial, y un país con tasas como las nuestras tiene un reto estructural en su mercado laboral mucho más complejo cuantitativa y cualitativamente que el efecto aritmético; un seguro de desempleo real, ajuste a las tasas de Impuesto sobre la Renta por productos del trabajo, seguridad social universal no vinculada a una relación laboral y ajustes a los gravámenes de consumo pueden estar entre la solución, que también es multifactorial y, por lo tanto, compleja.