Entre líneas, finanzas y leyes

Data centers en México: retos fiscales detrás del auge de la Inteligencia Artificial

La combinación entre nearshoring, conectividad con Estados Unidos y crecimiento acelerado de servicios digitales ha colocado al país en una posición privilegiada para atraer inversiones multimillonarias en infraestructura tecnológica.

La explosión de la Inteligencia Artificial (IA) está detonando una nueva carrera global por infraestructura digital. En ese contexto, los data centers se han convertido en uno de los activos más codiciados para inversionistas, desarrolladores inmobiliarios, fondos de infraestructura y empresas tecnológicas alrededor del mundo.

México no es ajeno a esta tendencia. La combinación entre nearshoring, conectividad con Estados Unidos y crecimiento acelerado de servicios digitales ha colocado al país en una posición privilegiada para atraer inversiones multimillonarias en infraestructura tecnológica.

Firmas globales han anunciado proyectos relevantes en entidades como Querétaro, Nuevo León y Jalisco, mientras que el mercado mexicano de data centers mantiene proyecciones de crecimiento de doble dígito para los próximos años.

Sin embargo, antes de hablar de incentivos fiscales o inversiones de hiperescala, vale la pena entender algo fundamental: un data center no es simplemente un inmueble.

En términos sencillos, un data center es la infraestructura física donde vive y opera gran parte del mundo digital. Ahí se almacenan datos, funcionan plataformas en la nube, operan aplicaciones empresariales y se ejecutan herramientas de IA.

Aunque muchas veces se perciben como “bodegas de servidores”, la realidad es que son instalaciones altamente especializadas que requieren enormes cantidades de energía, sistemas avanzados de enfriamiento, conectividad permanente y operación continua las 24 horas del día.

Y es precisamente ahí donde cambia completamente la lógica tradicional del sector inmobiliario. Durante años, el valor de un desarrollo industrial dependía principalmente de factores como ubicación, acceso logístico o plusvalía. En los data centers, el verdadero activo estratégico comienza a ser otro: la capacidad de garantizar energía suficiente, estable y continua.

La IA está modificando radicalmente las necesidades de cómputo a nivel global. Los nuevos servidores y procesadores especializados para IA consumen mucha más energía y generan niveles térmicos considerablemente superiores a los de generaciones anteriores.

Como consecuencia, la competencia internacional por atraer infraestructura digital ya no se limita a ofrecer tierra disponible o incentivos de inversión; hoy también implica asegurar capacidad energética, estabilidad regulatoria y conectividad de alta disponibilidad. Ahí es donde México enfrenta su principal desafío.

El crecimiento acelerado del sector comienza a presionar una infraestructura eléctrica que ya mostraba importantes retos de capacidad y transmisión. En regiones estratégicas como el Bajío, algunos proyectos enfrentan retrasos asociados a interconexión eléctrica y disponibilidad de energía, mientras que los propios desarrolladores han tenido que participar en inversiones relacionadas con subestaciones y refuerzo de infraestructura de transmisión para viabilizar nuevos proyectos.

A diferencia de otros desarrollos industriales, un data center no puede operar con interrupciones. Una variación menor en el suministro eléctrico puede afectar operaciones críticas, servicios digitales globales o plataformas de inteligencia artificial utilizadas simultáneamente por millones de usuarios.

Además, la presión no se limita únicamente a la electricidad. El crecimiento de infraestructura digital también abre discusiones relevantes sobre consumo de agua, sistemas de enfriamiento, sustentabilidad y capacidad de las ciudades para absorber proyectos de alta densidad tecnológica.

Retos en materia fiscal: una conversación igual de relevante. Aunque los data centers suelen asociarse al sector inmobiliario, en la práctica combinan elementos de infraestructura tecnológica, energía, telecomunicaciones y prestación de servicios digitales. Esa mezcla genera retos importantes desde una perspectiva regulatoria y fiscal.

Por ejemplo, la línea entre ingresos derivados de arrendamiento inmobiliario y servicios tecnológicos puede volverse cada vez más difusa conforme evolucionan los modelos de negocio.

Lo mismo ocurre con el tratamiento de infraestructura tecnológica especializada, la depreciación acelerada de ciertos activos o la estructuración de inversiones mediante vehículos inmobiliarios como las FIBRAS.

A nivel internacional, diversos países compiten agresivamente por atraer este tipo de inversiones mediante incentivos fiscales, depreciaciones inmediatas y esquemas preferenciales vinculados a infraestructura tecnológica y eficiencia energética.

En Estados Unidos, algunos estados ofrecen beneficios fiscales de largo plazo específicamente diseñados para proyectos de gran escala asociados a centros de datos. México también busca posicionarse dentro de esta competencia global.

Iniciativas como el Plan México podrían representar una oportunidad relevante para impulsar inversiones intensivas en tecnología, energía e infraestructura digital, particularmente mediante esquemas de deducción inmediata y estímulos vinculados a activos productivos.

No obstante, en una industria donde las inversiones se realizan con horizontes de varias décadas, los inversionistas también observan otros factores igual de importantes: certidumbre regulatoria, disponibilidad energética, capacidad de transmisión y estabilidad operativa de largo plazo.

La competencia global por atraer data centers ya no depende únicamente de ubicación geográfica o costo laboral, sino también de recursos energéticos, infraestructura y certidumbre.

La IA no solo está transformando software, modelos de negocio o productividad; también está redefiniendo la infraestructura física que sostiene la economía digital.

En esa nueva carrera global, México tiene una oportunidad enorme, pero también desafíos estructurales que deberá resolver si quiere consolidarse como uno de los principales hubs de infraestructura digital en la región.

Alonso Díaz Barriga Meixueiro

Alonso Díaz Barriga Meixueiro

Socio de Impuestos Internacionalesy Transacciones en EY México

COLUMNAS ANTERIORES

La nueva ley de infraestructura estratégica: implicaciones para la inversión y el financiamiento en México
El salario mínimo: ¿incentivo perverso para el mercado laboral mexicano?

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.