Entre líneas, finanzas y leyes

La inclusión financiera real empieza en la tienda de la esquina

El acceso y uso de servicios financieros formales sigue siendo limitado, especialmente en poblaciones tradicionalmente excluidas.

En México, hablar de inclusión financiera suele remitirnos a grandes plataformas digitales, sofisticadas aplicaciones móviles o nuevos modelos de banca en línea.

Sin embargo, en la conversación pública a veces olvidamos una realidad elemental: millones de personas aún no tienen acceso a servicios financieros.

Desde mi experiencia en el ecosistema de pagos y corresponsalías, he constatado que la llamada banca de barrio —el acceso a servicios financieros básicos a través de comercios de proximidad— no es una solución de transición: hoy es una pieza estructural para cerrar brechas históricas de acceso financiero en México.

Donde vive la gente

La inclusión financiera se construye desde la cotidianidad. El estudio Hacia una política pública para la inclusión financiera: Oportunidades y retos para México, elaborado en el marco del proyecto “Finanzas más incluyentes”, advierte que el acceso y uso de servicios financieros formales sigue siendo limitado, especialmente en poblaciones tradicionalmente excluidas.

En un país con profundas asimetrías territoriales e informalidad relevante, suponer que la digitalización por sí sola resolverá el acceso financiero es desconocer la diversidad del mercado mexicano.

La banca de barrio parte de una premisa: llevar los servicios financieros a donde ya existe confianza y cercanía.

Cuando una persona puede pagar servicios, enviar dinero o retirar efectivo en su comunidad, la inclusión deja de ser discurso y se vuelve práctica cotidiana.

Los datos confirman la urgencia de acelerar este modelo.

Entre 2011 y 2021, México avanzó más lentamente que otras economías latinoamericanas en tenencia de cuentas formales.

Hacia el cierre del periodo, apenas alrededor de 49% de los adultos contaba con una cuenta financiera, muy por debajo de referentes regionales.

En contraste, Brasil pasó de 55.9% en 2011 a 84% en 2021, prueba de que una estrategia bien ejecutada sí puede escalar la inclusión financiera.

Para ello, se debe impulsar la banca de barrio respondiendo a tres realidades.

Capilaridad territorial: La infraestructura bancaria tradicional no cubre de forma homogénea al país, mientras que la red de comercios de proximidad ya está desplegada.

Confianza del usuario: Para millones de personas, el primer contacto financiero ocurre en espacios conocidos que reducen la barrera de entrada.

Eficiencia económica: Habilitar corresponsalías sobre infraestructura existente permite escalar inclusión con mayor velocidad y menor inversión.

Del acceso transaccional al bienestar financiero

Ampliar puntos de acceso es necesario, pero no suficiente. El reto es evolucionar hacia finanzas que generen bienestar.

Una mayor inclusión financiera reduce costos de transacción, fortalece los hogares y facilita el acceso a ahorro, crédito y seguros. No es solo un objetivo social; también es una palanca de eficiencia económica.

Para que ese círculo virtuoso se haga realidad, el acceso debe ser cercano, asequible, seguro y útil en la vida diaria. Ahí la banca de barrio puede ser la puerta de entrada al sistema financiero formal.

El estudio citado subraya la necesidad de una política pública decidida para impulsar la inclusión financiera.

Esto implica fortalecer la interoperabilidad de pagos, facilitar regulación proporcional y promover educación financiera contextualizada.

Pero también exige reconocer algo de fondo: la inclusión financiera efectiva en México será necesariamente híbrida —digital y de proximidad.

Cerrar la brecha desde el barrio

México ya cuenta con bases tecnológicas y regulatorias para avanzar más rápido. Lo que falta es acelerar los modelos que funcionan en la economía cotidiana.

La banca de barrio no sustituye la innovación digital ni la expansión bancaria tradicional, sino que las vuelve accesibles.

Si aspiramos a un sistema financiero verdaderamente incluyente, debemos empezar por donde empieza la vida económica de millones de mexicanos: en el barrio.

Porque la inclusión financiera real no se mide por la sofisticación tecnológica, sino por su capacidad de mejorar la vida diaria de la gente.

Beatriz Durán

Beatriz Durán

Chief Institutional Affairs and Communications Officer de Puntored

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