Coordenadas

El tema no es el nivel, es la velocidad del ascenso del dólar

El castigo fue mayor para México justamente porque el peso es la divisa emergente más operada fuera de Asia: era el vehículo favorito de esa estrategia.

El dólar vive su mejor momento en año y medio a nivel global. El llamado “índice dólar”(DXY), que mide a la divisa estadounidense frente a una canasta de monedas de economías desarrolladas, superó ayer los 102 puntos, su nivel más alto desde abril de 2025.

Detrás de ese movimiento está lo ocurrido en el mercado de bonos: la tasa de los bonos del Tesoro a 10 años alcanzó 5.31 por ciento y la de 30 años llegó a tocar 5.61 por ciento, un nivel que no se veía desde 2002. Hace 24 años.

En ese contexto, el peso volvió a sufrir.

El tipo de cambio llegó a tocar 18.43 pesos por dólar durante la jornada, su nivel más débil desde noviembre de 2025. Septiembre cerró con una depreciación de 6.4 por ciento, la mayor para un mes desde junio de 2024 y, de acuerdo con datos de Bloomberg, la moneda mexicana fue la más depreciada del mundo en ese lapso.

La mecánica ya la hemos comentado en este espacio: el alza de tasas de la Reserva Federal del 16 de septiembre, la primera desde 2023, vino acompañada de la señal de nuevos incrementos; el Banco de Japón también subió la suya y los rendimientos de los bonos largos estadounidenses se dispararon.

El resultado fue el desmantelamiento acelerado del ‘carry trade’ que sostuvo al peso durante buena parte del año.

El castigo fue mayor para México justamente porque el peso es la divisa emergente más operada fuera de Asia: era el vehículo favorito de esa estrategia.

Si en octubre se depreciara al mismo ritmo, terminaríamos el mes casi en 19.50 por dólar.

La pregunta relevante, a estas alturas, es otra: ¿qué puede frenar la depreciación?

El primer freno posible no está en México, sino en Estados Unidos. Hoy mismo se publica el reporte de empleo de septiembre. Un dato débil enfriaría las expectativas de nuevas alzas de la Fed, que preside Kevin Warsh, que son el verdadero motor del avance del dólar. Uno fuerte, en cambio, las reforzaría y quizás debilitaría aún más a nuestra moneda.

El segundo es geopolítico. Una distensión en el conflicto con Irán reduciría los precios del petróleo —el Brent subió más de 15 por ciento en septiembre— y aliviaría la inflación esperada en Estados Unidos. Por ahora, las señales apuntan en la dirección contraria.

El tercero es Banxico, que enfrenta un dilema. Mantuvo su tasa en 6.50 por ciento por cuarta ocasión consecutiva y, de acuerdo con la encuesta de Citi, 25 de 37 analistas no esperan cambios ni este año ni el próximo. El diferencial con la Fed se comprimió a 250 puntos base. Recortar alimentaría la depreciación; subir para defender al peso tendría costos para una economía que apenas crece. La decisión de noviembre será bastante más compleja de lo que se anticipaba hace unas semanas.

El cuarto es la Comisión de Cambios, que preside la Secretaría de Hacienda. Si se considerara que la depreciación es desordenada, el instrumental para asegurar el orden existe: subastas de dólares y coberturas cambiarias respaldadas por reservas internacionales equivalentes a cerca de 12 por ciento del PIB.

Ese instrumental se ha activado históricamente por desorden en el mercado, no por el nivel del tipo de cambio.

Economistas de Monex consideran que el movimiento sigue dentro de los parámetros habituales de volatilidad, pero advierten que una semana más de depreciación a este ritmo, que llevara al dólar más allá de los 18.50 pesos, abriría la discusión.

El quinto freno es la propia valuación. Carlos Serrano, de BBVA México, en su artículo de este jueves en estas páginas, atribuye la caída a factores externos y apunta los soportes del peso: la expectativa de continuidad del T-MEC, la disciplina fiscal y la profundidad del mercado financiero local. En su lectura, nuestra moneda sigue relativamente fuerte, incluso sobrevaluada. Banamex, por su parte, descarta un impacto inflacionario relevante de la depreciación.

Mientras tanto, las revisiones de pronósticos apenas comienzan: Morgan Stanley ajustó su estimado del dólar al cuarto trimestre a 18.25 pesos por dólar y Banco Base lo movió de 17.80 a 18.20.

Conviene, además, poner el movimiento en perspectiva. El 18.43 de ayer está 13 por ciento por debajo del máximo de 21.29 pesos que alcanzó el dólar el 3 de febrero de 2025, en el punto más álgido de la tensión arancelaria, y 28 por ciento debajo del récord de 25.76 registrado en 2020.

Frente al cierre de 2025, la depreciación acumulada en el año es de apenas 2.6 por ciento.

La paradoja es reveladora: el peso fue la divisa más depreciada entre los principales cruces en septiembre, pero sigue siendo la segunda con menor depreciación en los primeros nueve meses del año.

Lo que tenemos, entonces, no es un problema de nivel, sino de velocidad: 9 por ciento en cuatro semanas, desde el 16.85 del 4 de septiembre.

El tipo de cambio actual es prácticamente el mismo con el que arrancó el año. Pero si el ritmo persiste, la discusión dejará de ser un asunto de mercado para convertirse en uno de política cambiaria.

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