Coordenadas

Las ventajas que Asia ya le ganó a México en EU

El mensaje para México es doble. Primero: aumentar sus exportaciones 13% no basta cuando varios competidores crecen entre 40 y 70% y el segmento más dinámico del mercado, el equipamiento para la inteligencia artificial, está estrechamente ligado a las cadenas asiáticas.

Las cifras del comercio exterior de Estados Unidos publicadas ayer por el Census Bureau y la Oficina de Análisis Económico confirman un reacomodo relevante: México dejó de ser el segundo origen del déficit bilateral de bienes estadounidense y pasó al tercero.

Hace un año, solo China superaba el desequilibrio con México. Pero, en el primer semestre de 2026, el déficit de Estados Unidos con Vietnam fue de 114 mil millones de dólares; con Taiwán, de 107 mil 200 millones, y con México, de 102 mil 600 millones.

En el semestre, las importaciones estadounidenses de bienes cayeron 1.1 por ciento. Las provenientes de México crecieron 13 por ciento, un desempeño respetable. Pero, las de Taiwán aumentaron 67 por ciento; las de Tailandia, 72; las de Filipinas, 50; las de Vietnam, 40; las de Malasia, 35, y las de Corea del Sur, 21, mientras las de Canadá apenas avanzaron 1.4 por ciento.

En conjunto, las compras a esas seis economías asiáticas crecieron 47 por ciento en un mercado que se contrajo.

México avanza, pero pierde participación justo donde el pastel crece.

¿Cómo se explica que los países más castigados en el discurso arancelario sean los grandes ganadores del comercio con Estados Unidos? Parte de la respuesta está en el diseño de la política comercial de nuestro vecino.

México conserva, en el papel, el mejor trato: la mayoría de sus envíos puede ingresar sin arancel si cumple el T-MEC. Pero esa preferencia exige reglas de origen, certificaciones, verificaciones y umbrales de contenido regional, particularmente rigurosos en la industria automotriz. Exportar desde México obliga a documentar el origen de los insumos relevantes.

Los proveedores asiáticos no gozan de ese acceso y pagan los aranceles aplicables. Pero, al no reclamar una tasa de tratado, tampoco acreditan porcentajes de contenido regional. Sí deben declarar el país de origen y cumplir controles contra la elusión; por tanto, no basta cambiarle el pasaporte a un producto chino. La diferencia real no es ausencia de reglas, sino otra carga de cumplimiento.

Para algunas empresas, un arancel conocido y un trámite más simple pueden ser preferibles a un arancel cero con riesgo de incumplimiento. Es una preferencia de facto: la de la simplicidad.

Se suma el sesgo tecnológico. Michael Waugh, economista de la Fed de Minneapolis, calcula que alrededor de 69 por ciento de las importaciones vinculadas con la inteligencia artificial está exento de aranceles y enfrenta una tasa efectiva de 4.5 por ciento, frente a 12.1 por ciento para los demás bienes.

La evidencia introduce un matiz: México no está fuera del auge. Según la consultora Waugh, México y Taiwán aportan cada uno cerca de una cuarta parte de las importaciones estadounidenses relacionadas con la IA.

El problema no es la exclusión, sino que la mayor aceleración reciente se concentra en redes productivas asiáticas.

El resultado es una concentración notable. La suma de los déficits con diez economías asiáticas que mantienen un saldo favorable frente a Estados Unidos equivale ya a 92 de cada 100 dólares del déficit total de bienes, cuando hace un año representaba 60 de cada 100.

El desequilibrio con Taiwán casi se duplicó, con un alza de 91 por ciento; el de Tailandia creció 87 por ciento y el de Vietnam, 40, mientras el de México apenas subió 6.6 por ciento.

Ni siquiera la caída de 34 por ciento del déficit con China altera la dirección general. Fue acompañada por mayores desequilibrios con otros proveedores de Asia, un patrón consistente con la redistribución regional de las cadenas, aunque las cifras no permiten atribuir todo el cambio a triangulación o contenido chino. También influyó la normalización de las compras farmacéuticas a Irlanda, que redujo drásticamente el déficit con Europa.

El mensaje para México es doble. Primero: aumentar sus exportaciones 13 por ciento no basta cuando varios competidores crecen entre 40 y 70 por ciento y el segmento más dinámico del mercado, el equipamiento para la inteligencia artificial, está estrechamente ligado a las cadenas asiáticas.

Segundo: si Washington endurece todavía más las reglas de origen en la revisión del T-MEC, especialmente en el sector automotriz, podría ampliar la ventaja de facto de Asia en lugar de cerrarla.

El nearshoring enfrenta así un competidor inesperado: no sólo el costo, sino la simplicidad aduanera y una canasta tecnológica favorecida por las exenciones.

La paradoja merece decirse claramente: la política comercial estadounidense puede estorbar más a un socio de tratado que a proveedores sin acuerdo preferencial.

Si el objetivo de los aranceles era relocalizar la producción en Norteamérica, los datos del primer semestre no muestran todavía un desplazamiento general en esa dirección.

Muestran un déficit menos dependiente de China, pero mucho más concentrado en el resto de Asia.

Ese, más que el tamaño del superávit mexicano, debería ser un tema central de la conversación entre los socios del T-MEC.

Ya se lo hemos comentado a Greer; espero que nos escuche.

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