El reporte de comercio exterior de mayo confirma una tendencia: las exportaciones mexicanas crecieron 25.4 por ciento anual, hasta 69 mil 544 millones de dólares, y en el acumulado del año avanzan 22.6 por ciento.
Para una economía que crece poco, un sector externo avanzando más de 20 por ciento es sin duda muy buena noticia. Conviene, sin embargo, preguntarse cuánto de ese vigor es permanente y cuánto es circunstancial.
La hipótesis que más fuerza tiene para explicar la aceleración atípica de las exportaciones es la del adelanto de compras. Buena parte del salto reciente podría obedecer a importadores estadounidenses que acumulan producto mexicano hoy, antes de que un eventual endurecimiento arancelario lo encarezca mañana. Es una conducta racional: si se prevé que un bien costará más por un nuevo gravamen, es lógico llenar la bodega mientras el precio sigue bajo. Ese impulso eleva las ventas de forma transitoria, no permanente.
Veamos el caso de las exportaciones manufactureras no automotrices. Empezaron el año con un crecimiento de 17.7 por ciento. Pero en febrero, la tasa saltó a 30.1 por ciento; bajó en marzo a 17.8 por ciento y parecía que se corregía. Pero en los siguientes meses las tasas fueron de 26.7, 43.7, 45.8 y 38 por ciento en mayo, cifras completamente atípicas.
Una aceleración de esa magnitud, en tan pocos meses, rara vez se explica por la demanda subyacente: huele a decisiones de inventario.
El Banco de México ya había documentado el fenómeno del otro lado de la frontera. En su análisis de las importaciones estadounidenses, atribuyó parte del repunte de 2025 a un adelanto de compras en anticipación a los aranceles. La lógica podría ser la misma ahora, con un detonante adicional: nadie sabe con certeza qué saldrá de la revisión del T-MEC o de la investigación derivada de sección 301 de la Ley Comercial que realiza el Departamento de Comercio de Estados Unidos.
El calendario de 2026 invita a repetir la jugada: más allá de la revisión del Tratado, persiste la amenaza de aranceles sectoriales —al acero, al aluminio y a vehículos— que pueden recrudecerse en cualquier momento.
Las importaciones refuerzan la interpretación. Las compras de bienes intermedios —los insumos que alimentan a la industria exportadora— crecieron 29.8 por ciento en mayo. Producir y embarcar a marchas forzadas antes de que cambien las reglas exige, justamente, traer más insumos. El comportamiento encaja con la hipótesis del anticipo. De hecho, el superávit comercial ya se estrecha: pasó de 4 mil 520 millones de dólares en abril a 2 mil 259 millones en mayo, porque las compras corren casi tan rápido como las ventas.
Hay, no obstante, una historia genuina debajo del ruido, y es la más relevante para el mediano plazo: México está desplazando a China en el mercado estadounidense. Con datos de la Oficina del Censo de Estados Unidos, el país se sostuvo este año como el primer proveedor de bienes de esa economía, con una participación cercana a 17 por ciento, mientras China cayó hasta el cuarto sitio —superada incluso por Taiwán— con menos de 7 por ciento.
El contraste es nítido: en marzo, las importaciones estadounidenses provenientes de China se desplomaron 29 por ciento anual. En el agregado de 2025, el comercio de Estados Unidos con México —cerca de 873 mil millones de dólares— ya duplicó al que sostiene con China, y el país se afianzó como su principal socio comercial, sumando compras y ventas. La ventaja mexicana descansa, además, en algo concreto: el arancel efectivo que paga al entrar a ese mercado es de apenas 4.1 por ciento, de los más bajos del mundo, porque alrededor de 85 por ciento de lo que envía viaja al amparo del Tratado.
Aquí asoma el ángulo de fondo: la sustitución de proveeduría china por mexicana en Estados Unidos. No es un fenómeno menor ni pasajero; es la reconfiguración de cadenas que el nearshoring prometía. México la ha apuntalado por la vía de los hechos: el cumplimiento de las reglas de origen del T-MEC subió de 48.6 a 75.1 por ciento en un año, según Banamex, y el país impuso aranceles de hasta 50 por ciento a más de mil 400 productos de naciones sin tratado —China fundamentalmente— para despejar la sospecha de ser su puerta trasera.
Pero esa sustitución tiene una condición: que la revisión del Tratado no endurezca el acceso y que México acredite contenido regional auténtico. Si el desenlace de la revisión del T-MEC es benigno, la ganancia de terreno será estructural.
Si no, una parte de lo que hoy celebramos como auge se revelará como lo que probablemente sea: compras adelantadas.
Y así, en el futuro, los ritmos de crecimiento de las exportaciones tendrían que normalizarse.