Coordenadas

Buen dato en inflación, pero hay que tener cautela

El dato no solo confirma la tendencia descendente de los últimos meses: la refuerza y, de paso, le despeja el camino a Banxico para sostener su estrategia sin sobresaltos.

Pocas veces el calendario económico ofrece una secuencia tan oportuna. Un día antes de que la Junta de Gobierno del Banco de México anuncie su decisión de política monetaria (lo hará hoy), el INEGI reportó que la inflación general se desaceleró a 3.55 por ciento anual en la primera quincena de junio.

El dato no solo confirma la tendencia descendente de los últimos meses: la refuerza y, de paso, le despeja el camino a Banxico para sostener su estrategia sin sobresaltos.

La cifra resultó por debajo de todas las estimaciones. La mediana de los analistas consultados por Bloomberg anticipaba 3.72 por ciento. El resultado se ubicó entre 17 y 22 centésimas por debajo de esos pronósticos, una distancia considerable.

Conviene además dimensionar el nivel: la inflación general en cifras mensuales no se colocaba tan abajo desde principios de 2021; en cifras quincenales, desde finales del año pasado. Apenas rebasó, hacia la baja, los mínimos de 3.57 por ciento de octubre pasado y de 3.59 por ciento de enero de 2025, que en su momento se celebraron como los más reducidos en cuatro años.

El motor de la sorpresa volvió a ser el componente volátil. El índice no subyacente cayó 1.14 por ciento en la quincena, arrastrado por una contracción de 5.24 por ciento en frutas y verduras. El jitomate retrocedió casi 24 por ciento y el chile poblano más de 28. Son, por definición, movimientos transitorios y reversibles, de modo que la lectura fina obliga a mirar el otro componente.

Ahí está el matiz que impide cualquier triunfalismo. La inflación subyacente —la que excluye los precios más erráticos y que el banco central vigila con lupa— se mantuvo en 4.12 por ciento anual, todavía por encima del umbral de 4 por ciento y lejos del objetivo de 3. Dentro de ella, los servicios subieron 0.27 por ciento en la quincena, con una persistencia que se arrastra desde finales de 2021.

Es la parte rígida de la inflación: la que no responde a una buena cosecha ni a un respiro estacional, sino a la dinámica de fondo de la demanda y los costos.

Esa dualidad —inflación general en franco descenso, subyacente atorada— es justamente la que define el escenario para la decisión de hoy.

El consenso es prácticamente unánime: Banxico mantendrá la tasa de referencia en 6.50 por ciento, nivel al que llegó en mayo, cuando dio por concluido el ciclo de recortes iniciado en marzo de 2024. Fueron quince movimientos y 475 puntos base de distancia desde el 11.25 por ciento de aquel arranque. La gobernadora Rodríguez Ceja ya había adelantado que no anticipaba más ajustes en lo que resta del año, y el dato de hoy le da la razón sin obligarla a moverse.

La aritmética acompaña esa postura. Con la inflación esperada, la tasa real ex ante se ubica alrededor de 2.7 por ciento, cerca del punto medio del rango neutral que el propio instituto estima entre 1.8 y 3.6 por ciento.

En otras palabras, la política monetaria ya no es restrictiva ni laxa: es neutral. Y una postura neutral, con la inflación general dentro del rango objetivo, es difícil de modificar sin un argumento contundente, que hoy no existe.

Donde sí aparece una divergencia interesante es en el horizonte.

Banxico sostiene que la inflación general convergerá al 3 por ciento hasta el segundo trimestre de 2027, una proyección más optimista que la del consenso privado, que de acuerdo a la encuesta de Banxico entre expertos, estima un 3.84% para finales del 2027, precisamente por la rigidez de los servicios.

Esa diferencia de diagnóstico explica por qué algunas instituciones, como Banamex, perciben un sesgo acomodaticio en la Junta y consideran que, si hubiera un próximo movimiento, sería más probable un recorte que un alza. Otras, como Banorte, ven la tasa anclada en 6.50 por ciento durante todo 2026 y 2027.

El entorno externo refuerza la cautela. La Reserva Federal, ahora presidida por Kevin Warsh, mantuvo su tasa el 17 de junio con un tono restrictivo, e incluso la mitad de su comité contempla al menos un alza este año.

Un diferencial de tasas más estrecho presionaría al peso, una variable que Banxico no puede ignorar al calibrar su margen de maniobra.

El balance es favorable, pero conviene leerlo con sobriedad.

La inflación general regresó a niveles que no veíamos en años y le permite al banco central reafirmar su estrategia desde una posición cómoda. Al mismo tiempo, la subyacente recuerda que la última milla es la más difícil y que el componente de servicios puede distorsionar la trayectoria si la demanda interna se reactiva o si choques externos —energéticos o cambiarios— se materializan.

La buena noticia de ayer no clausura el debate. Éste debe continuar tanto al interior de la Junta de Gobierno de Banxico como en la propia sociedad.

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