El viernes pasado tuve oportunidad de conversar unos minutos con el secretario de Hacienda, Edgar Amador.
Uno de los temas abordados en la charla fue el relativo a la discrepancia entre las proyecciones de crecimiento de la dependencia que encabeza y las que, en términos generales, el mercado e incluso algunos organismos internacionales, anticipan.
Hacienda considera en sus proyecciones para 2026 un crecimiento de 1.8 a 2.8 por ciento, con un punto medio en 2.3 por ciento.
El consenso del mercado ubica ese pronóstico en 1.1 por ciento e incluso la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) lo ubicó la semana pasada en 0.8 por ciento.
Es obvio que alguien se está equivocando o por lo menos quedará más lejos de los datos reales.
Amador me recordó que una situación semejante se presentó en el comienzo del año 2025 y los expertos tuvieron que rectificar sus estimaciones a lo largo del año pasado.
Veamos lo que ocurría entonces.
En diciembre de 2024, los expertos encuestados por el sector privado estimaban un crecimiento económico para 2025 de 1.12 por ciento. En su perspectiva del mes de octubre de 2024, el FMI estimaba una tasa de 1.3 por ciento mientras que la OCDE, en diciembre de ese mismo año, preveía un crecimiento de 1.4 por ciento para 2025. En septiembre de 2024, los Criterios de Política Económica para 2025 entregados al Congreso por la Secretaría de Hacienda, todavía a cargo de Ramírez de la O, consideraban un crecimiento económico de 2 a 3 por ciento.
Ninguno acertó al resultado de 0.8 por ciento.
Pero lo que sí sucedió en los primeros meses de 2025 es que el pesimismo ensombreció muchas previsiones.
Por ejemplo, la OCDE, en su reporte de marzo de 2025, estimaba una caída del PIB para México de -1.3 por ciento mientras que el FMI, en abril, también consideraba que el resultado del año pasado sería un retroceso de -0.3 por ciento, en tanto que el consenso de los analistas encuestados por Banxico calculó en marzo del año pasado que habría apenas un crecimiento de 0.4 por ciento en el año.
Los hechos muestran que la mayoría se pasaron de pesimistas, en efecto, y no consideraron el impulso que tendrían las exportaciones mexicanas a pesar de los aranceles ni tampoco el comportamiento resiliente del consumo interno.
El secretario Amador, con la información que tiene Hacienda, considera que en los siguientes meses tendremos un impacto positivo en el crecimiento motivado por el aumento de la inversión pública, así como de la llamada inversión mixta, lo que permitiría un mejor desempeño económico en el segundo semestre del año.
Se trata de un escenario posible pues, de hecho, en el Presupuesto se prevé un incremento de 10 por ciento en términos reales en la inversión pública y en los primeros cuatro meses del año, va cayendo en 18 por ciento.
Simplemente para ponerse en línea con el programa, la inversión del sector público debiera crecer a tasas más elevadas en los próximos meses.
La duda legítima que puede seguir sobre la mesa es el efecto que esto tendrá sobre la inversión privada total.
De acuerdo con las cifras más recientes del INEGI, la inversión pública total representa el 13.6 por ciento de la inversión total.
Si creciera 10 por ciento en términos reales, como es la previsión presupuestal, empujaría en 1.4 por ciento a la inversión total, suponiendo que la inversión privada se quedara estable.
Pero, si la inversión privada bajara un 2 por ciento en el año, tendría un efecto negativo de 1.8 puntos en el total.
El efecto neto de ambos movimientos sería una caída de 0.4 por ciento de la inversión total.
Para que la inversión pública tenga un efecto positivo real se necesitaría que su movimiento alcista pueda ser replicado por la inversión privada, y ese es el gran desafío para el crecimiento.
En algunos proyectos de infraestructura es probable que se vea ese arrastre, aunque todavía está por verse el alcance que tienen. Otro factor que empujará el crecimiento es el gasto adicional derivado del Mundial, que elevará en algunas décimas de punto porcentual del PIB el gasto, entre 0.1 y 0.6 por ciento probablemente.
Creo que, en efecto, hay elementos para pensar que el crecimiento puede ser mayor, pero queda la interrogante de qué tanto. Ya lo veremos.