Coordenadas

El ‘peligroso’ éxito de las exportaciones mexicanas

Mientras más exitoso sea México en el mercado estadounidense, más crece la tentación política en Washington de ver ese éxito como un problema a corregir.

Cuidado con los éxitos. En el primer bimestre de este año, México volvió a establecer una marca histórica en sus exportaciones. Y eso puede hacer que algunos en Estados Unidos levanten las cejas.

En febrero, las exportaciones totales de mercancías sumaron 56 mil 851 millones de dólares, con un crecimiento anual de 15.8 por ciento. Las no petroleras avanzaron 17.5 por ciento y las dirigidas a Estados Unidos crecieron 15.9 por ciento. En el acumulado de enero y febrero, las exportaciones totales ascendieron a 104 mil 859 millones de dólares, 12.2 por ciento más que en el mismo lapso de 2025.

En un entorno internacional más hostil y con la revisión del T-MEC ya en curso, la maquinaria exportadora mexicana sigue respondiendo con vigor y capacidad de adaptación.

Pero justamente allí aparece una paradoja. Mientras más exitoso sea México en el mercado estadounidense, más crece la tentación política en Washington de ver ese éxito como un problema a corregir.

No sería la primera vez que una realidad de integración productiva se lee, del otro lado de la frontera, como mero desplazamiento industrial. Y ese puede ser el ángulo más delicado de la negociación que viene.

Los datos del INEGI ayudan a entender por qué esa lectura sería errónea. En febrero, las importaciones totales de México crecieron 20.8 por ciento anual, hasta 57 mil 314 millones de dólares. Las importaciones de bienes intermedios subieron 27.2 por ciento, hasta 46 mil 242 millones, y representaron 79.9 por ciento del total importado en el bimestre.

El auge exportador no ocurre en el vacío: lo acompaña una expansión aún más acelerada de compras externas de insumos, partes y componentes que alimentan la propia maquinaria exportadora.

Esto tiene una implicación directa: el superávit que México registra frente a Estados Unidos es en gran medida resultado de cadenas de valor profundamente entrelazadas.

Estudios del Federal Reserve Bank de Dallas estiman que alrededor del 40 por ciento del contenido de las exportaciones mexicanas proviene de insumos fabricados en territorio estadounidense, muy por encima de lo que China puede ofrecer.

Cuando México exporta más, también compra más. Y cuando compra más bienes intermedios, una fracción relevante de esa demanda termina sosteniendo empleo en plantas de Texas, Michigan u Ohio.

Pero México no solo compra insumos: también es el principal destino de las exportaciones estadounidenses de bienes de consumo y capital. En 2025, México importó de Estados Unidos más que cualquier otro país del mundo, desplazando incluso a Canadá. Eso significa que granjeros de Iowa, fabricantes de maquinaria en Illinois y exportadores de productos químicos en Louisiana tienen en México su mayor cliente externo. Afectar esa relación con aranceles punitivos no solo dañaría a México: le arrebataría a la industria exportadora estadounidense su mercado más cercano, más accesible y más rentable en términos logísticos.

La evidencia bilateral lo confirma. En enero de 2026, México fue el principal socio comercial de bienes de Estados Unidos, con un intercambio total de 74.1 mil millones de dólares, por encima de Canadá y China. En el sector automotriz —donde el contenido cruzado entre los tres países puede superar el 70 por ciento del valor final del vehículo— resulta sencillamente imposible separar el éxito exportador mexicano del empleo industrial estadounidense.

Por eso resulta significativo lo que planteó la USTR el 18 de marzo: enfocar las conversaciones técnicas con México en incrementar la producción manufacturera en ambos países y limitar insumos de origen externo a las cadenas de valor norteamericanas.

La señal es clara: Washington quiere más contenido regional y reglas de origen más exigentes. La ventaja: México puede presentarse como parte esencial de la solución norteamericana frente a Asia. El riesgo: que el éxito exportador se interprete como amenaza y Estados Unidos cobre en la mesa con exigencias adicionales en trazabilidad y mecanismos de verificación.

El éxito exportador de México puede ser peligroso solo si se cuenta mal. La pregunta no es si habrá presiones en la revisión del T-MEC, las habrá, y serán duras.

La pregunta es si México llegará con argumentos suficientes para convertir su fortaleza exportadora en la pieza central de un proyecto de prosperidad compartida. Los números están. El reto es saber usarlos.

COLUMNAS ANTERIORES

Trump está en arenas movedizas en Irán
Banxico: entre ‘halcones’ y ‘palomas’

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.