Coordenadas

Cuando la inflación despega desde la pista

Entre los productos y servicios genéricos con mayor incidencia en la inflación destacó el transporte aéreo, cuyo precio se elevó 21.86 por ciento en solo quince días, con una incidencia de 0.046 puntos porcentuales sobre la inflación general.

Hay aumentos de precios que se explican por sí solos. Y hay otros que parecen circunstanciales hasta que se observa lo que revelan sobre la economía. El encarecimiento del transporte aéreo, reportado ayer por el INEGI, pertenece a la segunda categoría.

En la primera quincena de marzo, el INPC subió 0.62 por ciento respecto a la quincena previa y llevó la inflación anual a 4.63 por ciento.

Entre los productos y servicios genéricos con mayor incidencia destacó el transporte aéreo, cuyo precio se elevó 21.86 por ciento en solo quince días, con una incidencia de 0.046 puntos porcentuales sobre la inflación general. No fue el rubro de mayor aumento en términos absolutos, pero sí uno de los más reveladores porque expresa con rapidez lo que ocurre cuando un insumo estratégico se encarece de golpe.

Ese insumo es la turbosina.

En la industria aérea, el combustible no es un costo más. Es, junto con la nómina, el componente más pesado de la estructura operativa. La Asociación Internacional del Transporte Aéreo (IATA) estima que en 2026 el combustible representará 25.7 por ciento de los costos operativos globales, equivalente a 252 mil millones de dólares.

En México, las propias aerolíneas han documentado que la turbosina absorbe entre 30 y 35 por ciento de sus gastos totales de operación. De cada tres pesos que gasta una línea aérea en este país, uno se va en combustible.

Por eso, cuando sube la turbosina, el efecto sobre las tarifas no tarda en aparecer.

El problema no es solo que el combustible esté caro. El problema mayor es que cambie súbitamente. La IATA advirtió hace unos días que un ajuste abrupto del combustible puede ser más dañino para las aerolíneas que un precio alto pero estable.

La razón es sencilla: los boletos se venden con anticipación, las rutas se programan con meses de margen y los costos pueden variar en cuestión de días. Cuando eso ocurre, el ajuste termina trasladándose al pasajero.

Los números internacionales dimensionan la presión. El monitor de la IATA reportó la semana pasada un precio promedio global de turbosina de 197 dólares por barril, 12.6 por ciento más que una semana antes. Y aunque la previsión central ubica el promedio anual en 88 dólares por barril, esa cifra supone que la volatilidad actual cederá. Por ahora, ocurre lo contrario.

Esa tensión tiene su propia lógica en México. La turbosina no sigue mecánicamente al petróleo crudo: su dinámica está determinada por capacidad de refinación, cuellos de botella logísticos y márgenes de procesamiento. La IATA prevé para 2026 un spread de 26 dólares por barril frente al Brent.

Eso significa que aunque el crudo no se disparara más, la turbosina puede mantenerse tensionada.

El salto de 21.86 por ciento en el precio de los vuelos en marzo, en solo una quincena, sugiere que hay una presión de costos real, aunque el dato mezcle también estacionalidad y estrategias tarifarias propias del sector.

Esa combinación importa porque ocurre en un entorno de rentabilidad estrecho. La IATA calcula que las aerolíneas obtendrán en 2026 una utilidad neta de apenas 3.9 por ciento de sus ingresos. La industria transportará 5.2 mil millones de pasajeros con factores de ocupación récord, pero sus márgenes siguen siendo delgados.

En un negocio así, un sobresalto en combustibles obliga a reaccionar rápido: o se absorbe el golpe con menores utilidades o se traslada parte del costo a las tarifas. Casi siempre ocurre una combinación de ambas cosas.

En México el tema importa porque la aviación no es un lujo marginal. De acuerdo con cifras difundidas por Datatur, entre enero y noviembre de 2025 se movilizaron 57.9 millones de pasajeros en vuelos nacionales y 52.9 millones en internacionales: más de 110 millones en apenas once meses. Un encarecimiento persistente no afecta solo a vacacionistas; incide en turismo, viajes corporativos, conectividad regional y decisiones de consumo de hogares y empresas.

Lo que ayer mostró el dato del INEGI es, en apariencia, solo la cifra de quincena. Pero es también una señal de advertencia sobre la sensibilidad de ciertos servicios al encarecimiento energético.

Así como en otros momentos la gasolina golpeó el transporte terrestre, hoy la turbosina empezará a afectar al mercado del transporte aéreo. En un contexto internacional expuesto a tensiones geopolíticas, disrupciones logísticas y volatilidad en refinados, esta alza seguramente no será un episodio aislado.

Porque a veces la inflación no entra por la puerta de los alimentos o de la gasolina.

A veces despega desde la pista.

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