Coordenadas

La nueva era de inseguridad energética

Incluso cuando termine la guerra, el mundo no regresará al statu quo. El nuevo líder supremo iraní ha comprobado que los precios de la energía son el talón de Aquiles de Occidente.

El semanario The Economist publica esta semana en su portada una tesis tan sencilla como demoledora: igual que Donald Trump descubrió el costo de los aranceles en el primer tramo de su presidencia, ahora ha descubierto el costo de la guerra.

En ambos casos, la bravata inicial chocó contra las duras realidades de la economía global. Y en ambos, el retroceso llegó tarde.

La edición del influyente semanario del pasado 13 de marzo documenta cómo el cierre de facto del Estrecho de Ormuz ha bloqueado alrededor de 15 por ciento de la oferta mundial de petróleo.

La Agencia Internacional de Energía (AIE) calificó la disrupción como la mayor en la historia del mercado petrolero, más grave que los choques de 1973 y 1979. No es retórica: Iraq ya recortó 1.5 millones de barriles diarios porque sus instalaciones se quedaron sin capacidad de almacenamiento. Los tanques están llenos y el petróleo no tiene a dónde ir.

Trump reaccionó el 9 de marzo declarando que la campaña terminaría muy pronto. El crudo se desplomó de casi 120 a cerca de 80 dólares. Pero, como en el capítulo de los aranceles, el rebote fue efímero.

Este viernes el Brent cerró en 103.14 dólares —alza de 2.67 por ciento en el día, 10 por ciento en la semana, el mayor repunte semanal desde la pandemia de 2020. El WTI terminó en 98.71. La razón es simple: el estrecho sigue clausurado, y Washington no tiene cómo reabrirlo.

El 3 de marzo, Trump prometió en su red Truth Social que la Marina escoltaría los buques tan pronto como sea posible. Los mercados reaccionaron con alivio. La realidad ha resultado más incómoda.

El secretario de Energía, Chris Wright, admitió ante CNBC que la Marina simplemente no está lista; todos los activos militares están concentrados en degradar las capacidades de Irán. El Pentágono describió el estrecho como una caja de muerte. El episodio más revelador: Wright publicó en redes que la Marina ya había escoltado exitosamente un buque, borró el mensaje horas después, y la Casa Blanca confirmó que era falso. El secretario del Tesoro prometió escoltas en cuanto sea militarmente posible. ClearView Energy, empresa comercializadora de electricidad y gas en EU, advirtió que para entonces los precios podrían ser significativamente más altos.

Hay una razón estructural por la que el choque es tan severo: la demanda de petróleo es hoy más rígida que en los años setenta. El crudo ya no se quema para generar electricidad; sirve casi exclusivamente para transporte y petroquímica, sectores con escasos sustitutos de corto plazo.

JPMorgan estima que si los productores del Golfo agotan su capacidad de almacenamiento, el Brent podría escalar a 120 dólares; un cierre indefinido lo llevaría a 150 o más. El choque tampoco se limita al crudo: la principal terminal de gas natural licuado de Qatar sigue fuera de servicio, retirando del mercado una quinta parte de la oferta mundial. En Europa los precios del gas subieron más del 50 por ciento.

Incluso cuando termine la guerra, el mundo no regresará al statu quo. El nuevo líder supremo iraní ha comprobado que los precios de la energía son el talón de Aquiles de Occidente. Lanzar drones baratos contra infraestructura costosa es una asimetría que se puede sostener indefinidamente. Esa es la nueva prima de riesgo permanente sobre el petróleo.

Tres escenarios dominan el horizonte.

El primero, de baja probabilidad, es la desescalada rápida: un acuerdo en dos o tres semanas devuelve el Brent a 80-85 dólares y los bancos centrales retoman sus trayectorias. Requiere que Khamenei negocie en términos que Washington pueda vender políticamente. Dada la retórica de ambos lados, es el menos probable.

El segundo, de probabilidad media-alta, es el bloqueo prolongado: el estrecho permanece cerrado cuatro a ocho semanas más, el Brent oscila entre 100 y 130 dólares. Para México la ecuación es ambigua: exportador neto de crudo, un petróleo caro mejora los ingresos de Pemex y la posición fiscal de corto plazo, pero el efecto recesivo sobre EU —que absorbe 80 por ciento de nuestras exportaciones— actúa como contrapeso. Banxico enfrentaría su peor dilema: inflación de costos que empuja hacia alzas de tasa, simultánea a una desaceleración que pide recortes.

El tercero, de probabilidad baja pero no descartable, es la escalada sistémica: un ataque a instalaciones sauditas o a un buque de guerra desata una respuesta ampliada. El Brent supera los 150 dólares. Europa entra en recesión antes del verano, China ve comprometido su frágil repunte y los mercados bursátiles —notablemente complacientes, advierte The Economist— sufrirían una corrección severa.

La inseguridad energética ya no es un riesgo de cola. Es la condición permanente del mundo en que operamos. El petróleo a 103 dólares no es una anomalía. Puede ser apenas el preludio.

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