Coordenadas

Nuestro complejo mercado laboral: más que una caída

No se perfila una crisis laboral, pero sí un escenario en el que, sin un impulso claro a la inversión y a la confianza empresarial, el mercado de trabajo difícilmente retomará tasas de expansión más elevadas.

Fue un hecho que no se había presentado desde hace 17 años. En enero se perdieron poco más de 8 mil puestos de trabajo registrados en el IMSS respecto a diciembre.

Para muchos, ese dato fue suficiente para encender las alarmas. Sin embargo, como suele ocurrir con el empleo formal, el análisis de fondo exige mirar más allá del dato general. La dinámica laboral no se entiende con una sola variación mensual, y menos aún en un mes marcado por ajustes estacionales y por cambios estructurales en la forma de registrar el empleo.

Al cierre de enero de 2026, el IMSS reportó 22.5 millones de puestos de trabajo, el nivel más alto observado para un mes de enero. En términos anuales, el empleo formal creció en casi 197 mil plazas, equivalente a una tasa de 0.9 por ciento. No es una cifra despreciable, pero sí claramente inferior a la observada en años de mayor dinamismo económico.

El mensaje de fondo es que el mercado laboral sigue creciendo, pero lo hace cada vez con mayor debilidad.

El ajuste mensual negativo tiene una explicación que va más allá de la estacionalidad tradicional. La corrección en el empleo asociado a plataformas digitales revela que este nuevo componente del mercado laboral introduce una volatilidad inédita en las cifras mensuales.

La implicación prospectiva es clara: los datos de corto plazo serán más ruidosos y menos representativos que la tendencia subyacente, lo que obliga a analistas y autoridades a privilegiar lecturas anuales para evaluar la salud real del empleo.

El desglose sectorial refuerza una señal macro relevante. Los mayores crecimientos se concentran en comunicaciones, transportes y comercio, sectores estrechamente vinculados al consumo urbano, la logística y los servicios.

En contraste, la debilidad persiste en construcción, industria extractiva y actividades agropecuarias. Este patrón es consistente con una economía que sigue apoyándose en el consumo interno, pero que muestra una clara insuficiencia de inversión productiva, tanto pública como privada. Con una informalidad laboral cercana al 55 por ciento de la ocupación total, se observa que la economía formal no genera suficientes plazas. El empleo no desaparece, se desplaza hacia la precariedad.

Sin un repunte sostenido de la inversión, la capacidad de acelerar el crecimiento potencial es limitada, y el empleo termina ajustándose a esa realidad.

La dimensión regional del empleo confirma la heterogeneidad. El crecimiento se concentra en entidades con mayor densidad urbana e infraestructura: el Estado de México y la Ciudad de México lideraron con avances anuales superiores a 4.5 por ciento, mientras que estados como Campeche, Sonora y Tabasco registran caídas de entre 2 y 4 por ciento. Esto anticipa que, de no mediar cambios relevantes en política de inversión y desarrollo regional, las brechas territoriales en empleo formal podrían ampliarse durante este año.

Un elemento adicional con implicaciones prospectivas es el comportamiento del salario base de cotización. El crecimiento nominal anual de 7.3 por ciento, equivalente a cerca de 3.5 por ciento en términos reales, indica que las presiones salariales persisten incluso en un contexto de menor creación de empleo.

En el corto plazo, esto sostiene el poder adquisitivo y el consumo; en el mediano, eleva los costos laborales y puede actuar como freno adicional a la contratación formal. El impacto es particularmente agudo para pequeñas y medianas empresas, que absorben buena parte de la nueva fuerza laboral pero disponen de menor margen para trasladar esos costos a precios.

Finalmente, la caída en el número de registros patronales es una señal adelantada que no conviene minimizar. En enero se perdieron 5 mil 842 registros, y la contracción anual de 2.5 por ciento acumula ya 19 meses consecutivos en terreno negativo.

Menos patrones activos suele traducirse, con cierto rezago, en una menor capacidad de generación de empleo.

En conjunto, los datos de enero sugieren que 2026 podría ser un año de crecimiento más bien pobre del empleo formal, con alta dispersión sectorial y regional.

No se perfila una crisis laboral, pero sí un escenario en el que, sin un impulso claro a la inversión y a la confianza empresarial, el mercado de trabajo difícilmente retomará tasas de expansión más elevadas.

Y eso, tarde o temprano pegará a los niveles de vida de la población.

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