Coordenadas

La economía mexicana en 2026

Hay cinco vertientes que conviene tener en el radar. La primera es la revisión del T-MEC.

¿Qué nos depara el 2026 en materia económica? En un entorno tan volátil como el actual, quien asegure tener respuestas definitivas merece, cuando menos, escepticismo.

La incertidumbre es demasiado alta. Pero eso no impide identificar los factores que más pueden influir en el desempeño económico del país durante el año que comienza. Hay cinco vertientes que conviene tener en el radar.

La primera es la revisión del T-MEC. No se trata de una negociación comercial más, sino de la principal ancla del corto y del largo plazo para la economía mexicana. Lo relevante es que, pese al discurso proteccionista y a la imposición de aranceles en diversos frentes, el comercio entre México y Estados Unidos no solo se ha mantenido, sino que ha alcanzado nuevos máximos.

Las cadenas productivas están tan integradas que los flujos no se han interrumpido de manera significativa, y el trato arancelario preferencial ha marcado una diferencia clara frente a otros países. Sin embargo, la revisión del tratado que ocurrirá este año definirá reglas, certidumbre y expectativas para mucho tiempo hacia adelante. No está en juego el crecimiento de un trimestre o de un año, sino la viabilidad del modelo exportador que ha sostenido a la economía durante décadas.

El segundo eje es la restricción fiscal, que seguirá marcando los límites de la política económica en 2026. La consolidación de las finanzas públicas reduce el margen para usar el gasto como palanca de crecimiento, pero el foco de atención no está solo en el balance general. Pemex se mantiene como la principal fuente latente de inquietud fiscal. No solo por sus necesidades recurrentes de apoyo, sino por el peso de sus pasivos, su débil desempeño operativo y su condición de mayor pasivo contingente del Estado.

Aun si otros componentes del gasto están relativamente contenidos, la petrolera puede contaminar toda la discusión fiscal y elevar la percepción de riesgo soberano. A ello se suma el bajo crecimiento económico, que puede descuadrar los cálculos de recaudación y tensionar aún más las finanzas públicas, con consecuencias que los mercados no suelen perdonar.

El tercer tema es la inflación, cuyo control es condición necesaria para que se materialice un escenario de nuevas reducciones de tasas de interés. El consenso apunta a que 2026 podría ser un año de un par de recortes adicionales, pero ese escenario depende de que la inflación no “dé la vuelta”. Mientras la inflación subyacente se mantenga bajo control, Banco de México podría tener espacio para relajar la postura monetaria. Si reaparecen presiones —en servicios, salarios o tipo de cambio—, el ciclo de bajas puede frenarse o incluso revertirse. No es un debate técnico menor: de ello dependen el costo del crédito, la inversión y el ritmo del consumo.

El cuarto eje es la inversión y la productividad, el único motor capaz de elevar de manera sostenida el crecimiento potencial. El nearshoring dejó de ser una promesa retórica y solo será relevante si los anuncios se traducen en proyectos concretos. Infraestructura, energía y certidumbre regulatoria siguen siendo condiciones indispensables. Sin un repunte claro de la inversión extranjera y nacional, la economía puede crecer por momentos, pero difícilmente romperá el techo bajo que la ha caracterizado en los últimos años.

Finalmente, está el mercado laboral, donde comienza a observarse una dicotomía relevante. Por un lado, los salarios reales pueden seguir avanzando, impulsados por los incrementos al salario mínimo y su efecto de arrastre sobre otros niveles salariales. Por otro, el empleo formal ha mostrado una desaceleración clara. El resultado puede ser una economía con mejores ingresos para quienes ya tienen trabajo formal, pero con menor capacidad de generar nuevos empleos, lo que limita la productividad y empuja a más personas hacia la informalidad.

Estos cinco temas no agotan la agenda económica, pero delimitan el terreno sobre el cual se moverá 2026.

No será este un año de inercia, sino de decisiones. Las definiciones que se tomen —o se posterguen— en comercio, finanzas públicas, política monetaria, inversión y empleo marcarán no solo el desempeño económico inmediato sino el margen político del gobierno para enfrentar un entorno cada vez más exigente, dentro y fuera del país.

Venezuela

Tres temas a seguir en el caso de Venezuela y sus secuelas:

1-¿Qué arreglo interno alcanzará Estados Unidos para asegurar una relativa estabilidad tras la salida de Maduro?

2-La captura de Maduro, ¿fue un desenlace o la primera acción del ‘corolario Trump’ de la Doctrina Monroe?

3-¿Cómo responderán Rusia y China frente a la peculiar interpetación del derecho internacional hecha por el gobierno de Trump? ¿Se pueden justificar otras intervenciones?

Hay mucho más. Lo comentaremos en los siguientes días.

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