Coordenadas

El sorpresivo repunte de la economía mexicana

Aunque terminen los proyectos como el Tren Maya o el Transístmico y baje la inversión pública, el dinamismo seguirá elevado por el impulso de la inversión privada.

La economía mexicana dio una sorpresa positiva en noviembre.

De acuerdo con el Indicador Oportuno de Actividad Económica (IOAE) del INEGI, habría crecido en el undécimo mes del año a una asombrosa tasa de 4.2 por ciento anual.

De esta manera, en el último trimestre del año, se perfila un crecimiento de 4.0 por ciento, pues en octubre el ritmo registrado fue de 3.8 por ciento.

En el tercer trimestre la cifra había sido de 3.3 por ciento, lo que implica que se aceleró.

Con el dato publicado ayer, es previsible entonces que el crecimiento del 2023 vaya a ser de alrededor de 3.6 por ciento.

Existía el temor de que el ritmo registrado por la actividad productiva en los primeros tres trimestres decayera en la última parte del año. De hecho, existían indicios parciales de que así podría haber sucedido y eso se refleja en el consenso que dio a conocer el Banxico a principios de este mes, pues su encuesta entre expertos del sector privado reflejó una expectativa de 3.4 por ciento, la que se va a quedar corta.

El pasado 15 de diciembre, apareció también el indicador oportuno del consumo privado para el mes de noviembre, el cual es el principal componente del PIB, y el dato del INEGI mostró un alza de 5.5 por ciento, sorprendiendo a muchos, ya que otros indicadores adelantados de la actividad comercial parecían sugerir que ya venía una desaceleración del consumo, la que no se dio.

Aunque no se presentan aún datos de inversión para el cuarto trimestre del año, esta actividad también parece estar manteniendo un importante dinamismo.

De acuerdo con los indicadores de oferta y demanda global que también dio a conocer esta semana el INEGI, la llamada “formación bruta de capital fijo” tuvo un ritmo de crecimiento anual de 25.5 por ciento en el tercer trimestre.

Como ya se ha señalado ampliamente, en este crecimiento se conjuga un incremento importante de la inversión privada, del orden de 25.6 por ciento, pero también de 24.7 por ciento en la inversión pública.

Hay que subrayar que la parte de la inversión que corresponde a las empresas representó el 88.9 por ciento de la inversión realizada, mientras que el 11.1 por ciento provino del sector público.

Esto garantiza que, aunque terminen próximamente los proyectos como el Tren Maya o el Transístmico y baje la inversión pública, el dinamismo seguirá elevado por el impulso de la inversión privada.

Todas estas cifras tienen una importante implicación política.

Desde este espacio le he comentado insistentemente que mientras la oposición presente una narrativa en la cual señala que la economía va camino al desastre y que las cosas se encuentran peor cada día, no va a tener éxito. Una parte importante de la población observa un crecimiento muy dinámico en las ventas, en el empleo y en los salarios.

Una aceleración del crecimiento como la que vimos, en pleno proceso de campañas políticas (aunque se les denomine precampañas), poco tiene que ver con el curso del desastre que se describe.

Más allá de las implicaciones políticas, es muy buena noticia estar concluyendo este año con resultados que superan las expectativas.

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