Coordenadas

El origen de la crisis del AICM

A 16 meses de su inauguración, el AIFA traslada solo el equivalente a 6 por ciento de los pasajeros que mueve el AICM, por lo que su papel para descongestionarlo es irrelevante.

Si usted es un usuario del Aeropuerto Internacional Benito Juárez en la Ciudad de México sabe que, sin duda, está rebasado.

En algunos horarios parece una estación del Metro, por las aglomeraciones; los retrasos son la regla; y al aterrizar, a veces hay que esperar más de media hora para que el avión se ubique en alguna plataforma.

El aeropuerto, en su versión moderna, se inauguró en 1952 pero obviamente ha tenido ampliaciones y modernizaciones a lo largo del tiempo.

La Terminal 2, sin la cual hoy el aeropuerto no podría funcionar, arrancó en el 2008.

Entre 2005 y 2019, gracias a esa ampliación, el número de pasajeros movilizados creció en 108 por ciento.

El uso del transporte aéreo se democratizó y millones de personas que jamás habían usado el avión, empezaron a hacerlo.

Pero, resulta que, con el actual gobierno, entre 2018 y 2022, el número de pasajeros que usaron en el AICM cayó en 3.1 por ciento.

Venía en camino un nuevo aeropuerto con mayor alcance y capacidad para reemplazar el actual, pero usted ya conoce la historia.

El capricho de AMLO, pasando incluso por arriba de las recomendaciones de sus consejeros como Alfonso Romo o Carlos Urzúa, cambió la historia de la industria aérea mexicana.

Hubo toda una serie de acontecimientos que determinan la crisis que hoy vive el aeropuerto, a partir de la cancelación de Texcoco y del desarrollo de Santa Lucía.

1.- El proyecto de la Terminal 3 del AICM, que tras la cancelación del nuevo aeropuerto de Texcoco iba a permitir mitigar el exceso de pasajeros en el AICM, fue cancelado en el año 2020.

Resultaba claro que había una decisión de Estado que consistía en hacer caro y poco operativo el AICM, para obligar a aerolíneas y usuarios a trasladarse al aeropuerto de Santa Lucía.

2.- El 21 de marzo de 2022 se inauguró el AIFA. Presuntamente tendría el papel de atraer una parte significativa de la demanda en el AICM y movilizar 20 millones de pasajeros anuales en el lapso de un lustro. A 16 meses de su inauguración, traslada el 6 por ciento de pasajeros de los que mueve el AICM, por lo que su papel para descongestionarlo es casi irrelevante.

3.- En marzo de 2022, como un incentivo para el AIFA, se redujo el número máximo de operaciones por hora en el AICM, de 61 a 52. Con esto se esperaba un fuerte traslado de operaciones al nuevo aeropuerto. No ocurrió.

4.- El número de pasajeros en el AICM no bajó. En marzo de 2022 se movilizaron 3.8 millones de pasajeros. En marzo de 2023, la cifra creció a 4.1 millones de pasajeros. La reducción del número máximo de operaciones por hora no tuvo impacto.

5.- La razón es que el número de pasajeros promedio por operación fue de 120 en 2022 y creció a 130 en el 2023. Es decir, aunque se redujo el número de operaciones hubo más pasajeros por cada avión. El efecto fue que el AICM no se descongestionó.

6.- Quizás el tema de fondo es la estructura financiera del aeropuerto. En sus gastos del 2022 reportó transferencias a fideicomisos (para liquidar los adeudos del NAIM), por 11 mil 543 millones de pesos mientras que la erogación en gasto de funcionamiento fue de 5 mil 316 millones de pesos. Un aeropuerto ‘normal’ tendría el triple de los recursos con los que hoy cuenta el AICM para su operación.

La terminal aérea se cae a pedazos porque el gobierno tomó la decisión política de no invertir en el aeropuerto.

Por un lado, tenemos deficiencias de funcionamiento que lo hacen más y más aversivo a los viajeros.

Y ahora, con la nueva reducción de operaciones de 52 a 43, habrá menor oferta.

Con este ajuste, la caída respecto a 2021, será de 30 por ciento en las operaciones máximas por hora.

Con ello, se espera obligar a las aerolíneas a mudarse a Santa Lucía.

Como quien dice, si el mercado no quiere hacerlo, el gobierno ha llegado a la conclusión de que habrá que obligarlo.

Se trata de la única obra funcional entre los megaproyectos de esta administración, y ni el presidente López Obrador ni las Fuerzas Armadas, quieren que fracase.

Ni modo, olvídese de la racionalidad, de la conveniencia para los consumidores o de las perspectivas de la industria, lo que verdaderamente importa es que el AIFA funcione.

Así que ponga su parte y trasládese a Santa Lucía para hacer patria. No importa que pierda tiempo y dinero.

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