Coordenadas

2024: ¿sacar ya los botes salvavidas?

Desde hace varias semanas, corrió la versión de que cada partido de la alianza podría postular a un prospecto al cual se sumaría otro de la sociedad civil, opina Enrique Quintana.

La semana que termina, quizás como nunca antes, definió los grandes dilemas en los que se encuentra la oposición.

Por un lado, el líder del partido que tiene a su cargo organizar el proceso de selección de un candidato de la alianza opositora, el PAN, señaló que debía existir un proceso de filtro para los aspirantes.

Marko Cortés refirió a algunos que se trataba de que consiguieran un millón de firmas si se querían mantener como aspirantes, lo que sacó chispas, sobre todo entre algunos de los aspirantes de su partido.

Luego estuvo el enfrentamiento abierto del PRI y Movimiento Ciudadano (MC), que parece abrir un abismo entre las dos fuerzas políticas y eliminar la posibilidad de que MC se sume a la alianza opositora.

Morena debería estar festejando estos hechos, pero resulta que, en su propia cancha, las diferencias entre Claudia Sheinbaum y Marcelo Ebrard parecen haberse ahondado.

Vaya cuadro con el que nos encontramos a una semana de las elecciones estatales del 2023.

Pero, veamos hoy con detalle lo que pasa con la alianza opositora.

Resulta que los aspirantes a la candidatura presidencial de Va por México ya casi son 15 personas.

Algunos son del PRI, otros del PAN y al menos uno sin partido.

Pensar que puede realizarse una consulta o una elección primaria, lo que sea, con este número de prospectos en México, es tirarse de cabeza al precipicio.

El ganador podría llegar con menos del 15 por ciento del respaldo.

Tiene que haber alguna fórmula para reducir ese número.

Desde hace varias semanas, corrió la versión de que cada partido de la alianza podría postular a un prospecto al cual se sumaría otro de la sociedad civil.

Si ese fuera el caso, cada partido podría establecer el mecanismo que quisiera para seleccionar uno y la llamada sociedad civil tendría que hacerse bolas para proponer a alguien.

Si el mecanismo deriva de una recolección de firmas o de una elección primaria, en cualquiera de los casos, tendrán ventaja los candidatos que tienen respaldo de aparatos.

Si la definición proviene de una encuesta, entonces serán los más conocidos los que lleven las de ganar.

Por eso el enfrentamiento entre Lilly Téllez y Santiago Creel. La primera puede ser competitiva en una encuesta, pero lleva la de perder en una elección primaria.

En el caso del PRI, no hay una disyuntiva tan clara, pero lo más probable es que si Alito Moreno realmente -no es broma- quisiera contender por la candidatura, llevaría la de ganar en un esquema de firmas o elecciones primarias.

Si no participara, la competencia podría estar más reñida.

En el caso del PRD, sus aspirantes serían testimoniales en una contienda entre los diferentes partidos.

Cuando uno ve este panorama, se puede dudar de que la oposición esté tomando en serio la competencia electoral.

Así como hoy se ven las cosas, se están creando las condiciones para que Morena arrase, cualquiera sea su candidata o candidato.

Por si algo faltara, Movimiento Ciudadano se lanzó a una campaña de descrédito del PRI, que no puede leerse sino como una movida para erosionar a ese partido.

Los indicios que hay hasta ahora indican que MC va a ir con un candidato propio que no va a tener ninguna oportunidad de ganar.

Pero el efecto electoral que pueda tener un candidato de MC… depende de quién sea.

Si fuera algún personaje menor, va a tener la tarea de mantener el registro de MC y preparar el terreno para la gran batalla del 2030.

Pero si resultara, que esa candidatura fuera la de algún morenista que defeccionara, particularmente Ebrard o Monreal, entonces le podría hacer alguna travesura a Morena y al candidato o candidata oficial, y quitarles algunos puntos que podrían ser muy importantes para la definición del balance político a partir del 2024.

El proceso de competencia interna de Morena y las potenciales fricciones entre aspirantes colocan al partido del presidente en su momento más débil desde que fue fundado… siempre y cuando hubiera una oposición que considerara que esta elección es como el plebiscito chileno de 1988 y la disyuntiva es la continuidad del régimen o la democracia.

Por lo que he visto, desde la oposición no se ve esta disyuntiva y más bien consideran que esta elección es una más y lo que hay que asegurar es una buena mesa… para poder escuchar cómodamente a la orquesta del Titanic.

¿Habrá que ir sacando ya los botes salvavidas?

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