Coordenadas

Cómo AMLO usa a sus críticos

Con su discurso polarizante, el presidente logra que una parte de la sociedad lo aborrezca, y con ello, que quienes lo respaldan lo hagan todavía con mayor devoción.

Uno de los grandes éxitos de la comunicación del presidente López Obrador es su capacidad para polarizar.

Tiende a impedir miradas serenas y equilibradas. En contraste propicia reacciones de admiración y amor, o bien de aborrecimiento y odio.

¿Por qué digo que se trata de un gran éxito de su comunicación?

Por el hecho de que logró entender que había una mayoría de la población que estaba insatisfecha con los gobiernos anteriores y logró ponerla de su lado.

No se trataba solo de los resultados económicos o en materia de seguridad pública, sino de la imagen que proyectaron. De las ideas modernizadoras, de su vocación reformista, y en el caso específico del gobierno de Peña Nieto, de la percepción de una corrupción rampante.

López Obrador logró que mucha gente de estratos diversos percibiera la posibilidad de cambiar ese estado de cosas respaldándolo a él.

Su elección no fue simplemente la expresión de una preferencia por un candidato respecto a otros, sino la búsqueda de una ruptura con el pasado inmediato y con una clase política odiada por la mayoría.

El discurso y la comunicación de López Obrador a lo largo de la primera mitad de su gobierno logró mantener un nivel de respaldo mayoritario entre la población pese a que los resultados de su gestión son desastrosos en muchos indicadores.

Por ejemplo, el más obvio es la caída de la economía, que aún con un crecimiento de 6 por ciento este año, estará 3 por ciento por abajo del nivel de 2018.

La cantidad de homicidios dolosos, como expresión de la inseguridad, habrá rebasado con mucho a la de sexenios anteriores y apenas a la mitad del sexenio habrá rebasado los 100 mil. Los datos del Coneval indican un crecimiento significativo de la pobreza. Y las 558 mil muertes excedentes desde el comienzo de la pandemia hasta septiembre de este año, revelan un saldo terrible y muy doloroso de la gestión de esta crisis sanitaria.

Hay muchos que no entienden cómo es posible que, pese a esos resultados, alrededor del 60 por ciento de la población respalde a AMLO, según revelan la mayoría de las encuestas.

Muchos de los que lo apoyan no le exigen cuentas. Lo siguen viendo como la expresión de una esperanza de cambio.

Con su discurso polarizante, que logra que otra parte de la sociedad no solo lo critique, sino que lo odie, lo insulte y lo aborrezca, consigue que quienes lo respaldan lo hagan todavía con mayor devoción.

Es cierto que, de acuerdo con los resultados electorales de este año, perdió una parte del apoyo que tuvo en 2018, sobre todo de las clases medias.

Pero la pérdida no fue suficiente para perder la mayoría.

AMLO no solo genera polarización, sino que impide el surgimiento de otras narrativas. A muchos de sus críticos les es tan indispensable como a sus apologistas. Los discursos de ambos giran en torno a lo que dice y hace.

Es el viejo recurso de las estrellas de cine o TV, que buscan que se hable de ellos, no importa si bien o mal. El asunto es estar es boca de todos.

Mientras la oposición no sea capaz de contar una historia diferente, que no sea reactiva a la que cuenta el presidente, sino que tenga un argumento propio, el respaldo al presidente López Obrador continuará y Morena tendrá vía libre para retener la presidencia de la República y la mayoría de las Cámaras en 2024.

Paradójicamente, las críticas, tal y como se expresan la mayoría de ellas -no todas- refuerzan la posición presidencial.

En el extremo, hay quienes piensan que todos los que apoyan a AMLO son imbéciles, manipulados, comprados, ambiciosos, y póngale usted una larga lista adicional de calificativos.

Los aludidos, al saberse tratados de ese modo, simplemente reafirman su vocación de respaldar a López Obrador.

Hasta ahora no hay fuerzas políticas o personajes suficientemente influyentes que tengan un discurso en el que transmitan entendimiento del por qué hay respaldo a AMLO y que ofrezcan una opción real a quienes hoy se identifican con el presidente.

Mientras eso no ocurra, AMLO y los posibles sucesores que él defina (por la vía de las encuestas hechas a modo como siempre ha sucedido) tendrán campo abierto para que el gobierno de la 4T dure al menos otro sexenio.

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