Coordenadas

AMLO y la manía de jugar con fuego

La presencia de los presidentes de Cuba y Venezuela en la CELAC es algo que Estados Unidos seguramente no dejará pasar de largo.

Tener reunidos en México y dar tribuna a los presidentes Miguel Díaz Canel, de Cuba; a Nicolás Maduro, de Venezuela; a Luis Arce, de Bolivia, entre otros, es como jugar con fuego.

Con suerte no pasa nada, pero el riesgo de quemarse es grande. Y eso fue lo que hizo el presidente López Obrador en días recientes.

Pero, comencemos por el principio y remontémonos 11 años atrás.

Era el mes de febrero del año 2010 cuando, en una reunión en Cancún del llamado Grupo de Río, conformado con jefes de estado de la región, se acordó la formación de una Comunidad de Estados de América Latina y el Caribe, la CELAC.

Algunos de los promotores de esta nueva agrupación, como Hugo Chávez y Evo Morales, pretendían la creación de una entidad que sustituyera a la OEA. Pero otros jefes de estado participantes, como Felipe Calderón y Luiz Inácio Lula da Silva, rechazaron tal intención.

En diciembre del 2011 se realizó una nueva reunión en la que nació formalmente esta organización en la ciudad de Caracas, para coincidir con la conmemoración del bicentenario de la independencia de Venezuela y como un homenaje a Simón Bolívar.

En ese entonces, la CELAC se ajustó sobre todo al interés del gobierno de Chávez quien insistió en eliminar a la OEA y desaparecer el organismo continental en el que estaba presente Estados Unidos.

A lo largo de los años, la CELAC ha tenido altibajos. Cuando algunos gobiernos de América Latina han buscado distanciarse de Estados Unidos han tratado de revivirla, y cuando quieren acercarse, la dejan aletargada.

Las cinco cumbres que realizó, previas a la de México, en Santiago de Chile, La Habana, Costa Rica, Quito y Punta Cana, en la Dominicana, han pasado sin pena ni gloria.

La reunión de México se construyó a la medida de López Obrador, como un foro en el cual estableciera un liderazgo en la región y pintara su raya frente al gobierno de Estados Unidos.

El presidente mexicano tenía interés de que luego de este encuentro, en unos días más, estuviera en nuestro país Joseph Biden, a quien invitó a los festejos del 200 aniversario de la consumación de la independencia.

Biden no aceptó y será el secretario de Estado, Anthony Blinken, quien acuda en su representación.

López Obrador sabe que la posición doméstica del gobierno de Biden es frágil.

Por ejemplo, una encuesta de Reuters/Ipsos realizada los días 15 y 16 de septiembre señala que el 50 por ciento de los norteamericanos rechaza la gestión de Biden y 44 por ciento está a favor. Desde que llegó al gobierno su aprobación ha caído en 11 puntos y su rechazo ha subido 14 puntos.

Está en el momento políticamente más complicado de su administración, hasta ahora.

En esta coyuntura, el gobierno mexicano ha lanzado señales que seguramente no gustan nada en Washington, como el tono adoptado por esta reunión de la CELAC.

Los jefes de Estado de Uruguay y Paraguay tuvieron que hacer explícito el que su presencia en el encuentro no significaba el aval al régimen de Maduro.

Sin embargo, para México, la presencia del sucesor de Chávez en Venezuela, era un ingrediente de la estrategia.

Si el objetivo fuera distanciarse de Estados Unidos, el tono de la cumbre de la CELAC hubiera sido coherente con ese propósito.

Pero si hace apenas unos cuantos días, en la reunión del Diálogo Económico de Alto Nivel, en Washington, se hizo manifiesta la conveniencia de una mayor integración de nuestras economías, entonces no se entiende el tono adquirido por la reunión de la CELAC.

La propuesta de AMLO de que América Latina formara algo así como la Unión Europea no tiene ni pies ni cabeza, ni tampoco el que Estados Unidos se integrara más a Latinoamérica.

Estas expresiones nos hacen entrever una esquizofrenia en el trato con nuestro vecino del Norte.

Requerimos a los norteamericanos para que nos apoyen económicamente y nos donen vacunas, pero creemos que están tan necesitados de México que van a pasar por alto el que se haya dado espacio y legitimidad a los gobiernos de Venezuela y Cuba.

El nuevo embajador de Estados Unidos en México, Ken Salazar, a quien se le trató con poco tacto en la festividad del 16 de septiembre al mandarlo hasta la última fila de las gradas, lo dijo de manera muy diplomática hace un par días: México y EU no deben distraerse por temas como el de la búsqueda de sustituir a la OEA.

Si traducimos el lenguaje diplomático a los hechos concretos, la pregunta es: ¿en qué momento el gobierno de Biden se va a cansar del doble juego de la administración de López Obrador y cómo va a mostrar su molestia con el gobierno mexicano?

No lo sé. Pero, le puedo asegurar que no se va a dejar pasar de largo.

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