Enrique Cardenas

Mi umbral

La serie de noticias que vemos todos los días nos invitan a preguntarnos cuáles son nuestros umbrales respecto de una gran variedad de temas.

Universidad Iberoamericana de Puebla, Puebla contra la Corrupción e Impunidad

La Real Academia de la Lengua Española define la palabra ‘umbral’, en una de sus acepciones, como el “valor mínimo de una magnitud a partir de la cual se produce un efecto determinado”. Es decir, es el momento o el lugar en el cual algo ya cambió, ya se pasó un límite, una ‘raya roja’ a partir de la cual las cosas ya no son las mismas.

La serie de noticias que vemos todos los días nos invitan a preguntarnos cuáles son nuestros umbrales respecto de una gran variedad de temas. Algunas historias nos permiten visualizarlo con mayor claridad. Por ejemplo, una mujer llamada Guadalupe a quien conozco ya fue vacunada en las dos dosis. Ella es el sostén principal de la casa y vive con su mamá, quien padece de ansiedad, obesidad y otra serie de padecimientos que la tienen en su casa prácticamente todo el tiempo. Hace unos días, Cecilia, la hermana menor de Guadalupe, de 29 años de edad, contrajo Covid y se encuentra en cama en su casa pues no la aceptan en ningún hospital a pesar de requerir oxigenación. No se ha podido vacunar pues las inoculaciones para ese grupo de edad no han llegado a Atlixco. Hoy, Guadalupe tiene que dejar de trabajar y guardar cuarentena pues vive en el mismo domicilio con su hermana y su madre. En ocasiones les ayuda su papá con algún dinero. Él vive en New Jersey desde hace más de 20 años y, gracias a la ayuda que recibe del gobierno de Estados Unidos por la pandemia, les ha mandado un dinero que les permite ayudarse para atender las enfermedades de la madre y ahora a sobrepasar la cuarentena, y la falta de ingresos, de su hija Guadalupe, quien es el sostén familiar. ¿Por qué suceden estas cosas cuando supuestamente se ha ayudado a la gente pobre y hay vacunas suficientes?

El 4 de noviembre de 2019, nueve miembros de la familia Le Baron, específicamente tres mujeres y seis menores de edad fueron asesinados en el camino entre las comunidades de San Miguelito, Sonora y Pancho Villa, Chihuahua. Los perpetradores de la matanza no se han ubicado y el crimen sigue impune, por más que los esposos y padres de los niños hayan recurrido a las autoridades a nivel federal y estatal, o que hayan marchado con miles de familiares de víctimas del crimen, sin que sus demandas hayan sido atendidas con eficacia y prontitud. Más bien, la impunidad prevalece en éste y en decenas de miles de casos de desaparecidos y asesinatos dolosos, que llegan a más de 30 mil anualmente. Las masacres siguen cometiéndose en México cotidianamente. Es evidente que la impunidad que prevalece es tal, que la procuración expedita y eficaz de la justicia no parece existir en México.

Hace unos días la Fiscalía General del estado de Puebla consiguió que un juez librara orden de aprehensión en contra del rector de la Universidad de las Américas-Puebla por presuntos delitos de lavado de dinero y crimen organizado, lo cual no es creíble. El rector pidió licencia para preparar su defensa, aunque obviamente no se ha sabido nada de él. De la misma forma, el fiscal general de la federación ha logrado retener en su domicilio a su cuñada de 93 años y ha logrado meter a la cárcel a la hija de ésta por supuestamente no brindar la atención médica necesaria al hermano del fiscal, quien falleció a la edad de 82 años. La sospecha de una gran arbitrariedad ha llevado a la indignación social sobre este caso. Más recientemente, el mismo fiscal general ha intentado que un juez otorgue órdenes de aprehensión a 31 científicos y exfuncionarios del Conacyt por su presunta comisión de delitos de peculado, uso ilícito de atribuciones y facultades, lavado de dinero y delincuencia organizada. Afortunadamente, ha habido una reacción generalizada de indignación y apenas ayer un juez federal resolvió que no hay causa suficiente para hacer efectivas las órdenes de aprehensión que reclama la Fiscalía. No obstante, la sensación de que cualquier persona puede ser perseguida por la justicia, por insólito que sea el caso, queda entre nosotros.

La militarización de la seguridad pública, la entrega de operaciones lucrativas a las Fuerzas Armadas sin escrutinio ni rendición de cuentas como los nuevos aeropuertos, el Tren Maya y el Corredor Transítsmico, la operación de los puertos y las aduanas, la ocupación de puestos civiles en manos de exmilitares, la militarización del Instituto Nacional de Migración han sido la norma de este sexenio. Cada vez es más común ver a militares en las calles y preocupa el papel que han tomado las Fuerzas Armadas en este sexenio. ¿Hasta cuándo?

Con estos cuantos ejemplos uno puede preguntarse, ¿cuál es el umbral que considero sensato en este tipo de situaciones? ¿Hasta dónde estoy dispuesto a empujar ese umbral un poco más allá? ¿Se cruzó ya una línea roja? En resumen, ¿cuál es mi umbral?

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