Enrique Cardenas

La gente salió a votar ¿por convicción o por dinero?

La afluencia de votación por encima del promedio se puede explicar, como en la Ciudad de México, por la decisión de clases medias de todos niveles para salir a emitir un voto útil.

Universidad Iberoamericana de Puebla, Puebla contra la Corrupción e Impunidad

La elección del pasado domingo marcó un récord en participación durante una elección intermedia. Votó alrededor de 53 por ciento del electorado, cuando normalmente se alcanzan esos porcentajes sólo en votaciones para presidente de la República. Cierto, el pasado domingo hubo 15 gubernaturas en juego y eso pudo hacer más alta la participación. Pero eso no se sostiene cuando se ve la participación en los estados que tuvieron elección de gobernador: Tlaxcala (donde se eligió gobernadora) y los estados hacia el sur tuvieron una participación por encima del promedio (arriba de 60 por ciento), mientras que los estados del norte, incluso en estados donde se eligió gobernador como Baja California, Baja California Sur, Sonora, Chihuahua, Sinaloa y Nayarit, su participación fue de entre 33 y 40 por ciento.

En contraste, en la Ciudad de México, el occidente de la ciudad, donde ganó la oposición, tuvo un grado de participación mucho más elevado que en el este de la ciudad, donde se mantuvieron Morena y sus aliados. En el occidente la participación fue por encima de 60 por ciento mientras que en el oriente fue menor a 40 por ciento.

¿Qué podría explicar estas diferencias? En su reporte “Gasto en programas consentidos: desenfreno electoral” (https://www.mexicoevalua.org/gasto-en-programas-consentidos-desenfreno-electoral/), México Evalúa apunta que se disparó el gasto en subsidios y programas sociales durante el primer trimestre de 2021. Se erogaron 171.8 miles de millones de pesos (37 por ciento del presupuesto del año) y más de 50 mil millones de pesos más que el año pasado. Son cifras que muestran la inyección de recursos extraordinaria para subsidios sociales capaces de comprar millones de voluntades.

No sólo eso, se erogaron 27 mil 151.3 millones de pesos que no se pueden ubicar geográficamente (hace un año fueron ‘solamente’ 8.1 mil millones). Es decir, pareciera que esos 19 mil millones de pesos adicionales se colocaron en lugares no determinados por los programas establecidos, sino de manera discrecional (hubo 19 millones de votos por Morena, en promedio mil pesos por voto). “Ahí donde hicieran más falta”. De los 27 mil millones, 12 mil fueron para el programa Producción para el Bienestar, 5 mil 240 millones para Precios de Garantía a Productos Alimentarios Básicos, 3 mil 612 al Programa de Vivienda Social, mil 935 millones al Programa de Mejoramiento Urbano, mil 228 al Programa de Fomento a la Agricultura, Ganadería, Pesca y Acuacultura entre los más importantes. La variedad es tan amplia que se pueden acomodar de manera estratégica electoral, sin recato, al no tener claridad sobre los padrones de beneficiarios oficiales, pues no son auditables. Es una hipótesis en este momento, pero con suficiente evidencia para que amerite una investigación específica.

Por otra parte, la afluencia de votación por encima del promedio se puede explicar, como en la Ciudad de México, por la decisión de clases medias de todos niveles para salir a emitir un voto útil. Este fenómeno, los datos preliminares indican, también se registró en otras zonas urbanas del país. La convocatoria de la sociedad civil por salir a votar en contra del autoritarismo, en defensa del INE y por nuestras libertades que promovieron Sí por México y un gran número de organizaciones y actores de nuestra sociedad, tuvo respuesta contundente. La participación de más de 60 por ciento en el occidente de la Ciudad de México, y alrededor de 50 por ciento en las zonas metropolitanas como Guadalajara, Monterrey y Puebla reflejan que, sin necesariamente avalar a los candidatos y candidatas de los partidos de la oposición, era fundamental emitir un voto de castigo al gobierno de Andrés Manuel López Obrador.

Todavía hay que hacer un análisis pormenorizado de estas elecciones, incluyendo lo que ocurrió en los distritos que ganaron candidatos del Partido Verde en alianza con Morena y el PT. Pero esperando este análisis, pueden adelantarse dos conclusiones: uno, el clientelismo electoral y el uso de programas sociales llegó a niveles escandalosos, a pesar de que este gobierno estableció que ahora son delitos que pueden llevar a la cárcel; dos, hubo una revuelta de clases medias “que leen el periódico y saben lo que está ocurriendo” en contra del gobierno (y no necesariamente a favor de los partidos de oposición), que logró grandes triunfos para contener la hegemonía de Morena en el Congreso. Sería importante saber cuántos votos más hubieran logrado los partidos si hubieran mostrado más apertura y cuidado en la selección de candidatas y candidatos.

Finalmente, el INE fue el campeón de esta contienda. Me da escalofríos pensar cuáles hubieran sido los resultados sin su eficaz y profesional labor.

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