Enrique Cardenas

¿Cuándo pedirá perdón López Obrador?

El gobierno federal no reconoce ningún tipo de responsabilidad en el fallecimiento de cientos de miles de mexicanas y mexicanos, cuyas familias enfrentan sus pérdidas de manera callada.

Universidad Iberoamericana de Puebla, Puebla contra la Corrupción e Impunidad.

El presidente López Obrador es, probablemente, el mandatario que más haya exigido que se le pida perdón a México y quien dice ser el que más haya ‘ofrecido’ pedir perdón. Exigió, en dos ocasiones, que España y el Vaticano le pidieran perdón a México por las atrocidades de la Conquista (le hicieron ver que ya lo habían hecho). Las últimas veces que el presidente ‘pidió perdón’ fueron a los 300 chinos masacrados en Torreón durante la Revolución Mexicana, a los mayas por la Guerra de Castas y, después de su lamentable expresión de “al carajo”, pidió perdón a las víctimas de la tragedia de la Línea 12 del Metro.

No soy experto en el tema tan complejo del ‘perdón’, pero algo que aprendí desde mis años escolares en el extinto Instituto Patria de los jesuitas, es que si vas a pedir perdón debe ser de corazón, convencido de que hiciste algo mal y que estás arrepentido de tus actos. Si no lo estás, realmente no tiene ningún efecto ni tampoco ningún mérito.

No dudo que sea valioso que un jefe de Estado pida perdón por crímenes o hechos de Estado que se hayan perpetrado en el pasado en contra de un pueblo, un grupo étnico o religioso. Me parece, de hecho, un acto mínimo para iniciar un proceso de reconciliación entre las partes. Pero como dije, debe ser sincero y de corazón, y que se aplique a aquellos casos donde haya clara responsabilidad del Estado para atrocidades del pasado, o del gobierno en turno si son faltas actuales.

Para este último caso, el único perdón que ha pedido López Obrador es por la tragedia de la Línea 12. Claramente no fue ni de corazón ni sincero. Se dio después de sus exabruptos iniciales y de su negativa a visitar a las víctimas, y dos largas semanas después del ‘incidente’. Pareciera que la disculpa podría ser más bien electoral, pero ese no es el punto que quiero subrayar.

Se trata más bien de reconocer las veces que López Obrador NO sólo no ha pedido perdón, sino que además ha habido claro desdén hacia las víctimas. No ha pedido perdón por las muertes de niñas y niños por falta de medicamentos, como quienes padecen cáncer, o por la mala administración y reducción presupuestal que han provocado el desabasto de medicinas, vacunas y tratamientos que ahora sabemos ha cobrado miles de vidas en el último año. Tampoco ha pedido perdón a los familiares de las 137 personas que fallecieron en la explosión de Tlahuelilpan, que ocurrió horas después del derrame de gasolina en una toma clandestina, y ante el tibio llamado de las Fuerzas Armadas para evitar que los habitantes permanecieran en el lugar extrayendo combustible.

López Obrador tampoco ha pedido perdón por las miles de muertes ocasionadas por su falta de actuación en contra del crimen organizado, y por la falta de resultados de su estrategia de seguridad. Los homicidios dolosos llegan ya, al 14 de mayo, a 83 mil 311 en lo que va del gobierno actual. Según Tresearch, reseñado por Raymundo Riva Palacio en estas páginas, son 19 mil 563 más que en todo el periodo de Peña Nieto y 37 mil 975 más que en el sexenio completo de Calderón. A este ritmo, estaríamos llegando a casi 200 mil al final del sexenio.

El presidente López Obrador tampoco ha pedido perdón a los familiares de los 200 mil fallecidos por Covid-19 que pudieron ser evitados, de acuerdo con un estudio de la Universidad de California. Guardar un minuto de silencio por los fallecidos causados por la pandemia no es ni remotamente suficiente para expresar un pesar por lo ocurrido. Incluso ha protegido a López-Gatell a pesar de su pésimo manejo de la pandemia.

En todos estos casos, y uno podría enumerar otros más, la constante es que el presidente no reconoce que se pudieron haber evitado las tragedias. Por ejemplo, darle mantenimiento al Metro, o que los soldados impidieran a los habitantes de Tlahuelilpan permanecer en el lugar del derrame, o asegurar el abasto de medicinas y vacunas suficientes para evitar muertes de niños, jóvenes y adultos. López Obrador ni siquiera duda en haber llevado a cabo una política de seguridad inefectiva y promover el desmantelamiento de las policías estatales y municipales al eliminar el Fortaseg, o tomar una variedad de medidas como el control de los contagios de la pandemia para evitar la muerte de cientos de miles de personas.

No, el gobierno federal actual no reconoce ningún tipo de responsabilidad en el fallecimiento de cientos de miles de mexicanas y mexicanos cuyas familias están ahí, enfrentando sus pérdidas de manera callada, resignada. ¿Cuándo reconocerá López Obrador su responsabilidad y pedirá verdaderamente perdón?

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