El 17 de enero pasado, la presidenta Sheinbaum convocó a un grupo de economistas distinguidos a discutir algunos aspectos de la marcha de nuestra economía. Algunos medios calificaron la orientación ideológica del grupo como de “desarrollismo pragmático”, es decir, un papel activo del Estado para impulsar el crecimiento, sin descuidar los equilibrios macroeconómicos.
La convocatoria reveló un flanco de Sheinbaum que no conocíamos hasta ese momento: dentro de ciertos parámetros ideológicos, la presidenta está abierta a discusiones rigurosas de política pública. Ahora bien, en esta misma línea, me parece que Sheinbaum podría realizar algo que ningún otro presidente mexicano ha hecho en décadas: convocar a 25 de las mejores mentes del mundo para reflexionar sobre el México que queremos construir durante el próximo medio siglo y formular una estrategia nacional de prosperidad, democracia y paz.
México lleva cerca de 40 años creciendo a una tasa promedio cercana al 2% anual, muy por debajo de sus posibilidades. La productividad es baja, la informalidad enorme y millones de mexicanos carecen de oportunidades de movilidad social. A este rezago económico se agregan otros dos problemas. Nuestra democracia atraviesa una etapa de polarización, en la que se han debilitado algunos de los contrapesos que ya se habían construido. Además, el crimen organizado conserva una capacidad extraordinaria para generar violencia, controlar mercados y territorios, extorsionar y ejercer influencia electoral.
Solemos tratar estas tres crisis —crecimiento, democracia y seguridad— como asuntos independientes. Sin embargo, parecen manifestaciones de un mismo problema: nuestra incapacidad crónica para construir instituciones que nos permitan contar con un Estado capaz, una economía productiva, una democracia robusta y una sociedad pacífica.
Por eso propongo que la presidenta convoque un Consejo para la Prosperidad Compartida, la Democracia y la Paz: México 2075. No se trataría de importar recetas ni de regresar al viejo Consenso de Washington. El Consejo reuniría diversas tradiciones: socialdemócratas y desarrollistas; especialistas en innovación y productividad; estudiosos del Estado y la democracia; juristas, criminólogos y expertos en crimen organizado.
La idea rectora podría resumirse así: México necesita un Estado más fuerte, pero no un gobierno omnipotente; mercados más dinámicos, pero no una sociedad subordinada al mercado; mayor igualdad, pero financiada por una economía mucho más productiva, y mayor capacidad coercitiva frente al crimen, pero sometida al Estado de derecho.
Un ejercicio de este tipo podría ser especialmente valioso para la izquierda mexicana. Morena construyó en pocos años una formidable mayoría electoral y modificó radicalmente la agenda pública. Su siguiente desafío es quizá más difícil: desarrollar una concepción moderna del Estado, el crecimiento, la democracia y la seguridad capaz de gobernar un país integrado a América del Norte y sometido a una revolución tecnológica que generará una gran transformación de la vida colectiva.
Sheinbaum, científica de formación, está en una posición excepcional para convocar esa discusión. Sin renunciar a la prosperidad compartida ni al papel rector del Estado, podría confrontar esas ideas con algunas de las mejores mentes contemporáneas.
Los 25 integrantes deberían ser invitados cuanto antes y disponer de unos 15 meses para trabajar en cinco mesas e integrar sus conclusiones. Sandra Ley, destacada especialista mexicana en violencia criminal y comportamiento político, podría fungir como coordinadora académica del Consejo, articulando las mesas y anclando las discusiones en nuestra realidad. El documento final podría presentarse a finales de 2027, después de las elecciones. Idealmente, los integrantes se reunirían en México para entregar sus recomendaciones a la presidenta y a su gabinete. Sería una hoja de ruta destinada a trascender este gobierno.
Éstos serían los 25 integrantes del Consejo (por orden alfabético): Adam Przeworski, Amartya Sen, Beatriz Magaloni, Bo Rothstein, Claudia Goldin, Dani Rodrik, Daron Acemoglu, David Kennedy, Eliana La Ferrara, Esther Duflo, Francis Fukuyama, Guillermo Trejo, James A. Robinson, Joel Mokyr, José Antonio Ocampo, Joseph Stiglitz, Lawrence Sherman, Mariana Mazzucato, Nora Lustig, Paul Romer, Rachel Kleinfeld, Rosalind Dixon, Santiago Levy, Steven Levitsky y Vanda Felbab-Brown.
Nueve mujeres, ocho Premios Nobel, junto con figuras de primer nivel en lo concerniente a democracia, instituciones, violencia y crimen organizado. Ninguno posee por sí mismo la respuesta. Precisamente por eso vale la pena reunirlos.
México no necesita otra colección de ocurrencias sexenales. Necesita preguntarse qué instituciones permitirían que una niña o un niño que nazca en 2027 llegue a los 50 años en un país próspero, democrático y en paz. Claudia Sheinbaum podría iniciar esa conversación ahora y convertirla en uno de los legados más trascendentes de su presidencia.
La próxima semana explicaré por qué habría que invitar precisamente a estas 25 figuras, qué aportaría cada una y, sobre todo, cuál sería la gran pregunta sobre México que deberíamos plantearle. Porque tan importante como saber a quién convocar será también saber qué preguntarle.