Imagine por unos minutos, estimad@ lector(a), que usted ha tenido la suerte de ganar una reñida elección para ser la siguiente persona que gobierne un estado de la República mexicana (un estado, como muchos otros, en el que opera, al menos, una veintena de organizaciones criminales regionales y los dos cárteles nacionales). Imagine usted también que ha trabajado intensamente para ocupar tal cargo, y que intentará desempeñarlo con toda energía, integridad y compromiso. Sin embargo, hay un tema que no lo deja a usted tranquilo y que algunos días, incluso, le impide dormir como debiera: la susodicha “seguridad pública”, una frase que todo mundo mencionaba como la gran asignatura pendiente en sus recorridos de campaña. Ya faltan pocos días para su toma de posesión e integrantes de su equipo cercano (incluso de su círculo familiar) le lanzan a menudo comentarios como los siguientes:
-”¿Qué va a hacer con el narco, gobernadora? Oiga, si decide enfrentarse a ellos, ¡tenga mucho cuidado!”.
-”Gobernadora, hay que armar un acuerdo con los malosos; no hay de otra, pues no hay forma de ganarles; a ellos los apoya mucha gente, ¡me acabo de enterar que los empresarios con los que nos reunimos están con ellos!”.
-”Gobernadora, hay que conducirnos con toda serenidad y prudencia; acuérdese de que equis grupo criminal (el que tiene predominio en nuestro estado) ya ha mandado a asesinar a varios candidatos y hasta a un exgobernador. No le tienen miedo a nadie y son capaces de todo si alguien afecta sus intereses. Ya se me acercaron varias personas y me ofrecieron sus servicios para tener una buena comunicación con ellos. Creo que sí nos podría ayudar”.
Usted mantiene la calma y piensa en silencio: hablaré de esto con el señor presidente. El día de ese encuentro tan esperado llega, un día después de su toma de posesión. Llega a usted desconcertada a Palacio Nacional, pues su nombramiento en la cartera de seguridad, anunciado el día anterior, no fue del agrado de las autoridades federales y le acaban de avisar, vía un emisario de Gobernación, que preferirían un perfil de carácter militar. Además, en la serie de reuniones sobre seguridad que tiene esa mañana se topa con rostros adustos y diálogos meramente protocolarios. Nadie le explica con claridad y precisión cuál es la situación, hoy por hoy, del crimen en la entidad ni cuáles son los principales riesgos que está por enfrentar. Nadie le da tampoco los pormenores de la estrategia de seguridad que se está implementando (quizás porque, al parecer, si esa estrategia existe, es una pifia). Algunos funcionarios alcanzan a decirle que “han trabajado bien, hasta ahora, de la mano con el exgobernador”, que “ha mejorado la coordinación”, pero que “aún falta mucho por hacer”, dado la ausencia de resultados que muestran las tendencias de los principales delitos. Cuando usted pregunta sobre los recientes recortes presupuestales al sector seguridad, sus interlocutores, un tanto apenados, se encogen de hombros y exclaman: “Gobernadora, son tiempos de austeridad republicana”. En este primer escenario, cuál cree usted que será su decisión, como nueva gobernadora, frente al crimen organizado, ¿combatirlo o administrarlo?
Imagine usted ahora un escenario distinto. Al día siguiente que es reconocida formalmente como nueva gobernadora del estado, recibe llamadas de los titulares de Sedena, Semar, SSPC, SHCP, CNI y SAT para felicitarla y solicitar que se celebren de inmediato reuniones, tanto en su entidad como en la Ciudad de México, para informarle a usted y a su equipo, tanto los detalles de la estrategia de seguridad y pacificación que se ha implementado en los últimos años, como de sus logros e insuficiencias. Además, el comandante de la Guardia Nacional solicita su autorización para que un grupo de expertos certificados revise de inmediato los perfiles de su equipo de escoltas y realice auditorías de seguridad de domicilios particulares, oficinas, vehículos y equipos de comunicación. Se le aclara, además, que, por ser su estado de alto riesgo criminal, tendrá derecho a gozar de protección hasta 10 años después de que concluya su encargo. Por lo que se refiere al presupuesto de seguridad, se le informa que éste no experimentará cambios en el corto plazo, y que el gobierno federal la apoyará con capacitación de alto nivel para su personal de inteligencia (de seguridad y financiera) y para aquellos elementos que formen parte de las unidades operativas que enfrenten a los brazos armados del crimen organizado. Finalmente, recibe usted la visita de varios representantes de agencias oficiales de seguridad e inteligencia norteamericanas (Estados Unidos y Canadá) y sudamericanas (Colombia y Chile) para ofrecerle diversos tipos de apoyo a bajo costo en caso de que su gobierno los requiera.
En este segundo escenario, cuál cree usted que sería su decisión, como nueva gobernadora, frente al crimen organizado, ¿combatirlo o administrarlo?
Moraleja: para que l@s gobernador@s combatan y no sólo administren el crimen organizado, varias condiciones deben cambiar.