Eduardo Guerrero Gutiérrez

El político y el policía

Lo que más preocupa a los mexicanos es la inseguridad, y lo primero que esperan de sus gobernantes es que sean capaces de recuperar la paz.

Lo que más preocupa a los mexicanos es la inseguridad, y lo primero que esperan de sus gobernantes es que sean capaces de recuperar la paz. Me parece que al menos eso ya queda claro. En mi trabajo como consultor hablo frecuentemente con políticos de todo el país. En el caso de los alcaldes, la posibilidad de reelegirse ha creado un incentivo sano: tienen muy presente que les será muy difícil si la gente percibe que no hicieron una buena labor en seguridad. Los gobernadores también se han dado cuenta de que el camino para posicionarse como figuras nacionales pasa necesariamente por una gestión exitosa en la materia.

Por lo tanto, todos buscan, como si fuera el santo grial, la receta para dar resultados en materia de seguridad. Por supuesto, la receta como tal no existe. La inseguridad no es un fenómeno monolítico. En realidad se trata de un conjunto de problemas vinculados de manera tangencial. Cada uno de estos problemas demanda estrategias de diversa índole: acciones policiales o de prevención social, de capacitación a las víctimas potenciales o incluso de regulación económica. Poner en práctica las estrategias necesarias es un tema sumamente complejo, tardado y, a veces, riesgoso.

Sin embargo, desde una perspectiva más general hay un paso que todos tendrían que dar, pero que la mayoría omite. La seguridad es un tema esencialmente técnico y se necesita, sí o sí, de funcionarios (tecnócratas si se quiere) que tengan experiencia y que sean capaces de echar a andar la maquinaria. En realidad son ellos a quienes les corresponde romperse la cabeza pensando en operativos y estrategias para disminuir el robo en el transporte público o el cobro de cuota. Sin embargo, muchos políticos todavía creen que pueden prescindir de un cuerpo de profesionales al mando de las instituciones locales de seguridad y prefieren recurrir a personas sin experiencia pero incondicionales.

Pienso en las entidades federativas que, a pesar del difícil panorama nacional, han remado contracorriente y han logrado posicionarse en los últimos años, así sea de manera parcial, como casos de éxito. Me viene a la mente la CDMX (que se perfilaba como zona de desastre al concluir la administración de Miguel Ángel Mancera y que, de 2019 a 2021, logró reducir los homicidios dolosos 35 por ciento); también Tamaulipas, que en el gobierno del polémico Francisco García Cabeza de Vaca logró un bajón de los homicidios, y que llevó a Tampico a colocarse como una de las ciudades con mejor percepción de seguridad del país; pienso por último en Yucatán, que no deja de sorprender por mantener niveles europeos de incidencia delictiva.

Estas tres entidades son disímiles en casi todo, desde el tipo de desafíos criminales a los que hacen frente, hasta la filiación política de los gobernantes. Sin embargo, hay una coincidencia: en algún momento los jefes del Ejecutivo entendieron que necesitaban profesionales al frente de la Policía, no a cuates ni a operadores políticos. El caso más notorio es el de Omar García Harfuch en la capital. Se trata de un funcionario que se aleja del típico perfil que promueve la 4T. De hecho, García Harfuch tiene el pecado original de haber trabajado en la Policía Federal en tiempos de García Luna. Sin embargo, conoce el oficio y trabaja con un equipo de técnicos que ha dado resultados; en homicidio doloso, pero también en delincuencia común y en la lucha contra las mafias que asedian a los comerciantes de varias alcaldías.

Así que mi sugerencia para cualquier alcalde o gobernador que de verdad quiera avanzar en materia de seguridad es ésta: por favor no ponga de director/secretario de Seguridad a su compadre o mejor amigo; tampoco pida que le recomienden a alguien en Palacio Nacional o en la capital de su estado (si es alcalde). Busque usted mismo a un profesional, puede ser civil o militar, pero es importante que ya tenga experiencia como mando policial, que tenga vocación de servicio y que quiera hacer carrera y vida en la comunidad. No es fácil dar con el perfil, pero créame, alguien habrá. Haga equipo con él, pero déjelo operar sin interferencias mientras dé resultados, y procuren juntos que la policía se consolide como una institución donde el mérito cuente. Sobre todo, piense que lo ideal sería que este director o secretario de Seguridad sea visto por todos, incluyendo sus adversarios, como un funcionario eficaz, autónomo y neutral. Alguien que hace su chamba bien y al margen de grillas. De esta forma, el día de mañana, incluso cuando usted se vaya, la seguridad en su estado o su municipio quedará en buenas manos.

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