Hoy tendré el gusto de participar en una conversación acerca de los resultados del más reciente Censo Nacional de Gobiernos Municipales y Demarcaciones Territoriales de la CDMX. Este censo da continuidad a un esfuerzo que el Inegi realiza bienalmente desde 2011, y que constituye una herramienta fundamental para cualquier interesado en estudiar los gobiernos municipales de México, así como para entender fenómenos sociales (como la delincuencia) que en gran medida son definidos por la labor de las autoridades locales. A continuación comento cuatro hallazgos, a raíz de los datos del censo, que me parecen interesantes:
El primero es que, a pesar de la terrible crisis de inseguridad que ha golpeado al país, hoy tenemos menos policías municipales per cápita que una década atrás. En 2011, en las policías municipales de México había 157 elementos y funcionarios por cada cien mil habitantes; para 2021 la cifra cayó a 147. La reducción no es dramática, y en alguna medida se explica por la decisión de desaparecer prácticamente la totalidad de las corporaciones municipales en Tamaulipas. Sin embargo, esta reducción también revela que la promesa de “fortalecimiento institucional”, que en muchos lugares del país necesariamente implica contar con más elementos, simplemente no se ha concretado.
Un segundo hallazgo concierne a un tema que frecuentemente pasa desapercibido: la trayectoria de los elementos policiales. En particular, si éstos tienen o no la posibilidad de moverse de una corporación a otra conforme avanzan sus carreras. En este tema hay una intrigante disparidad. En algunos estados es francamente excepcional que las policías municipales recluten elementos que vienen de otras corporaciones. En las policías municipales de Aguascalientes, Chiapas, Chihuahua, Quintana Roo y Tabasco, menos de 5 por ciento de los elementos en activo tuvieron una experiencia previa en otra corporación. En contraste, en Nuevo León y en Sinaloa casi la mitad de los elementos tenían experiencia previa en otra policía. Es interesante que hay una correlación positiva entre el porcentaje de elementos que vienen ‘de fuera’ y el nivel de confianza en las instituciones (en Nuevo León y Sinaloa, por ejemplo, la población que dice confiar mucho o algo en la policía municipal es considerablemente superior al promedio nacional). Aunque cada caso es distinto, mi interpretación es que el esfuerzo por salir a buscar talento fuera de casa es uno de los elementos distintivos de las mejores policías del país.
El tercer hallazgo también resulta relevante para la evaluación de los esfuerzos de fortalecimiento institucional que se han impulsado –sin mucho éxito– a lo largo de la última década. Estos esfuerzos se han centrado hasta ahora en el cumplimiento por parte de los elementos de una serie de requisitos, englobados en el Certificado Único Policial (CUP). Los requisitos consisten en la realización de pruebas de control de confianza, en que los elementos acrediten un programa de formación, y que reciban evaluaciones de competencias y desempeño. Al momento de levantarse el censo había una gran variación en el avance en el CUP. Mientras que en algunas entidades federativas prácticamente la totalidad de los elementos lo habían obtenido, en otras, como Sinaloa, Chihuahua y Durango, menos de 80 por ciento de los elementos contaba con CUP. Lo más revelador es que, en este caso, la correlación con el nivel de confianza en las corporaciones municipales es negativa. Pareciera que el cumplimiento con los procesos previstos en el CUP en realidad no contribuye a construir policías más confiables. También llama la atención, por ejemplo, que las policías de Yucatán, que son por mucho las corporaciones municipales mejor evaluadas del país, tengan un grado de cumplimiento ligeramente por debajo del promedio nacional.
El cuarto hallazgo es que la participación de mujeres en instituciones de seguridad pública municipal va en ascenso. Sin embargo, todavía hay una importante desigualdad, no sólo en términos del número de mujeres policías, sino también del porcentaje de éstas que accede a posiciones de responsabilidad y que recibe una mejor remuneración por su trabajo. A lo largo de la última década las mujeres, como porcentaje del personal de las instituciones de seguridad pública municipal, pasaron de 12.8 a 21.4 por ciento. Sin embargo, sólo 7.7 por ciento de las policías municipales es encabezado por una mujer e, incluso en este pequeño universo de titulares, las mujeres reciben remuneraciones significativamente menores a las que reciben sus pares hombres.
Estos hallazgos son el resultado de un análisis preliminar. El Censo Nacional de Gobiernos Municipales es un proyecto ambicioso, que amerita un análisis pausado. Sólo en el módulo sobre seguridad pública, los funcionarios responsables en 2 mil 373 municipios respondieron un cuestionario de 178 preguntas sobre la estructura de las corporaciones policiales, los recursos que manejan y las actividades que realizan. Por lo tanto, hay mucho por descubrir en los datos que recientemente liberó el Inegi. Los interesados en conectarse a la conversación de hoy pueden ingresar, a las 15:30 horas, via Facebook Live, en la cuenta de Inegi Informa.