Eduardo Guerrero Gutierrez

En la elección de San Luis Potosí también se cuecen habas

Al parecer alguien, además de Ya Saben Quién, está operando fuerte a su favor de José Ricardo Gallardo Cardona, candidato de la alianza del PVEM y del PT a la gubernatura de San Luis Potosí.

Estamos de lleno en la guerra de lodo electoral. Por un lado, tenemos a un partido en el gobierno que perdió todo escrúpulo en su ambición por arrasar en las urnas. Por otro lado, una legislación electoral barroca, que ha dado lugar a resoluciones cuestionadas, en particular la decisión de retirarle las candidaturas a los morenistas Félix Salgado y Raúl Morón. Ante este golpe, el gobierno reviró: con la intervención oficiosa de la Fiscalía General de la República se abrió una investigación en contra de los abanderados del PRI y de Movimiento Ciudadano para la gubernatura de Nuevo León. Al priista se le señala por “compra y coacción del voto”, en concreto de repartir tarjetas para un futuro programa de apoyos (una práctica que, con algunas variantes, está bastante extendida entre candidatos de distintos partidos).

Investigar candidatos no necesariamente es mala idea. En este espacio he señalado en varias ocasiones cómo el crimen organizado le apuesta de forma más o menos descarada a algunos, o intimida de forma visible a otros. En muchos municipios del país es bien sabido, desde antes del día de la elección, qué candidato se alineó con cuál cártel. Por regla general el gobierno y las autoridades electorales han sido omisos, y esa omisión nos ha salido cara.

En el trabajo de investigación que coordino cotidianamente tengo acceso a información que, si bien no constituye evidencia firme, claramente muestra focos rojos que ameritarían ser investigados. Claro, si a alguien de verdad le interesara mantener al crimen organizado al margen de las elecciones.

En el actual proceso electoral hay varios de estos focos rojos de distintas fuerzas políticas. Sin embargo, uno destaca, tanto por la gravedad de los señalamientos como por la importancia del puesto al que aspira. Me refiero a José Ricardo Gallardo Cardona, también conocido como El Pollo, candidato de la alianza del PVEM y del PT a la gubernatura de San Luis Potosí. El historial negro del candidato y su círculo cercano es largo, y francamente alarmante. Menciono a continuación sólo tres episodios:

Primero. Gallardo Cardona y su padre, Ricardo Gallardo Juárez, han sido por años caciques políticos en San Luis Potosí. Ambos se desempeñaron como alcaldes de Soledad de Graciano Sánchez (el principal municipio conurbado de la capital potosina). Ambos con señalamientos graves de corrupción. Desde que el padre compitió por el ayuntamiento, en 2006, se decía que contaba con el visto bueno y el financiamiento de Los Zetas.

Segundo. En 2014 militantes del propio partido de Gallardo Cardona (en aquel entonces el PRD) enviaron una carta al Comité Ejecutivo Nacional, en la que afirmaban que el entonces alcalde tenía vínculos con el Cártel del Noreste. Meses después la PGR lo detuvo por delincuencia organizada y se le acusó de desviar casi 210 millones de pesos que serían destinados a medicinas para funcionarios municipales. Gallardo Cardona estuvo en prisión 11 meses, pero fue liberado de forma un tanto inexplicable, se dice que como resultado de una negociación política con Peña Nieto.

Tercero. Durante el actual sexenio, la Unidad de Inteligencia Financiera ha abierto investigaciones contra El Pollo y su padre por lavado de dinero, enriquecimiento ilícito y desvíos por 700 millones de pesos cuando se desempeñaban como alcaldes.

Hay media docena más de episodios como éstos. Lo curioso es que al principio de las campañas Gallardo Cardona no figuraba como el candidato a vencer. La alianza que encabeza sólo cuenta con el apoyo de dos partidos menores, el PVEM y el PT (en San Luis Potosí, Morena va por su cuenta). Todavía en marzo se ubicaba en un lejano tercer lugar. Sin embargo, su campaña despegó de forma meteórica y en alguna encuesta ya aparece como el puntero. San Luis Potosí está tapizado con su propaganda. Su campaña también entrega tarjetas, llamadas ‘cumplidoras’. Al parecer alguien, además de Ya Saben Quién, está operando fuerte a su favor.

Las campañas en México son sucias, sí. Corren carretadas de dinero en efectivo, que no se fiscaliza, también. Todos los partidos le entran. Sin una visión de Estado, el mugrero se va a llevar por delante nuestra democracia. Esa visión de Estado implicaría empezar por investigar los riesgos más graves, en particular las campañas donde haya indicios de participación del crimen organizado. En esta elección implicaría voltear a San Luis Potosí.

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