Eduardo Guerrero Gutierrez

El exembajador Landau pone el dedo en la llaga

AMLO no tiene voluntad política para enfrentar a los cárteles y rehúye combatirlos porque considera que se trata de un esfuerzo condenado al fracaso.

No es común que un exembajador hable públicamente y con franqueza de su experiencia en un encargo, apenas tres meses después de que lo concluyó. Menos aún cuando se trata de abordar la compleja relación entre México y Estados Unidos, en cuya órbita gravitan tantos intereses y pasiones. Por eso vale la pena escuchar con detenimiento las palabras de Landau, pronunciadas en una mesa redonda que organizó hace unos días el Council of American Ambassadors, en la que abordó temas sensibles como la violencia criminal y el narcotráfico en México, así como el desempeño de las agencias de Estados Unidos. En varias de sus reflexiones Landau puso el dedo en la llaga.

Landau apuntó los ejes fundamentales de la relación bilateral: comercio, migración y seguridad. Después, habló sobre cada uno de ellos. Ya en la ronda de preguntas, sus colegas lo empujaron a extenderse en los asuntos de seguridad; aquí es cuando los señalamientos del exembajador se tornan reveladores y punzantes. Lo primero que llama la atención es el tono crítico de Landau hacia las estrategias y agencias de su país. Landau apunta que su mayor “frustración” en la embajada tuvo que ver con el área antinarcóticos, pues Estados Unidos “no cuenta con una estrategia comprensiva” en este rubro, y critica a la DEA por concebir su papel “como una especie de Eliot Ness” dedicado a la mera captura de capos. Que esto lo haya dicho un exembajador apunta a la hipótesis de que la estrategia y su implementación experimenten cambios en el corto plazo. De acuerdo con Landau se trata de concepciones e instrumentos agotados.

Hacia el final de su charla, Landau critica el hermetismo de las indagaciones en torno a la supuesta complicidad del general Cienfuegos con el narcotráfico. El exembajador apunta el doble efecto perverso que tuvo la detención. En términos de impartición de justicia, el caso fue una pifia, pues al final Cienfuegos quedó libre bajo criterios estrictamente políticos. Y en términos diplomáticos el arresto de Cienfuegos infligió graves daños a la relación bilateral, como la nueva regulación mexicana para agentes de seguridad extranjeros, la cual entorpecerá el trabajo binacional de recolección e intercambio de inteligencia, lo que terminará por favorecer los intereses criminales.

Por lo que respecta México, el exembajador sugirió que AMLO no tiene voluntad política para enfrentar a los cárteles, y que rehúye combatirlos porque considera que se trata de un esfuerzo condenado al fracaso. En palabras de Landau, AMLO ve a los cárteles como su Vietnam, y ha adoptado una actitud de laissez faire hacia ellos. Landau fundamenta sus comentarios en el atentado del CJNG contra Omar García Harfuch, después del cual el gobierno federal “básicamente no hizo nada”, y el frustrado arresto de Ovidio Guzmán en Culiacán, en el cual las Fuerzas Armadas de México “fueron superadas” por el Cártel de Sinaloa. Las observaciones de Landau respecto a las omisiones del gobierno federal en su lucha contra el crimen organizado parecen atinadas. Las fuerzas federales se han replegado durante los últimos años, y hay una mayor ausencia del Estado en las regiones más amenazadas por el crimen organizado. AMLO quiso virar y romper con la estrategia de confrontación y, en algunos casos, de exterminio que se siguió sin éxito en administraciones previas. Sin embargo, hasta ahora no ha podido construir una ruta alternativa hacia la pacificación del país. Se ha limitado a crear vacíos, que tarde o temprano terminan por ser ocupados por el crimen organizado.

Finalmente, Landau hace dos afirmaciones un tanto contradictorias. Por un lado, cuestiona que la discusión bilateral en materia de seguridad siga rumiando los mismos temas que hace 15 años –sin evolucionar–. Pero, por otro lado, sugiere que mientras Estados Unidos no reduzca su demanda de drogas, la situación de la violencia criminal en México no cambiará. En mi opinión, Landau acierta en lo primero y yerra en lo segundo. Justamente porque el diálogo entre ambos países no se ha transformado en fórmulas de cooperación más ambiciosas es que la estrategia federal continúa politizada y sin el impulso requerido. Estados Unidos está quizá llamado a ser el actor disruptivo que necesitamos para construir una política de seguridad del tamaño de nuestro desafío. Estados Unidos podría contribuir decisivamente a la pacificación de México si, por un lado, presiona más a nuestro gobierno en materia de resultados, y si, por el otro, nos facilita el acceso a insumos tecnológicos y materiales que nos permitan avanzar hacia ese fin.

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