Telón de Fondo

Mi fiesta

El problema es que el actual presidente rememore episodios históricos en los que el culto a la personalidad se imponía como justificación de atrocidades y destino incuestionable.

Exsecretario ejecutivo del Instituto Nacional Electoral (INE)

En cualquier país se buscan símbolos que contribuyan a la construcción de identidad nacional, de manera tal que sus habitantes se reconozcan como pertenecientes a una comunidad con rasgos distintivos frente a otras. Qué mejor simbolismo que el momento de la constitución de la nación.

Así, en nuestro país, una vez más el 15 y el 16 de septiembre, acudimos a refrendar nuestra mexicanidad. Pero ¡oh sorpresa!, resulta que no todos estuvieron invitados a la celebración. Quien encabezó los festejos hizo de los mismos, este año, una fiesta personal y excluyó a quienes no coinciden con sus puntos de vista.

Dos de los tres sostenes del poder público, el Legislativo y el Judicial, nada más y nada menos, no fueron invitados a la conmemoración de nuestra Independencia porque no son afines al régimen. Y justo no tendrían por qué serlo, ya que cada uno tiene sus propias atribuciones, y unos y otros son contrapesos entre sí, en particular esto adquiere particular relevancia en un sistema presidencialista como el nuestro.

La cuestión no es menor y podría formar parte del anecdotario y de las páginas de sociales. Las crónicas de los diarios en el apogeo de los regímenes priistas estaban llenas de reseñas sobre el trato que el mandatario en turno daba a sus invitados, la calidez o lejanía indicaban la simpatía que dispensaba a sus invitados, pero los representantes de los Poderes de la Unión siempre estuvieron incluidos, y el mismo protocolo se repitió durante los gobiernos de la transición.

Lamentablemente, lo anterior no es una crónica de color, rosa o política, sino evidencia de una forma de entender el país y a sus instituciones.

No soy ingenuo, he sido testigo de múltiples ocasiones en las que el gobernante en turno, en México y otros países, se apropia de los simbolismos patrios para ser el centro de la historia y dar vuelo al culto a su personalidad, pero se cuidaban las formas y más en víspera de la conclusión de su gestión.

Día tras día el presidente da muestras de lo que ya decidió: cómo serán las campañas de sus correligionarios y de su participación en ellas.

Campañas que estarán marcadas por la polarización y la lógica del amigo-enemigo. Apuesta por su base de apoyo, por su clientela política y a descalificar a los contrincantes incluyéndolos en SU narrativa de la historia patria como los enemigos, desertores, antipatriotas, conservadores, etcétera.

El actual presidente renunció a serlo de todas y todos, y eso lo exhibirá hasta la conclusión de su gestión. La estrategia es muy clara, no hay secretos, está expuesta en el discurso y además claramente manifiesta en el presupuesto que para el próximo año puso a la consideración de la Cámara de Diputados. Se trata de utilizar los recursos públicos con claras intenciones electorales.

La oposición tendrá la difícil tarea de ventilar el escenario político con un discurso que, sin dejar pasar las mentiras y los infundios, pueda pintar un panorama atractivo para amplios sectores de la población que están desencantados de la política y que pueden no distinguir a unos de otros en el lodazal.

La cuestión es poner en el centro los grandes y pequeños problemas y sus soluciones, es decir, desde el macro tema de la inseguridad hasta la insuficiencia sanitaria en las localidades. Quien piense que solo el anti 4T bastará para ser competitivo se equivoca, es más, ese solo planteamiento está condenado al fracaso.

No estoy aquí para dar consejos a nadie, pero sí para reclamar desde la ciudadanía respeto, que se entienda que la política tiene su razón de ser en aquellos a los que quieren gobernar y/o representar. Respeto o las aguas se desbordarán.

Volvamos al principio de este breve relato; que el actual presidente pretenda apropiarse de los símbolos que dan identidad a la mexicanidad y equipararse a figuras señeras no es el problema, todo gobernante lo ha intentado. El problema es que rememore episodios históricos en los que el culto a la personalidad se imponía como justificación de atrocidades y destino incuestionable.

Por cierto, habría que recordar que el Grito de Independencia se dio un 16 de septiembre de 1810 y que se festeja el 15 de ese mes por decisión de Porfirio Díaz, quien hizo coincidir ese hecho con su cumpleaños apropiándose de la fiesta nacional, ¿coincidencia?

Esperemos que la próxima edición de los libros de texto o la propaganda de las campañas no usen la imagen del actual presidente equiparándolo con Hidalgo, Morelos, Zapata, Cárdenas y demás héroes nacionales, el paso de los años lo colocará en su justo lugar.

POSDATA: ¡Arrancan! Los recorridos por el país de quienes “coordinan” los dos frentes políticos que compiten ya por la Presidencia de la República. Menudo reto para las autoridades electorales o al menos, si se van a imponer los hechos sobre las reglas, esperemos que sea por el bien de enriquecer el debate nacional y conquistar el interés y la consecuente participación ciudadana.

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