Dolores Padierna

Trump contra la civilización

Donald Trump destruye la democracia en su propio país y, ante la posibilidad de perder las elecciones intermedias de noviembre próximo, amenaza con no reconocer los resultados.

La distopía americana a todo lo que da. Acompañado de una botarga que representa al conejito de Pascua, el presidente Donald Trump refuerza sus advertencias contra Irán.

La escena sería risible de no ser porque, acorralado por sus propias decisiones, Trump ha escalado sus amenazas contra un país que no había atacado a Estados Unidos y lo ha hecho hasta un punto que valida las voces de quienes afirman que el comportamiento del magnate raya en la locura: “Esta noche (la del martes 7 de abril) morirá toda una civilización, para no volver jamás”, escribió Trump en su red social, para coronar su anuncio de que atacará infraestructura civil y que le tiene sin cuidado cometer crímenes de guerra.

Los analistas coinciden en que estamos en uno de los momentos más peligrosos en la historia reciente de la humanidad. Algunos subrayan que miramos en tiempo real la decadencia del imperio, el derrumbe sin retorno del poderío estadounidense.

Las voces de alerta se multiplican en el mundo y desde hace un tiempo se extienden a las filas de MAGA. No lo dicen solamente “radicales de izquierda”. También, cada vez más, algunos de quienes apoyaban a Trump entusiastamente apenas ayer.

Lo dice Joe Kent, exdirector de contraterrorismo de EU: “Trump cree que está amenazando a Irán con la destrucción, pero ahora es Estados Unidos quien corre peligro. Si intenta erradicar la civilización iraní, Estados Unidos dejará de ser visto como una fuerza estabilizadora en el mundo y pasará a ser considerado un agente del caos, lo que pondría fin, en la práctica, a nuestra condición de mayor superpotencia mundial. Esto trastocaría nuestra economía y destrozaría el orden mundial”.

En el mismo sentido se expresan legisladores y figuras del mundo MAGA, algunos de los cuales hablan ya de aplicar la enmienda constitucional que establece la destitución del presidente.

Desde el primer periodo de Trump, diversos analistas alertaron sobre los peligros que significaba un presidente que postula la supremacía racial y la “superioridad del poder alfa”.

Hoy es claro que las advertencias se han hecho realidad: Trump destruye la democracia en su propio país y, ante la posibilidad de perder las elecciones intermedias de noviembre próximo, amenaza con no reconocer los resultados.

Trump y los suyos jugarían a repetir la película que ya vimos en 2020, cuando perdió frente a Joe Biden, desconoció los resultados, inventó el relato del fraude y convocó a sus huestes a atacar el Capitolio.

En ese camino, pone en peligro al planeta entero al invocar el demonio de la destrucción nuclear. Y en ese camino, de su propio descenso a los infiernos de la locura, arrastra a sus aliados en todo el mundo.

Con una desaprobación sostenidamente al alza entre los electores estadounidenses (de entre 60 y 70 por ciento según las encuestas), busca que las bombas sobre personas indefensas le devuelvan el apoyo del ciudadano común que resiente en los bolsillos el efecto de sus políticas.

En el plano latinoamericano, el pequeño ejército de gobernantes atados a la imagen de Trump, dispuestos a complacer cualquier capricho de quien se cree rey del mundo, está corriendo la misma suerte.

A guisa de ejemplos, el bufón argentino Javier Milei es rechazado por el 60 por ciento de la población y algo similar ocurre con el ultraderechista chileno José Antonio Kast, con apenas un mes en el poder.

En ese caótico y peligroso escenario ocurre la revisión del T-MEC, lo que obliga a México a mantener la serenidad y, simultáneamente, prepararnos para el escalamiento y la posibilidad de que busque ganar puntos con ataques contra los “narcoterroristas”.

Solamente desde la ingenuidad política se puede ignorar que las decisiones de Trump con respecto a nuestro país están atadas a su popularidad y a la prueba electoral de noviembre.

Quienes, desde México, invocan la intervención directa de Estados Unidos frente a la delincuencia transnacional son solamente tontos útiles de un mandatario que ha dinamitado las reglas internacionales y que ataca no solo a una civilización milenaria, sino a la humanidad entera.

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