La Cuarta Transformación

El consentido de Bucareli

La relación entre López Obrador y la familia del su actual secretario de Gobernación, Adán Augusto López, tiene mucha historia, resalta Darío Celis.

EN 1988 ERAN tiempos difíciles para la oposición perredista. Andrés Manuel López Obrador, recién designado presidente estatal del PRD en Tabasco, necesitaba que las asambleas partidistas fueran validadas, lo cual logró al dar fe de ellas el notario público de Villahermosa, Payambé López Falconi. Cuando López Obrador alegó fraude en la elección para gobernador de 1991, López Falconi le notarizó las cajas con las pruebas de fraude.

De entonces se remonta una estrecha relación entre López Obrador y López Falconi, que incluyó particularmente a dos de los cuatro hijos del notario: Rosalinda y Adán Augusto, el mayor de todos.

La primera ha sido diputada federal y senadora, y actualmente es Administradora General de Auditoría Fiscal del SAT, además de esposa del gobernador de Chiapas, Rutilio Escandón Cadenas.

Respecto a los otros dos hermanos, Silvia es esposa de Humberto Mayans, político tabasqueño y actual consejero independiente del Consejo de Administración de Pemex; y Melchor encabeza la notaría número 13 del municipio de Centro, misma de la que fue fedatario su padre.

Ya también como notario, Adán Augusto López Hernández se encargó de tramitar la cesión de propiedades de Andrés Manuel a sus hijos así como, posteriormente, de iniciar un juicio sucesorio de las propiedades intestadas que dejó al fallecer Rocío Beltrán Medina, primera esposa de López Obrador.

Fue en 1995 la última vez que un gobernador abandonó su cargo de elección para incorporarse al gabinete, cuando Emilio Chuayffet dejó el Estado de México para encabezar Gobernación, con el presidente Ernesto Zedillo.

Impensable que un movimiento así pasara con la “feudalización” de los estados en los gobiernos posteriores y la correlación de fuerzas con el Ejecutivo federal en turno.

Solo una incondicionalidad probada explica que Adán Augusto no titubeara en aceptar la solicitud, que a bote pronto, le soltó López Obrador para dejar Villahermosa y venirse a despachar a Bucareli.

La preocupación de su paisano que vino a la CdMx en visita como gobernador fue conseguirse una corbata para el mensaje oficial y la foto del nombramiento.

De maneras suaves, discreto, disciplinado y diligente, ha demostrado ser un titular de Gobernación con quien se puede dialogar, canal de comunicación directo y confiable con el Presidente.

Todavía no ha tenido oportunidad de lucir sus alcances en la operación política en la atención de algún asunto de gran calado. Tal vez no lo llegue a hacer, dada la concentración de poder y reticencia a la negociación de parte de su jefe.

Públicamente dos funcionarios lo han sacado de sus cabales: uno es Hugo López-Gatell, de quien en julio de 2020, en plena pandemia, el entonces gobernador de Tabasco soltó que ya no podía con él, y que no sabía de dónde sacaba sus cifras.

Y el otro es Manuel Bartlett, que en noviembre de ese año anunció que denunciaría y demandaría a la CFE por las inundaciones en Tabasco, luego de que la empresa productiva del Estado desfogara la presa Peñitas sin avisar al gobierno estatal.

Lo mencionan como el caballo negro. De los cuatro candidateables, casi todos de la misma edad, Adán Augusto es el más joven: 58 años, contra 59 de Claudia Sheinbaum, 61 de Ricardo Monreal y 62 de Marcelo Ebrard.

De todos, López Hernández es tanta o más garantía para López Obrador de que le cuiden las espaldas y, sobre todo, de proteger y continuar su legado, esa quimera que es la Cuarta Transformación.

En poco más de dos años todo puede pasar con el capital político de Andrés Manuel: como que de una consentida pase a haber un consentido de Bucareli.

Por lo pronto esta semana probó las mieles de conducir “la mañanera”.

OTROS DOS TABASQUEÑOS, compañeros también de mil batallas de Andrés Manuel López Obrador, sufrieron reveses esta semana. Hablamos de Javier May y Rogelio Jiménez Pons. Desde que llegó a la Secretaría del Bienestar, en septiembre de 2020, May se dedicó a pavimentar más su proyecto personal con miras a la gubernatura de su estado natal que a operar eficientemente los programas sociales de su jefe. Incluso desde esa cartera le empezó a llevar las contras al entonces gobernador, el susodicho Adán Augusto López. Para su mala suerte, éste se encumbró y Ariadna Montiel, la subscretaria del ramo, le comió el mandado. René Bejarano y Dolores Padierna ganaron con el ascenso de Montiel, su pupila. A Jiménez Pons lo atropelló el Tren Maya. Desde el comienzo no la tuvo nada fácil en ese que sin duda es, por mucho, el proyecto de infraestructura más complejo de la 4T. Armonizar los intereses sociales y políticos de cinco estados no era poca cosa. En diciembre, de vacaciones de fin de año en su rancho de Palenque, López Obrador tomó un helicóptero y sobrevoló la ruta. No le gustó nada el grado de avance que vio. La suerte de su colaborador y amigo ya estaba echada.

A BANAMEX LO va vender Citi. Parece que no lo tiene claro Andrés Manuel López Obrador cuando empieza a alentar quinielas de mexicanos que le gustaría verlos despachando en el Palacio de Iturbide, en el Centro Histórico, o en las oficinas corporativas del grupo financiero en Santa Fe. Palomear al comprador no solo será una decisión única y exclusiva del gigante que preside Jane Fraser. Estará bajo la mirada rigurosa del gobierno de Estados Unidos que encabeza Joe Biden y de la Reserva Federal, que preside Jerome Powell. El tema del compliance y reputacional va pesar en el proceso de venta. Y uno de los tiradores que la va tener muy cuesta arriba es Banorte, que opera la familia de Carlos Hank González. Hoy esa dinastía, que se fortaleció a la muerte del fundador, Roberto González Barrera y las salidas de Guillermo Ortiz y Alejandro Valenzuela hace siete años, está en el ojo del huracán. La serie de Netflix que cuestiona el origen de su fortuna es un torpedo en el índice de flotación. Los Hank parece que reconsideraron la demanda contra la producción y la plataforma de Reed Hastings. No les va alcanzar ni política ni financieramente para salir victoriosos del litigio.

EL SECRETARIO de Gobernación en el gobierno de Felipe Calderón, el afamado litigante Fernando Gómez-Mont Urueta, retomó la defensa de su sobrina, la animadora de televisión Inés Gómez-Mont Arena. El socio del Alberto Zínser y el desaparecido Julio Esponda le tomó la palabra a Alejandro Gertz Manero, que sigue empeñado en reventar al ex Consejero Jurídico de la Presidencia. En diciembre Julio Scherer y el Fiscal General de la República tuvieron un encuentro, justo cuando la metralla cruzada entre ambos no cesaba. El resultado fue desastroso. El primero no pudo convencer al segundo que nada tuvo que ver con las filtraciones sobre su fortuna en paraísos fiscales. Scherer solo enardeció más a un Gertz cegado de ira, que se fue contra los despachos de abogados que cree negociaban en su nombre. El subprocurador Juan Ramos fue tras los de Inés para intentar sacar información incriminatoria. Pero sus primos Felipe y Pablo Gómez-Mont Landerreche, que llevaban su defensa, no aceptaron. Y ahí fue donde el tío dio el golpe en la mesa. “No me importa llevarme a quien me tenga que llevar, con tal de sacar de este problema a Inés”. Criterio de oportunidad a la vista.

HOY ESTARÁN EN Tamaulipas los líderes del PAN, Marko Cortés; del PRI, Alejandro Moreno, y del PRD, Jesús Zambrano, para echar a andar el proceso electoral a favor de César Verástegui, quien se registra como precandidato a la gubernatura. A diferencia de lo que ocurría hace unos meses, la desventaja aparente con Morena, que preside Mario Delgado, ya parece remontable al colocarse a solo cinco puntos en intención de voto en las encuestas preliminares, debido a los conflictos internos entre el candidato oficial, Américo Villarreal, y la precandidata Maki Ortiz. No olvide que la ex panista pertenece a una familia muy poderosa política y económicamente, por lo cual si rompe con Morena se abre la posibilidad de que Movimiento Ciudadano, el partido de Dante Delgado, la arrope como su candidata. El PAN, como en el caso de Aguascalientes, aspira a mantener esos dos estados que aún gobierna.

DESDE PALACIO NACIONAL empezaron a mandarle señales esta semana al ex secretario calderonista y ex senador panista Javier Lozano Alarcón. Ya se cansaron de su incontinencia tuitera contra la 4T y todo lo que huela a Andrés Manuel López Obrador. También de sus ácidas críticas al gobierno morenista que, se quejan con amargura, ya son abiertamente groseras y hasta vulgares con la familia presidencial y que se exponen en las distintas plataformas y ventanas que posee, como el podcast “Como anillo al dedo”, que comparte con Jorge Triana. Al poblano le están investigando ingresos que el vocero de Presidencia, Jesús Ramírez, cree son fraudulentos y producto del tráfico de influencias como servidor público y legislador. Un masapanazo, pues, para que le baje a su enajenación por el pajarito azul.

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