'The Haunting of Hill House', una serie desigual
menu-trigger
ESCRIBE LA BÚSQUEDA Y PRESIONA ENTER

'The Haunting of Hill House', una serie desigual

COMPARTIR

···
menu-trigger

'The Haunting of Hill House', una serie desigual

16/11/2018

Hay mucho que admirarle a The Haunting of Hill House, serie creada por el escritor y director Mike Flanagan que reinventa la novela de Shirley Jackson sobre una mansión embrujada, centrándola en los miembros de la familia Crain, quienes se mudan a la casona por un verano que cambia para siempre sus vidas. Yendo y viniendo del pasado al presente, la serie primero utiliza una estructura similar a Lost –los flashbacks son ventanas a los momentos traumáticos que marcan a los personajes en la adultez– y después empalma ambos tiempos con una fluidez asombrosa. Este cambio es palpable en el sexto capítulo, compuesto por cinco largas tomas donde los Crain van y vienen de un funeral en el presente a la mansión en la que vivieron hace décadas. En Gerald’s Game y en la notable Oculus, Flanagan ya había mostrado un ímpetu por borrar las fronteras entre lo real y lo espectral, el pasado y el presente, ciñéndose a espacios de los que apenas se permitía salir. Su obra provoca un desconcierto fascinante: a veces es imposible saber qué es factual, qué un recuerdo, un espejismo o un fantasma.

El virtuosismo en el estilo es evidente. Por eso es una lástima que Flanagan descuide aspectos elementales como las actuaciones y el guion. Conforme avanza la serie, los personajes recurren cada vez más a monólogos dizque líricos para comunicarse entre sí. Algunos son estremecedores pero la mayoría son relleno. Aunque vinculados a la temática de mezclar el pasado y el presente, estos discursos detienen el flujo de la historia. No ayuda cuando están en boca de intérpretes limitados. Carla Gugino, como la trágica matriarca de los Crain, y Oliver Jackson-Cohen, como el benjamín de la familia, son los que se salvan. Inmenso pero vencido, con una voz grave y pedregosa, Jackson-Cohen interpreta a Luke como un hombre empantanado por los demonios de la infancia. Sólo él transmite un dolor genuino; los demás Crain son incapaces de sufrir de forma convincente, incluso frente al cadáver de un familiar. Luke está tan bien encarnado que a menudo parece un personaje dirigido por Sidney Lumet, rodeado de botargas de telenovela.

Si todo estuviera a la altura del rigor estilístico de Flanagan, 'The Haunting of Hill House' quizás sería una obra maestra. No es el caso.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.