El lema del Día Mundial de la Alimentación 2026, impulsado por la FAO, es contundente: “Innovar hoy para nutrir mañana”. El mensaje es claro: garantizar el acceso a alimentos nutritivos, seguros y asequibles exige construir sistemas alimentarios más resilientes, eficientes e incluyentes.
En ese desafío, la proteína animal desempeña un papel relevante para el desarrollo y bienestar de millones de familias mexicanas. Cuando las personas tienen acceso a proteínas de alto valor nutricional, no solo mejora su dieta; también se fortalecen la salud, el desarrollo infantil, la productividad laboral y, en última instancia, la competitividad económica.
México ha avanzado de manera significativa en esta materia. En 2025, el consumo de carne alcanzó un máximo histórico de 85.3 kilogramos per cápita, un crecimiento de 4.5% respecto al año anterior. Las proyecciones del sector apuntan a que esta cifra podría alcanzar los 88 kilogramos per cápita en 2026, reflejando una mayor demanda de alimentos con valor nutrimental y una mayor accesibilidad para los hogares mexicanos. Sin embargo, aunque la tendencia es positiva, el país aún enfrenta desafíos para ampliar el acceso a proteínas de origen animal de manera más equitativa y sostenida.
La FAO ha señalado de manera reiterada que la nutrición constituye uno de los pilares del desarrollo sostenible. La proteína animal aporta aminoácidos esenciales, hierro, zinc y vitamina B12, nutrientes fundamentales para el crecimiento, la salud inmunológica y el desarrollo neurológico. Por ello, garantizar su disponibilidad y asequibilidad forma parte de una visión más amplia: construir sistemas alimentarios capaces de nutrir mejor a la población y contribuir al bienestar de las futuras generaciones.
En los últimos años, diversas políticas públicas han contribuido a mejorar el acceso a los alimentos. Instrumentos como el Paquete Contra la Inflación y la Carestía (PACIC) han ayudado a contener presiones inflacionarias en productos básicos y a preservar el poder adquisitivo de los hogares. Paralelamente, el fortalecimiento salarial ha permitido que más familias incorporen proteína cárnica de calidad a su dieta y accedan a una mayor variedad de productos.
Sin embargo, este avance enfrenta nuevos desafíos. La innovación en el sector implica mucho más que adoptar nuevas tecnologías, significa fortalecer la productividad agropecuaria, mejorar la sanidad animal, modernizar la logística y la cadena de frío, impulsar la transformación industrial y asegurar que los alimentos lleguen a los consumidores de manera accesible. También implica construir cadenas de suministro capaces de responder a un entorno internacional cada vez más complejo. Los retos sanitarios, las tensiones geopolíticas, las restricciones comerciales y la volatilidad de los mercados exigen sistemas alimentarios más sólidos y adaptables.
La experiencia internacional demuestra que cuando los mercados de alimentos pierden flexibilidad, los primeros afectados son los consumidores. Menores opciones de proveeduría suelen traducirse en mayores precios y menor disponibilidad. Por el contrario, los esquemas que combinan producción nacional competitiva con comercio exterior complementario generan resiliencia y estabilidad para las cadenas de abasto.
Por ello, el debate no debería plantearse como una disyuntiva entre producción nacional o importaciones. México necesita ambas; una producción primaria fuerte, creciente y competitiva; una industria de transformación innovadora capaz de generar valor agregado; y una política comercial estratégica que garantice disponibilidad, diversidad y precios accesibles para los consumidores.
Los mercados modernos funcionan a partir de cadenas de valor integradas donde la innovación, la eficiencia, la especialización y la complementariedad permiten ofrecer alimentos suficientes, seguros y asequibles. Por ello, la política pública debe orientarse a fortalecer un esquema flexible de abasto que combine innovación en la producción nacional y la diversificación mediante el comercio exterior.
En el marco del Día Mundial de la Alimentación, vale la pena recordar que garantizar el acceso a proteína cárnica de calidad y asequible es una responsabilidad compartida. Productores, industria, comercio, autoridades y consumidores tenemos un papel que desempeñar para construir sistemas alimentarios más sostenibles e incluyentes.
Si aspiramos a construir un México más próspero, saludable e incluyente, debemos comprender que el acceso a proteína cárnica de calidad y a precios accesibles no es solamente un asunto de mercado, es una condición esencial para el bienestar presente y futuro de las familias.
