En el último mes ha habido una clara campaña en medios de comunicación, sobre todo en columnas de opinión, donde se dice que el salario mínimo no puede seguir subiendo. Los principales argumentos para esgrimir una negativa a continuar con la recuperación salarial son que primero tiene que subir la productividad laboral y que los costos ya son altos.
Ninguno de los argumentos es nuevo, pero sobre todo el de la productividad está muy alejado de la realidad. Primero, es importante entender qué es la productividad laboral, para saber cómo medirla correctamente. Esto es un tema primordial, ya que incluso dentro del propio sector empresarial no existe claridad sobre qué es exactamente y, sobre todo, cómo medirla.
La idea de que la productividad sea igual al salario se origina en los modelos neoclásicos de economía donde, para que se cumpla esta relación, se asume que existe un mercado con competencia perfecta (número infinito de empresas, todas tienen que pagar el mismo salario fijado por el mercado; las personas trabajadoras siempre encuentran trabajo, tienen información perfecta y, además, pueden elegir libremente dónde trabajar). Por ejemplo, un ingeniero en mecatrónica siempre gana 25,000 pesos, pero si una empresa decide pagarle aunque sea un peso menos, todos sus ingenieros renuncian inmediatamente y se van a trabajar a la empresa de al lado. Y aquí surge el primer error, muchos analistas confunden productividad marginal (que es cuánto contribuye una persona trabajadora adicional a la producción) con el producto medio que es simplemente dividir la producción entre el número de trabajadores. No existe un consenso de como medir correctamente la productividad laboral.
El segundo error en el que incurren muchos economistas (y esto es mucho más grave) es que el mercado laboral no es perfectamente competitivo. Las empresas en realidad tienen poder de mercado: el salario que pagan no es uno de equilibrio, sino más bien, uno relacionado con sus costos y calculado en función del margen de ganancias que quieren tener. Bajo este contexto, hace que una empresa le pague a un ingeniero en mecatrónica 15,000 pesos, aunque el salario debería de ser 25,000 pesos si hubiera competencia perfecta. Cuando esto ocurre, la productividad marginal del trabajador es más elevada que el salario, y existe una cantidad de producción generada por su trabajo que se queda la empresa. Esto es conocido como markdown, y en los últimos dos estudios del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), encuentran que para México es de 0.50; es decir, por cada 100 pesos que genera una persona trabajadora y que deberían pagarle (por su productividad laboral) en realidad le pagan 50 pesos.
Por lo tanto, en México, la productividad sí está separada del salario, pero más bien es al revés de lo que se piensa: el salario que se paga es muy bajo comparado con lo que se debería de pagar, lo complicado es medirla correctamente. Si simplemente dividimos el PIB entre el número de personas trabajadoras o el número de horas trabajadas, sólo obtenemos el producto medio. Esto oculta que para producir algo hay otros factores como el capital (la tecnología), que en México no ha crecido ni se ha vuelto muy productivo, los insumos que pueden estar más caros y pueden ser usados ineficientemente. De hecho, si calculamos la productividad total de los factores (PTF) usando la metodología KLEMS del INEGI, obtenemos que la “productividad” subió apenas 0.1% de 2018 a 2024. Sin embargo, si nos enfocamos en el valor agregado de la producción, estaríamos viendo directamente la contribución específica del trabajo y el capital a la generación de riqueza, aquí la productividad por hora subió 6.4% y la productividad por persona trabajadora ha subido 4.2 por ciento. Si sólo nos enfocáramos en la contribución del trabajo (en el caso de la metodología de INEGI se puede ver con los ponderadores de cuánto contribuye cada factor a la producción), de 2018 al 2024 se incrementó 24.6% (por está determinado por el pago al trabajo) y el capital cayó en 5.7por ciento.
Además, la productividad laboral sube porque como he mencionado en otras ocasiones, primero tiene que subir el salario y luego la productividad. Esto está basado en teoría económica moderna y evidencia empírica. Una forma de verlo es si calculamos la medida tradicional de PTF de INEGI, pero ponderando por el número de personas que ganan el salario mínimo, es decir, entre más trabajadores del salario mínimo tenga este sector, más peso tiene en la medida de PTF. Así, la PTF se ha incrementado 0.1% entre 2018 y 2024, pero ponderando por personas que ganan el salario mínimo, la PTF ha subido entre 1.5% y 2.4 por ciento. Es decir, una explicación es que dónde hay más personas que se han beneficiado de la política salarial, la productividad se ha incrementado más. La otra podría ser que los sectores más productivos de la economía cada vez contratan más trabajadores que ganan salario mínimo.
En conclusión, es evidente que existe una campaña publicitaria que, aunque reconoce las bondades del salario mínimo, quiere empezar a cuestionar que continué con su senda de crecimiento, y está tratando de convencer al público de que la política está agotada. Sin embargo, los argumentos son falaces en el sentido de que (1) en México, no aplica que la productividad sea igual a salarios por la falta de competencia, y (2) incluso si damos el beneficio de la duda, se tiene que medir lo mejor posible, y cuando se hace con mejores medidas, se muestran incrementos de productividad laboral importantes, empujados por el salario mínimo. Por lo tanto, sí, el salario mínimo se puede seguir incrementando en los próximos años.