Colaborador Invitado

En el 250 aniversario de la Independencia americana

Con la adopción de la Declaración de Independencia, las 13 colonias americanas rompían sus lazos políticos con el Imperio británico y proclamaban su nacimiento como nación soberana.

“Manchada por el pecado original de la esclavitud”, la Unión Americana “podría y debería perfeccionarse con el tiempo”.

Hace doscientos cincuenta años, en un salón deFiladelfia, un pequeño grupo de hombres ilustrados escribió un texto que, aun con sus contradicciones, conmovió al mundo.

Con la adopción de la Declaración de Independencia, las 13 colonias americanas rompían sus lazos políticos con el Imperio británico y proclamaban su nacimiento como nación soberana.

Desde Weimar, Johann Wolfgang von Goethe, el poeta, dramaturgo, científico y hombre de Estado alemán, escribió “Amerika du hast es besser” (América, tú corres con mejor fortuna).

Un poema en el que elogia al Nuevo Mundo por no estar agobiado por el pasado, las ruinas góticas o las disputas feudales, sino libre para construir una sociedad basada en la promesa del futuro.

Treinta y cuatro años después, en Guadalajara, México, el padre de la Independencia mexicana, Miguel Hidalgo, publica en el primer número de El Despertador Americano: “¡Nobles americanos! Despertad al ruido de las cadenas que arrastráis... volad a los campos de la gloria bajo la guía del Nuevo Washington... que nos tiene enamorados los corazones con la admirable combinación de virtudes populares y republicanas”.

Desde entonces, los principios de esta Declaración impulsaron la exigencia de derechos naturales básicos y sentaron las bases para la Carta de Derechos; aunque con excepciones, a pesar de los ideales de igualdad, en la ecuación no existían las mujeres, los habitantes originarios, los pequeños propietarios, y no solo se mantuvo la esclavitud de la población afrodescendiente, sino que se institucionalizó en la nueva Constitución, creando una profunda división social que sigue sin resolverse.

Nadie puede negar que el documento sentó las bases de la democracia moderna e inspiró movimientos democráticos y anticoloniales en el mundo entero, pero dentro y fuera del país la tensión sobre cómo narrar su origen ha existido siempre.

Considere, por ejemplo, que al principio de la Declaración se dice: “Sostenemos como evidentes estas verdades: que todos los hombres son creados iguales; que son dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables como son la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad”.

Más allá de los buenos deseos, la frase tiene fallas lógicas insalvables, pues al introducir un argumento ad fidem, es decir, presentar como prueba concluyente un dogma religioso (la existencia de un creador) para probar un hecho objetivo (la igualdad), es un enorme error lógico.

Peor aún, como bien documentó el prominente líder afroamericano del siglo XIX Frederick Douglass en discursos pronunciados por todo el territorio nacional, criticando con dureza a su país por no estar a la altura del propósito divino consagrado en su propia declaración, según el cual “todos los hombres fueron creados iguales”.

En las décadas de 1960 y 1970, los discriminados del texto constitucional: blancos no propietarios de tierras, negros, mujeres e indígenas, reclamaron su exclusión y denunciaron a los Fundadores como hipócritas esclavistas, no como santos.

Por otro lado, los Cristianos Evangélicos reaccionaron con su visión de Estados Unidos como “una nación excepcionalmente elegida por Dios”.

Con Reagan, la derecha denunció a sus críticos por su falta de patriotismo e insistió en perpetuar la visión mesiánica del país con un destino divino superior, aunque hubiera que falsear la historia.

Barack Obama ofreció una tregua al revivir la idea de Douglass de que el país era imperfecto, pero redimible.

La visión de Obama reconocía la falibilidad de Estados Unidos sin sucumbir al cinismo.

La Constitución, dijo en un discurso de 2008, está “manchada por el pecado original de la esclavitud”, pero es al mismo tiempo “es la fuente de nuestra visión de una unión que podría y debería perfeccionarse con el tiempo”.

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