Colaborador Invitado

La violencia que nadie quiere ver

La narcocultura entra al hogar por la pantalla antes de los 8 años. Lo que toleramos en casa se convierte en conducta en el salón de clases, escribe Fito Torres Ramírez.

Hay una mentira cómoda: creer que en casa no pasa nada y que en la escuela todo se corrige. No es cierto. La narcocultura —esa narrativa que glorifica el poder, el dinero fácil y la violencia como forma de respeto— no llega con uniforme ni pide permiso. Entra por la pantalla, por el audio de fondo, por lo que dejamos correr sin pensar.

No es menor: en México, niñas y niños pasan en promedio más de 4 horas diarias frente a pantallas, y 7 de cada 10 consumen contenido digital sin supervisión constante. Además, la edad de primer acceso a internet ya está por debajo de los 8 años. Es decir, la exposición empieza antes de que exista criterio para procesarla.

En casa creemos que no están viendo. El niño juega, pero escucha. Absorbe frases, tonos, formas de hablar. Días después las repite. No es coincidencia, es aprendizaje. Lo que toleramos, se queda.

Ese contenido no se queda en la sala. Se traslada a la escuela, pero ya no como video, sino como conducta. Burlas que se disfrazan de juego, apodos que humillan, risas cuando alguien es exhibido. También en actitudes: el que intimida gana, el que domina impone.

Y lo más preocupante: muchas veces nadie lo frena. La escuela no siempre detecta violencia, a veces la normaliza. No porque quiera, sino porque llega en forma de “broma”. Pero cuando no hay límite, la agresión se vuelve parte del ambiente.

El problema no empieza en el salón. Empieza en casa. En lo que dejamos pasar, en lo que no corregimos, en lo que minimizamos. Y se refuerza en la escuela cuando se permite.

No es un tema de censura. Es de responsabilidad. Bajar el volumen cuando toca. Saber qué están viendo. Poner reglas claras. En la escuela, marcar una línea: aquí no se humilla a nadie.

Porque lo que hoy parece juego, mañana es carácter. Y el carácter no se improvisa. Se forma… o se deforma.

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