Colaborador Invitado

La guerra de Irán no hundirá las bolsas ni la economía mundial

Si la guerra se prolonga hasta agosto, el Partido Republicano de Trump podría sufrir un importante desgaste en las elecciones de medio término de noviembre.

Ante la guerra en Irán, es lógico preguntarse si afectará al crecimiento económico y a la bolsa de México. Es un temor bastante extendido, pero, antes de que cunda el pánico, revisemos la historia para revelar una realidad oculta: las guerras regionales no suelen hacer mella en la renta variable ni en los precios del petróleo durante mucho tiempo. En la actualidad, la paciencia es el activo más valioso.

El costo en vidas humanas de los conflictos bélicos supone una verdadera tragedia. Sin embargo, los mercados bursátiles son fríos, y no tardan en anticipar las consecuencias económicas globales de un conflicto, que, por lo general, suelen ser menores de lo que se temía en un primer momento. Irán apenas representa el 0.3% del Producto Interno Bruto (PIB) mundial, mientras que el porcentaje asciende al 3.5% para el conjunto de los países afectados por el conflicto. Magnitudes, en ambos casos, poco relevantes.

Las preocupaciones se centran en el petróleo y en sus posibles repercusiones sobre las acciones y el PIB. De ahí la caída de la BMV en marzo, provocada por el temor de los inversionistas a que el encarecimiento del crudo afecte a los sectores nacionales de la industria y de los materiales, intensivos en energía. Pero no conviene dejarse llevar por el miedo. En su lugar, analicemos los hechos.

Irán no es un gran productor de petróleo, ya que antes de la guerra solo aportaba el 3% de la producción mundial. No obstante, los analistas habían estimado que en 2026 habría precisamente un exceso de oferta del 3%, conque la cuota iraní estaría compensada. Además, la mayor parte del petróleo persa se queda en el país o se envía a China, que aumentó sus compras un 16% en enero y febrero, probablemente para acumular reservas.

El problema más serio es el transporte del petróleo. Como es bien sabido, el 20% del crudo mundial circula a través del estrecho de Ormuz, de ahí que su bloqueo por parte de Irán suponga un problema. Con todo, alrededor de una tercera parte de ese 20% entra en el estrecho para su procesamiento, no para su exportación. Ahora, simplemente se redirige, pues hay oleoductos alternativos para casi un tercio del petróleo afectado por la situación del paso de Ormuz. Por lo tanto, no es cierto que una quinta parte de la oferta mundial se haya evaporado. Los temores son excesivos, lo que augura sorpresas positivas en México y el resto del mundo. Por lo tanto, la caída del índice de la BMV no debería tardar en revertirse para retomar las ganancias de principio de año.

La preocupación también parece excesiva en Europa, porque solo el 3.5% de su petróleo y el 4% de su gas pasan por Ormuz. El gas procede sobre todo de Noruega y Estados Unidos, mientras que Catar, cuyo posible cierre del suministro ha copado los titulares, apenas aporta el 4% del gas importado de Europa. No estamos en 2022, cuando, por carecer de terminales suficientes para descargar gas natural licuado, a la Unión Europea le costaba sustituir las exportaciones rusas. Actualmente no es así. A medida que se imponga esta realidad, las subidas de precios del gas deberían corregirse.

Los mercados empezarán pronto a descontar la reapertura del estrecho de Ormuz. De hecho, es probable que el petróleo caiga por debajo de los niveles previos a la guerra. En las nueve grandes guerras regionales vinculadas al petróleo desde 1980, la cotización del crudo en dólares fue mayor un mes después del inicio del conflicto, pero, seis y doce meses después de este, se situó un 4% y un 5%, respectivamente, por debajo de sus niveles anteriores.

La razón es que el petróleo suele subir antes de la guerra, a medida que escalan las tensiones. Cuando acaban las hostilidades, la situación se invierte; incluso aunque los enfrentamientos se acaben enquistando, como sucedió con las guerras de Irán y Afganistán.

Podría equivocarme, pero, mientras el barril de petróleo superaba los 73 dólares durante todo 2023, tocando techo en 97 dólares, el PIB mexicano y el mundial crecieron y las bolsas se revalorizaron. En concreto, la mexicana lo hizo en un impresionante 23%. Un precio por encima de los 100 dólares tampoco supuso un problema a comienzos de la década de 2010. Además, el encarecimiento del petróleo supondría un impulso para Pemex y, considerando la inflación de la presente década, un barril de 100 dólares de hoy equivale a uno de alrededor de 70 u 80 dólares de antes de la pandemia.

Por otro lado, las consecuencias políticas para Estados Unidos pueden ser considerables. Si la guerra se prolonga hasta agosto, el Partido Republicano de Trump podría sufrir un importante desgaste en las elecciones de medio término de noviembre. Como señalé en enero, estos comicios suelen favorecer al partido opuesto al del presidente en ejercicio. Una guerra larga reforzaría esa tendencia, lo que, probablemente, animaría a Trump a poner fin a la guerra lo antes posible.

Así pues, mantenga la calma mientras el caos predomina en el panorama mundial. La bolsa no tardará en recuperar su equilibrio.

Ken Fisher

Ken Fisher

Fundador, presidente ejecutivo y codirector de inversiones de Fisher Investments

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