Colaborador Invitado

El reciclaje comienza con el diseño, lo demás viene después

La Guía de Diseño APR® para la Reciclabilidad de Plásticos es reconocida a nivel mundial como la referencia en el diseño de envases para su reciclabilidad.

En México y Latinoamérica, hablar de reciclaje de plástico ya no es una opción, sino una necesidad urgente con implicaciones ambientales, económicas y sociales. Hoy en día, las empresas se enfrentan a un entorno donde las tendencias regulatorias avanzan rápidamente y donde la sociedad exige resultados, por lo que contar con herramientas claras y prácticas ya no es un lujo, sino una condición básica.

Como país, hemos alcanzado hitos importantes. Somos líderes en recolección de PET con un 64 por ciento, y tenemos el potencial de aumentar las más de 1.5 millones de toneladas de plástico reciclado anualmente; sin embargo, esto es solo una parte. Un alto porcentaje de residuos terminan en vertederos o, peor aún, en el medio ambiente. Cambiar esta realidad no depende únicamente de aumentar la recolección. Depende, en gran medida, de un mejor diseño.

Aquí es donde la Asociación de Recicladores de Plástico (APR), presidida por Steve Alexander, cobra relevancia. Este año, este organismo ha ampliado sus esfuerzos en México y LATAM con el anuncio de su división de Estrategia para Latinoamérica, la cual me enorgullece liderar. La Guía de Diseño APR® para la Reciclabilidad de Plásticos es reconocida a nivel mundial como la referencia en el diseño de envases para su reciclabilidad. No se trata de un simple documento técnico; es un marco práctico que traduce los objetivos de la economía circular en decisiones de diseño concretas y eficientes. En esencia, la Guía establece criterios para que los envases puedan reciclarse eficazmente.

La Guía de Diseño APR® considera el embalaje como un conjunto de características de diseño, desde los materiales hasta los adhesivos, incluyendo etiquetas, colorantes, aditivos y fijaciones. Este enfoque integral es fundamental, ya que en el reciclaje una etiqueta mal diseñada o un pigmento inadecuado pueden hacer inviable el procesamiento. Por ello, la Guía no solo explica qué hacer, sino también qué evitar, ayudando a las empresas a reducir la contaminación, optimizar los costes y mejorar la calidad de la resina reciclada.

Permite a las empresas anticiparse a las regulaciones y en lugar de intentar corregir problemas al final de la cadena de suministro, propone construir las cosas bien desde el principio.

Esto cobra relevancia en un país donde ya fue aprobada la Ley General de Economía Circular. Autoridades como la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales han impulsado este cambio hacia modelos más sostenibles; el reto reside en lograr estos objetivos a través de las operaciones cotidianas de las empresas.

El desarrollo de esta herramienta no es improvisado, fue hecha en colaboración con organizaciones como WRAP y ECOCE y surge del conocimiento directo y la experiencia de recicladores y expertos en embalaje, lo que garantiza que sus recomendaciones respondan a las condiciones reales del mercado.

Sustituir la resina virgen por material reciclado puede ahorrar hasta un 70 por ciento de energía y reducir las emisiones de gases de efecto invernadero hasta en un 67 por ciento. Económicamente, esta práctica representa cientos de miles de empleos. En el plano social, el reciclaje dignifica el trabajo de quienes forman parte de la cadena de recuperación.

Hoy más que nunca, la industria tiene ante sí una oportunidad extraordinaria. Si queremos sistemas de reciclaje eficaces, debemos empezar por diseñar productos que puedan reciclarse. Todo lo demás viene después.

Martha Ricardi Velázquez

Martha Ricardi Velázquez

Directora de Estrategia para América Latina de la Asociación de Recicladores de Plástico

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