Colaborador Invitado

México ante el nuevo orden geopolítico: implicaciones estratégicas

El sistema basado en reglas multilaterales relativamente estables está siendo reemplazado por un entorno caracterizado por mayor competencia geopolítica, fragmentación económica y redefinición de alianzas estratégicas.

La economía internacional y el orden geopolítico global atraviesan por la transformación más significativa desde el final de la Segunda Guerra Mundial. El sistema basado en reglas multilaterales relativamente estables está siendo reemplazado por un entorno caracterizado por mayor competencia geopolítica, fragmentación económica y redefinición de alianzas estratégicas.

En este nuevo escenario, las tensiones entre grandes potencias, el uso creciente de instrumentos económicos como herramientas de poder estratégico (una nueva diplomacia transaccional), y la reorganización de las cadenas globales de suministro están modificando las reglas del comercio, de la inversión y la seguridad internacional. En su reciente publicación del reporte de riesgos globales 2026, el Foro Económico Mundial señaló a la confrontación geoeconómica como el riesgo más relevante a nivel internacional para los próximos dos años. La escalada de tensiones en Medio Oriente, particularmente en torno a Irán y su confrontación con Estados Unidos e Israel, ejemplifican lo anterior y refuerza una tendencia más amplia: el creciente peso de la seguridad energética en la geopolítica global.

Para las empresas y los países, comprender esta transformación ya no es un ejercicio teórico, sino una condición indispensable para el diseño de políticas públicas y la toma de decisiones empresariales. El análisis del entorno geopolítico se ha convertido en un elemento central de la estrategia empresarial, de la planeación económica y de la gestión del riesgo.

Dentro de esta transformación, México se encuentra en una posición particularmente relevante. Su integración económica con América del Norte y su cercanía con Estados Unidos colocan a nuestro país en el centro de la reconfiguración económica. Ahora más que antes, la integración comercial con Estados Unidos es irreversible. Con la revisión del T-MEC habrá modificaciones, pero ambos países se necesitan mutuamente, México requiere de Estados Unidos para apoyar su crecimiento económico y Estados Unidos nos necesita para competir con China. El año 2026 puede resultar definitorio para el posicionamiento estratégico de México en la región y en el nuevo orden global. Es un año crucial para consolidar las bases de un modelo de desarrollo basado en un crecimiento económico más elevado, sostenible e inclusivo.

Uno de los cambios más relevantes es la redefinición del hemisferio occidental como una prioridad estratégica para Estados Unidos. En noviembre del año pasado, el gobierno de aquel país publicó su nueva estrategia de seguridad nacional, con un enfoque directo en el control migratorio, el combate a organizaciones criminales, la seguridad de rutas marítimas y el reordenamiento económico para el nearshoring y la protección de cadenas críticas de suministro. Este cambio redefine el marco de la relación bilateral y plantea tanto oportunidades como desafíos para México. Por un lado, la reorganización de cadenas productivas en América del Norte abre nuevas y significativas oportunidades para la inversión y el desarrollo industrial. Por otro, también implica mayores exigencias en materia de seguridad, cooperación institucional y alineamiento estratégico.

Para el sector empresarial, el nuevo entorno geopolítico presenta tanto oportunidades relevantes como riesgos significativos. Habrá nuevas oportunidades de inversión y crecimiento en sectores como manufactura avanzada y de alto valor agregado. Empresas mexicanas bien posicionadas pueden integrarse más profundamente en las cadenas de valor norteamericanas. Sin embargo, esta integración también implica mayores exigencias. Las empresas deberán fortalecer sus sistemas de cumplimiento, gobernanza corporativa, trazabilidad de cadenas de suministro y estándares de sostenibilidad. Otro factor relevante será la creciente vigilancia sobre las reglas de origen, especialmente ante la preocupación estadounidense por la integración indirecta de productos provenientes de China en exportaciones mexicanas.

Sin embargo, aprovechar estas oportunidades requerirá fortalecer elementos fundamentales de la competitividad nacional: certidumbre jurídica, seguridad, fortaleza institucional, infraestructura de calidad, energía suficiente y capital humano.

Para las empresas, la lección es clara: la geopolítica se ha convertido en un factor central en la estrategia empresarial. Las organizaciones que desarrollen capacidades para entender el entorno, anticipar riesgos y ejecutar con disciplina sus estrategias estarán mejor posicionadas para prosperar en el nuevo orden global.

Angel García-Lascuráin Valero

Angel García-Lascuráin Valero

Vicepresidente nacional de Desarrollo Económico de Coparmex

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