Más allá de los acontecimientos y políticas que acaparan los titulares, grandes fuerzas estructurales continúan dando forma a la economía global. América Latina se sitúa en la intersección de estas megafuerzas globales, que incluyen la inteligencia artificial (IA), la transición hacia una economía de bajas emisiones de carbono y la fragmentación geopolítica. La IA, en particular, se ha posicionado como la megafuerza dominante para los inversionistas globales, con implicaciones de largo plazo para el crecimiento del mercado y estimulando inversiones masivas.
El gasto corporativo en infraestructura de IA, desde chips de computadoras hasta centros de datos, es tan masivo que está generando un impacto macroeconómico importante. Las proyecciones de gasto de capital (capex) corporativo en IA oscilan entre 5 y 8 billones de dólares hasta 2030, según el informe “Perspectivas de Inversión 2026” de BlackRock Investment Institute. Si bien la mayor parte de ese capex se localizará en EU, algunos países latinoamericanos también están comenzando a atraer inversiones relevantes en infraestructura de centros de datos.
Solo el año pasado, Microsoft lanzó un nuevo centro de datos en la nube en Chile; Amazon Web Services (AWS) abrió su nuevo centro en la nube en México; y la ciudad de Río de Janeiro anunció planes para construir un campus de centro de datos de IA de 1.8 gigavatios en asociación con el laboratorio de innovación de Alphabet y la empresa brasileña de centros de datos Elea. La firma de bienes raíces comerciales Cushman & Wakefield predice un aumento de casi 60% en la capacidad de centros de datos entregada en América Latina hasta 2030.
CAPTURANDO BENEFICIOS
La implementación de la IA podría resultar ser más rápida y de mayor alcance que las revoluciones tecnológicas pasadas, incluida la invención de la electricidad y la máquina de vapor. Las estimaciones de gasto de capital en IA de 2022 a 2040 sugieren que la contribución de la IA al crecimiento del PIB podría acercarse a la de las computadoras e internet. Aunque persiste la incertidumbre sobre si los ingresos de la IA igualarán esta escala de gasto, el verdadero potencial de la tecnología podría residir en la forma en que crea fuentes de ingresos completamente nuevas en toda la economía.
El auge de la IA es un ejemplo de cómo las economías de América Latina podrían navegar e incluso beneficiarse de las megafuerzas globales. Aunque la inversión en IA aún es relativamente baja en la región, la adopción de la IA por parte de consumidores y empresas es sólida. Se proyecta que el mercado de IA de América Latina crezca de 4,710 millones de dólares en 2024 a 30,200 millones de dólares para 2030, una tasa de crecimiento anual compuesta de casi el 23%, según el análisis de IMARC Group.
En toda la región, están surgiendo casos de uso notables de IA en industrias como la energía, las finanzas, la atención médica y la gestión de la cadena de suministro, con el potencial de generar mejoras en eficiencia y crecimiento de ingresos. En el sector financiero, innovaciones como los modelos de crédito impulsados por IA están transformando la interacción con el cliente y la eficiencia operativa. El marco regulatorio y el apoyo institucional impulsarán la adopción continua, con más de 20 países en América Latina y el Caribe presentando políticas u hojas de ruta nacionales de IA.
IMPULSANDO LOS CENTROS
DE DATOS
La revolución de la IA está afectando el panorama de inversión de la región de otra manera. La capacitación y el despliegue de grandes modelos de lenguaje dependen de insumos masivos de energía y materiales. Como resultado, el crecimiento de la IA, junto con la computación en la nube y la transformación digital, está intensificando la demanda global de recursos. Con su riqueza en recursos energéticos y minerales, América Latina podría desempeñar un papel fundamental en el desarrollo de esta infraestructura habilitadora.
Por ejemplo, la Agencia Internacional de Energía estima que los centros de datos representarán el 1-2% de la demanda global de cobre para 2030. Los países latinoamericanos producen casi la mitad del cobre en bruto del mundo, y Chile y Perú poseen las mayores reservas globales de este mineral crítico. La región también alberga alrededor del 60% de los recursos mundiales de litio, un elemento esencial para el almacenamiento de energía en dispositivos modernos y centros de datos.
La construcción de centros de datos de IA también está ejerciendo una presión creciente sobre los recursos energéticos mundiales, una restricción que podría limitar el impacto positivo de la tecnología. La IA representará el 5% del consumo total de electricidad en América Latina y el Caribe para 2035, según la Organización Latinoamericana y Caribeña de Energía (OLACDE). El aumento de la demanda de energía debido a la expansión de los centros de datos refuerza la necesidad de inversión en sistemas eléctricos, redes e infraestructura de energías renovables.
FUERZAS QUE SE INTERSECAN
Si bien la IA es la megafuerza global dominante en este momento, otros cambios estructurales continúan dirigiendo el rumbo y creando oportunidades tácticas en América Latina. La fragmentación geopolítica está elevando el papel estratégico de México como destino para el nearshoring. La transición hacia una economía de bajas emisiones de carbono podría ofrecer oportunidades para que países como Brasil y Chile lideren en energía renovable. La urbanización está impulsando importantes inversiones en proyectos de infraestructura en Colombia.
Estas fuerzas deben considerarse en conjunto, ya que interactúan de maneras complejas y que se potencian mutuamente. Por ejemplo, las tensiones geopolíticas han estimulado el desarrollo de capacidades de “IA soberana” en países como Brasil y Chile para reducir la dependencia de tecnología extranjera. Otra consecuencia de los cambios geopolíticos es que México se ha convertido en un proveedor principal de alta tecnología para EU, ya que este último busca acercar la producción de semiconductores, vehículos eléctricos y materiales avanzados a su territorio.
Además, la IA podría impulsar una mayor inversión en infraestructura de energía renovable en la región, sumándose al crecimiento de la demanda impulsado por la urbanización y los vehículos eléctricos.
Creemos que las megafuerzas globales seguirán influyendo en los mercados y en las oportunidades de inversión en América Latina en un horizonte de cinco años y más allá. Además, la creciente relevancia de megafuerzas como la IA está reduciendo la eficiencia de una diversificación excesivamente amplia, reforzando la importancia de enfoques selectivos. En este contexto, la gestión activa y el conocimiento local son esenciales para identificar a los ganadores y perdedores.
Al adoptar las megafuerzas, América Latina tiene el potencial de transformar sus desafíos estructurales en motores de crecimiento duradero. La implementación de la IA, junto con otras megafuerzas, tiene el potencial de crear nuevas fuentes de capital e impulsar la demanda de experiencia y recursos locales.
Para los inversores, el reto consistirá en entender cómo estas tendencias se materializan en cada país y sector, gestionando los riesgos inherentes en un entorno en rápida evolución.
