Head of Growth Marketing de bebbia.
La conversación sobre sostenibilidad siempre tiene un elemento en común: el agua como símbolo de responsabilidad ambiental. Reducir el uso de plásticos, evitar garrafones o preferir el agua de la llave son acciones que, en teoría, reflejan un consumo más consciente. Sin embargo, en la práctica existe una pregunta clave: ¿qué ocurre cuando la sostenibilidad parece generar dudas con la seguridad alimentaria?
En México, esto es más común de lo que parece, pues muchas personas desconfían del agua de la llave para beber, pero la usan todos los días para cocinar. Se usa para lavar las verduras, hervir el café, preparar la sopa, o, en otras palabras, se ha convertido en uno de los ingredientes más importantes de nuestra alimentación, aunque rara vez nos detengamos a pensarlo.
Si el agua hierve, queda limpia, ¿cierto? La ciencia hídrica actual sugiere que hervir el agua no necesariamente purifica completamente, pues pueden existir otros contaminantes que se integren al agua durante el proceso de distribución y el problema comienza mucho antes de llegar a la cocina con agua que viaja por infraestructura deficiente y contaminada.
En ese trayecto, el agua actúa como un solvente natural que puede arrastrar residuos de materiales como plomo, cobre o hierro galvanizado presentes en la infraestructura hidráulica; además, a esto se suma otro fenómeno: la sobreexplotación de los acuíferos, pues entre mayor profundidad de extracción, el agua entra con mayor contacto de sedimentos geológicos que contienen minerales como arsénico o fluoruro.
El resultado es una realidad incómoda: la calidad del agua puede variar significativamente entre la planta de tratamiento y el punto donde finalmente se utiliza, considerando que, incluso en el país el agua sufre variaciones de calidad de ciudad en ciudad.
Para garantizar que esta agua, que ya pasó por un proceso largo de contaminación y transporte, sea segura, es necesario que se utilicen elementos como el cloro, esencial para prevenir enfermedades transmitidas por bacterias o virus, lo cual puede generar riesgos importantes para la salud a largo plazo.
Esto no significa que todo el consumo de agua de grifo sea riesgoso, sin embargo, es importante comenzar a plantear alternativas que permitan equilibrar el cuidado del medio ambiente con una mejor salud a través de la comida para la población mexicana. Tal vez el verdadero dilema no sea elegir entre comer de forma segura o ser sostenible, el reto, más bien, es lograr ambas cosas al mismo tiempo.
Porque en el fondo, la sostenibilidad no debería implicar asumir riesgos invisibles en la mesa. Y la seguridad alimentaria empieza, literalmente, en el agua con la que cocinamos.